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Notas críticas sobre la renovación pedagógica y las Comunidades de Aprendizaje

Este documento fue preparado expresamente por su autor para el debate sobre las Comunidades de Aprendizaje que tuvo lugar en el Seminario.

NOTAS CRÍTICAS SOBRE LA RENOVACIÓN PEDAGÓGICA Y LAS COMUNIDADES DE APRENDIZAJE.

Juan Mainer
6-junio de 2003

* Pragmatismo, minimalismo, eclecticismo teórico, "descafeinamiento" ideológico…, constituyen trasuntos que contaminan el territorio de los proyectos renovadores. Causa admiración y asombro el romo y parcelado análisis de la realidad (social, económica, política, cultural…) en el que algunos se apoyan para desplegar sus proyectos e iniciativas de reforma y transformación de la escuela. Estremece escuchar intervenciones, como la que escuché a F.Imbernón, con la aquiescencia de M.Fernández-Enguita y algún que otro pedagogo orgánico más, acusando de intelectualismo y de "teoreticismo adobado de citas", los intentos de aproximarse críticamente y con cierta cordura a la realidad de la escuela y al perverso funcionamiento de su gramática (que no es precisamente un asunto baladí). Amparándose en una bobalicona e interesada interpretación del "discurso de la posibilidad", hay una tendencia a negar con pasmosa facilidad el cúmulo de evidencias empíricas que nos aportaron y aportan los estudios de quienes, con un desdén ya acuñado, se les califica de "reproduccionistas" o "nihilistas", inculpándoles, además, del "inmovilismo" dominante.

* Ya nadie habla de la finalidad de la renovación pedagógica ni de su función social… Todo vale, nadie cuestiona a nadie…, es como si una suerte de pacto de no agresión para no ser cuestionados o agredidos, a nuestra vez, se hubiera instalado, a modo de velo y sordina, entre nosostros y la realidad. Así, legitimado todo el mundo para la defensa de su parcela de saber y de poder…, sólo queda dialogar, comunicarse, respetar la "racionalidad" (¿y los intereses?) de cada uno en el convencimiento de que si osáramos romper ese equilibrio, basado en un diálogo que se dice "libre de dominio", aunque en absoluto lo sea, se produciría el caos de la lucha fratricida, del enfrentamiento entre voluntades hermanadas, a priori, por cada vez más vagos referentes emancipatorios…, el triunfo estéril de la "greña jacobina" (expresión esta última que, en repetidas ocasiones, pude escuchar en Madrid al representante y coordinador general del Proyecto Atlántida, como una pesadilla a superar que había lastrado ya suficientemente las buenas prácticas del progresismo pedagógico en este país… -sólo le faltó añadir "cainita"-).

* Hay mucho supuesto sobreentendido en el lenguaje que utilizamos y, sobre todo, mucha apropiación sin matices de un vocabulario que se me antoja cada vez más vacío: lo crítico, lo progresista, lo transformador…, y, ahora, las "buenas prácticas". Empero, nadie retrata con claridad su pensamiento, ni se atreve a situar su interés. La escuela a este respecto es una buena coartada: sirve a todo el mundo como marco y como excusa; la cuestión es "arreglarla"; tanto da trabajar en el mejoramiento de la "práctica" de la clase de matemáticas enseñando de manera "progresista" la multiplicación con decimales, la lista de los infantes de España o la caza de gamusinos… Ni siquiera se habla, cuando se desciende a estos niveles, de las políticas educativas o de las leyes que las sustentan, LOCE o LOGSE, ¡qué más da! -me viene a la memoria en este momento ese latiguillo pedagógico-esencialista según el cual el profe en su aula es como dios, ominpotente y dueño de sí…- En efecto, el marco de las políticas y de las leyes parece resultar irrelevante, bien entendido, eso sí, que con la LOGSE, supuestamente, era todo más fácil…; en todo caso bastaría con recuperar la "ilusión" de los docentes para estar ya en condiciones de poder hablar de "buenas prácticas innovadoras". El qué hacer leninista ha trocado en el "hacer" sin más, lo que sea, "merendándose" el para qué y, no digamos, la reflexión acerca de dónde estamos y desde qué presupuestos, postulados o principios actuamos. ¡Viva la debilidad de pensamiento!

