fedIcaria
Segundas Jornadas Federación Icaria-Aragón >
Cómo sobrevivir a una reforma regresiva y salir más sabios de esta empresa

Fernando Hernández

"En algún lugar del camino, en nombre de la reforma educativa, los diseñadores de las políticas educativas, han confundido estructura con finalidad, medida con realización, medios con fines, sumisión por compromiso, y enseñar con aprender. (…) La innovación exige creatividad, imaginación, autonomía y correr riesgos. (…) La agenda de la reforma debe redirigirse hacia el objetivo esencial de la educación: aprender, aprender a crear, a resolver problemas, a pensar de manera crítica, a desaprender y reaprender, y a preocuparse por los demás y por el entorno

Stoll, Fink y Earl, 2003: 18.

El aprender del profesor como necesidad y estrategia

Mi intervención tratará sobre el aprender del profesor, como necesidad y como estrategia en estos tiempos de mudanza. Como necesidad, porque pienso que quien trata de que otros aprendan ha de ser el primer aprendiz. Como estrategia, porque explorar nuestro propio aprendizaje y aprender de él parece una aventura apasionante en estos tiempos en los se puede optar por "contribuir de algún modo a la eventual reconstrucción de esa cultura (humanista) sobre una base muy distinta" (Berman, 2003: 26). Un Humanismo que, como escribía Edward Said (2003) antes de morir, "quiere decir, ante todo, intentar disolver las esposas mentales (…) para poder pensar de forma histórica y racional y lograr un conocimiento reflexivo. (…) Se apoya en el sentido de la comunidad de intérpretes, otras sociedades y otros períodos: (…) no existe un humanismo aislado. Debemos hablar de injusticia y sufrimiento en un contexto relacionado con la historia, la cultura y la realidad socioeconómica. Nuestro papel es ampliar el ámbito de la discusión".

La reflexión que propongo contrastar con los/las asistentes a las Jornadas la hago tomando como punto de partida el interés que ya manifesté en un artículo publicado en Kikirikí. Cooperación Educativa, (42-43, 120-127, 1996-1997) donde me preguntaba ¿Cómo aprenden los docentes?. Interrogante al que me llevó la realidad de tantos profesores con los que me encontraba que tenían dificultades para aprender, puesto que no podían desaprender. Vuelvo a plantearme ahora esta cuestión como un interrogante a explorar en estas Jornadas, porque considero que el aprendizaje del profesor es fundamental en cualquier tiempo, pero de manera especial en tiempos de una reforma, en muchos aspectos regresiva, como es la que trata de favorecer la LOCE.

Mi posición es que esta Ley se construye en base a una representación del profesor al que se trata de salvar devolviéndolo a un estado del que nunca debió haber salido: el anterior a la LOGSE. Un profesor que se encontraba satisfecho porque enseñaba a alumnos con sus mismas expectativas y que consideraba que no tenía porqué cambiar un manera de enseñar con la que tenía éxito; un profesor al que hay que librar de las referencias psicopedagógicas que le han llovido los últimos años con la LOGSE y recolocarlo en su papel de transmisor de contenidos disciplinares 'concretos' y fácilmente evaluables; un profesor para quien aprender sea, sobre todo, que el alumno repita lo que él o ella ha explicado y después ejercitado en los deberes para casa. Una Ley que considera que si esta relación no se produce es debida a la falta de 'esfuerzo' por parte del alumno, y que nada se dice sobre el cómo el profesor puede promover el aprendizaje del alumno,… y su propio aprendizaje como docente. Una Ley que no tiene en cuenta "la opresión económica, (de) un sistema corporativo que divide a la gente entre un puñado de ganadores y un ejército de perdedores en un campo de juego desigual" (Berman, 2003: 25). Ni considera las fuerzas cambiantes que actúan sobre la escuela y los sujetos pedagógicos (Hargreaves, 2003; Stoll, Fink y Earl, 2004) y que replantean el marco de relaciones (con los saberes, los colegas, los alumnos, la familia, los servicios de la comunidad, las tecnologías de la información y la comunicación, las desigualdades sociales, la democracia y el ejercicio de la ciudadanía,…) en el ejercicio de la función docente.