* La autocrítica, la dialéctica negativa, la práctica de la sospecha…, la consideración de nuestro pensar y de nuestro hacer como inseparable parcela de la institución y del sistema escolar que, por otra parte, impugnamos…, -la reflexividad, en suma- brillan por su ausencia. El verbo dominante navega en las cálidas y protectoras aguas de la autocomplacencia y de la buena voluntad transformadora. Una máxima: la crítica se ejerce únicamente contra el sistema y contra los docentes que se acomodan a él y sólo de cuando en cuando; cuando conviene. A nadie parece preocuparle indagar en las patológicas adherencias ideológicas que transitan muchos de los proyectos y propuestas de renovación pedagógica que se postulan progresistas y críticos: cuánto hay de pragmatismo, de tecnicismo, de culturalismo, de esencialismo…, de toyotismo, en muchas de éllas. Al igual que en el pasado aconteciera con la Escuela Nueva…, a la que permanentemente se alude y trata de emular, reconociendo en ella, con una acrítica y ya pestilente nostalgia, todas las bondades, parece como si no quisiéramos enterarnos de que, una de las razones del reiterado "ir y venir a ninguna parte" de la renovación pedagógica estriba en considerar a ésta como un ente social dotado de autonomía e independiencia respecto de los proyectos e intereses de clase que en cada momento pugnan por dominar el espacio social y escolar. Aquel ideal positivista de construir una ciencia de la educación capaz de redimir a la humanidad que se alojaba en los proyectos de los reformadores de la "edad de oro" de la pedagogía española, reaparace remozada, reinventada y realimentada por doquier por quienes se siguen "ilusionando" hoy con los discursos del éxito para todos, de la calidad, de la eficacia, de la igualdad de oportunidades…

* La confusión entre la ilusión y el deseo proviene de un rampante idealismo historicista que anida en la estrecha mentalidad del innovador pedagógico profesionalizado. De ahí que el potente postulado fedicariano acerca de que toda transformación radical de la escuela debe partir de su propia negación, de la impugnación de todos los códigos que han dado sentido y conformado el habitus profesional-pedagógico -incluido el de los supuestamente innovadores-, sea tan ajena y extraña a este permanente estado de autocomplacencia onfaloscópica en el que a menudo nos instalamos todos. Admitámoslo como primera providencia.