A estas fuerzas se les puede responder desde dos posiciones. Desde la nostalgia y el mito de que todo tiempo pasada fue mejor (creo que esto es lo que hace la LOCE, y por ello tendrá el apoyo de una parte importante del profesorado de Secundaria, sobre todo de quienes piensan que por fin podrán volver a tener alumnos que sean como ellos, - cuando estos alumnos ya no existen-). O desde el intento que profesores de varios países están realizando, y que tratan de pensar otra escuela en la que el aprender ocupe un lugar fundamental, de manera que todos puedan encontrar su 'lugar' para aprender a dar sentido, a sí mismo y al mundo en el que les toca vivir. Un intento en el que aprender significa lo que indicaba el final de la cita con la que encabezaba este texto, "aprender a crear, a resolver problemas, a pensar de manera crítica, a desaprender y reaprender, y a preocuparse por los demás y por el entorno".

Ya sé que quienes siguen esta intervención tratan de promover que sus alumnos aprendan y que lo hacen de manera responsable y crítica. Pero con la finalidad de aclarar sobre qué trato de reflexionar, permítanme que les cuente una historia. Hace unas semanas asistí a un seminario que tuvo lugar en la Universidad Autónoma de Barcelona con motivo de la concesión del Doctorado Honoris Causa al profesor John Elliot. Al final de una jornada rica en intercambios y en reflexiones críticas sobre la situación actual de la educación en tiempos de conservadurismo político y social, el profesor Elliot, contó la siguiente historia. Un profesor había invitado a los padres y madres de sus alumnos para mostrarles un vídeo sobre la actividad de su clase. Cuando terminó el visionado, el profesor preguntó qué les parecía. Los padres y madres se quedaron callados. El profesor insistió en que tenía interés en conocer su punto de vista. Finalmente una madre comentó: Hemos visto que realiza muchas actividades en el aula. Lo que nos ha permitido ver cómo usted enseña. Pero no hemos podido ver cómo nuestros hijos aprenden. A lo que el profesor respondió: Sus hijos aprenden en casa, cuando hacen los deberes. Respuesta que dejó a los padres, además de atónitos, sumamente preocupados. No es de este aprender el que voy a explorar en esta intervención.

Dos experiencias que sitúan mi decir: entre la esperanza y la duda

Mientras escribo este resumen de la que será mi intervención en las Jornadas, lo hago viviendo una doble experiencia. Por un lado, sigo con interés los primeros días del nuevo gobierno de la Generalitat, que se ha puesto como tarea prioritaria colocar a la educación como eje de su política. Un gobierno que, en palabras de su Consejero de Educación, considera a la LOCE como " una mala normativa que no favorece al sistema educativo y lamina las competencias de la Generalitat", añadiendo que el gobierno catalán "no tiene intención de aplicar ninguna reforma del sistema educativo que tenga carácter regresivo". El mismo día en el que aparecieron estas declaraciones (El País, 30-XII-2003), el comentarista político Josep Ramoneda , escribía un artículo en el que celebraba que el nuevo gobierno catalán asumiera que "la clave está en la educación". Lo que le da pié para perfilar el territorio de esta propuesta desde la consideración de que "la enseñanza abarca un espectro muy amplio: la transmisión de los conocimientos acumulados, la preparación técnica y práctica de los ciudadanos para ocupar un lugar en la sociedad, el conocimiento de las cartas de navegación necesarias para no perderse en la vida real, el reconocimiento de los signos que roturan nuestro entorno, la familiarización con el saber y la cultura. A partir de estos presupuestos, lo demás, la excelencia, la innovación y la creación, se da por añadidura". Esta experiencia me sitúa, en relación con mi decir, en unas coordenadas que me hacen pensar que algunos cambios planteados por la oleada de la LOCE se han de ver atemperados por otras visiones políticas sobre la educación. Aunque, los cambios sociales son de tan magnitud en la actualidad, que tengo múltiples interrogantes sobre las decisiones políticas que se van a llevar a cabo para contrarrestar la oleada reformista de la LOCE. En todo caso, mi posición actual es la de 'esperar y ver' y mientras tanto, tratar de seguir aprendiendo.

La otra experiencia viene determinada por la puesta a punto de un libro, escrito con Juana María Sancho, sobre el clima escolar. Un libro que se basa en una investigación que realizamos para el CIDE, en el que exploramos el proceso de 'manufactura de una crisis en la educación' por parte de los medios de comunicación, sobre todo, de la prensa, y las representaciones que sobre la situación actual de los centros de secundaria hemos detectado en un trabajo de campo con grupos de docentes de cinco comunidades autónomas. Cotejar fuentes escritas y opiniones de docentes nos ha permitido poner en evidencia como se creó un discurso favorable a la urgencia de la LOCE que invalidaba el camino recorrido desde la LOGSE, poniendo especial énfasis en la situación de violencia de los centros y la insatisfacción generalizada del profesorado. Con los docentes que nos han acompañado hemos recogido lo que constituye, favorece y dificulta la creación de un buen clima de centro. De estas conversaciones emerge una interesante agenda sobre cómo afrontar desde la organización de los centros las situaciones cambiantes que todos estamos viviendo. Pero vuelvo a preguntarme, y con ello retomo el hilo de la reflexión que trato de hacer pública en mi intervención, cómo se puede aprender, por ejemplo, actitudes de colaboración y de escucha, cuando se vive instalado en culturas de soledad y en organizaciones archipiélago. Cómo se puede aprender a cambiar las expectativas con respecto a una parte del alumnado, si se ha generado una profecía de fracaso que cada día se auto-cumple. Cómo se puede aprender cómo enseñar a unos los alumnos que, en el supuesto de que vayan a la universidad, se van a encontrar con unas materias que se organizan y planifican en función de su tiempo de aprendizaje y no de las clases que imparte el profesor. Como se puede aprender a no imponer la propia visión (que luego será la que se preguntará en el examen) cuando sobre los fenómenos se construyen visiones múltiples y contrapuestas frente a las que parece importante tener criterio para situarlas y valorarlas.

Les cuento esto porque cuando uno hace público lo que le preocupa y que le invita a aprender, lo hace desde un contexto. Cuando escribo sobre aquello de lo que quiero hablar, me parece importante que quienes me escuchan y van a discutir lo que digo, tengan también presente algunas de las coordenadas en las que transita mi decir. Por eso quiero hacer público que mi reflexión sobre el aprender del profesor (que también lo es sobre mi propio aprender) lo hago entre la esperanza y la duda.

Mi invitación a compartir

En mi contribución voy a compartir algunos supuestos sobre los aprendizajes que podrían hacer los docentes para prepararse para el reto de educar a los jóvenes en el siglo XXI. Ya sé que plantear esto a quienes van a asistir a las Jornadas es un atrevimiento. Sobre todo, porque siempre me he representado a los miembros de este colectivo como interesados por la actualización crítica de su conocimiento disciplinar y por una preocupación constante sobre lo que acontece desde otros campos relacionados con el saber pedagógico. Pero me parece importante hacerlo porque si no colocamos la reflexión sobre nuestro propia aprender como centro de nuestra reflexión difícilmente podremos acercarnos a los sentidos que hoy adquiere promover el aprender de otros y con otros. A lo que les invito, parafraseando una referencia de Stoll, Fink y Earl (2004), no es sólo mostrar a los alumnos que nosotros también somos aprendices, sino a tener la voluntad de implicarnos con profundidad en el estudio de nuestro propio aprendizaje; en la investigación sobre lo que nos motiva e influye, lo que nos dificulta aprender, y en cómo nos sentimos al estar en un proceso de aprendizaje repleto de subidas y bajadas, de sensaciones de logro, pero también de duda e incertidumbre. Algo similar a lo que les pasa a nuestros alumnos.

¿Qué es Fedicaria?
Encuentros. Hª de Fedicaria
Anuario ConCiencia Social
Otras publicaciones fedicarianas
Tablón de Anuncios
Enlaces de interés
Materiales para una didáctica crítica
FEDICARIA 2008
subir