* Algunas consideraciones sobre el proyecto de Comunidades de Aprendizaje (CA):
+ La indigencia teórica. La relación con la teoría es meramente utilitaria y fragmentaria -nada que ver con el dictum de la "caja de herramientas"…-, en la línea ortodoxa del pensamiento postmoderno tan dado a la cita interesada y al cultivo del slogan. Esta "cultura del lema" (tan jesuítica, por otra parte; tan eclesiástica al fin…) establece falsos consensos en torno a supuestas verdades lógicas, de perogrullo, de sentido común que cumplen la función de cohesionar al grupo con cierta facilidad y eficacia, disolviendo las contradicciones y enmascarando la lucha de clases e intereses; es la última frontera del pragmatismo. Por ejemplo: "Hagamos todo lo que no está prohibido".
+ La crítica y la autocrítica se disuelven en el viscoso océano de las buenas voluntades… "Lo poco puede ser mucho". La salvación del individuo (del maestro, del alumno, de su entorno familiar…) justifica y legitima la validez de cualquier esfuerzo por pequeño que éste sea…, y, de paso, valida la eficacia y el éxito del conjunto del proyecto. Al menos se "hace" algo, se sale de la atonía, aunque sea asistir a una reunión, leerse un artículo, hablar sobre "lo que nos pasa", votar a favor de un proyecto que nos implica relativamente en un proceso bien pautado por expertos externos en los que, con mayor o menor grado de confianza o "ilusión", abandonaremos el devenir de nuestro bien poco entusiástico sentido de la profesionalidad.
+ Produce una profunda y patógena alteración del impulso renovador o transformador. Hasta ahora se había dicho que las únicas innovaciones pedagógicas con futuro en las instituciones escolares -que tampoco…- eran las que acontecían desde abajo; las CA se venden, con estrategias de marketing bien urdidas -¿qué son si no las fases de presentación, catarsis, sueño y no sé qué más mandangas…, o las puestas en escena del "pope" Flecha, cañón de vídeo en ristre, conectando por aquí y por allá con todas las webs del mundo mundial?-, como un precipitado científico garantizado, siempre que se observen sus prescripciones, dispuesto para transformar la escuela y su entorno. No se puede ofertar más…, por tampoco. A cambio se nos pide un pequeño ejercicio de confianza e "ilusión" individuales (recuérdese que también la fe y la esperanza son virtudes cardinales que los hechiceros, desde sus altares, tienen a bien recordarnos en los peores momentos de nuestra ruin existencia humana…), merced al cual se nos asegura, entre otras cosas, mayor grado de satisfacción con nuestro trabajo; otro slogan: de la cultura de la queja a la cultura de la acción. En el fondo es como acudir al psiquiatra, o al confesor: corre el riesgo de acabar haciéndose imprescindible en nuestras vidas. ¡Viva la autonomía!
+ Las CA, desde la lógica de una ingeniería social de escasos vuelos, por archiconocida, que encarna sin reparos una concepción idealista y naturalista de la educación que arranca de Sócrates para reubicarse en el universo de los valores burgueses con Rousseau y Pestalozzi…, sustentan una suerte de prácticas fragmentarias abandonando de antemano importantes campos a su suerte. En este sentido, en el debe de la cuenta de las CA habría que anotar muchos conceptos, por ejemplo:
- El olvido, casi un verdadero agujero negro, de que la escuela produce y reproduce un conocimiento y una cultura que no están en absoluto libres de condicionamientos sociales: un asunto que les conduce a pasar por alto la importancia del núcleo duro de la escuela: el currículum y la didáctica. Lo importante es aprender a obtener información…, y de ahí la idolatrización de los medios y en especial de las NTI. ¿A dónde conduce esta fascinación por los medios, cuando ya alguien nos recordó que el medio es el mensaje…?
- La ambigua actitud ante la administración educativa: una mezcla de (mutuo) aprovechamiento, coqueteo y servilismo. De ahí el desinterés de las CA hacia los temas de "política educativa".
- La pueril apuesta por el derecho a la excelencia de los más débiles y necesitados socialmente, trasunto inequívoco también de las escuelas del Padre Manjón y, aun antes, de las Escuelas Pías…, por traer a colación dos referencias -adalides ambas, en especial la primera, de un potente movimiento de renovación pedagógica a menudo olvidado-, oculta con dificultad un postulado subyacente: la escuela debe adaptarse a las circunstancias sociales dominantes, aprovecharse de ellas, convertirse en un mecanismo de integración eficaz "por arriba". ¡Qué más da que sea pública o privada! Éste, se nos dice, es un debate y una polarización felizmente superado en las sociedades abiertas…, en la sociedad de redes…, acaso como el de la izquierda y la derecha o la lucha de clases.
Las CA disponen de una teoría a la altura de la práctica que dicen realizar: una sencilla justificación y racionalización empirista e idealista de la práctica, como recuerdo postulaba C.Lerena al referirse a la ILE de Giner: "la práctica educativa -escribía Lerena en Escuela, ideología y clases sociales, pág., 199- no es una práctica autónoma y cuando los educadores creen estar eligiendo el modo de hombre más próximo al hombre natural o universal, o a lo que debe ser el hombre, lo sepan o no, lo que están haciendo es recoger y racionalizar los dictados de una sociedad concreta, cuya estructura de clases necesita, para conservarse determinados tipos o modelos humanos (…) la educación tiene que ser tal que produzca, por ejemplo, obreros, contables, campesinos, abogados, que se identifiquen con su respectivo papel y que encarnen su correspondiente mentalidad, esto es, que tengan a punto la respectiva respuesta adecuada, que sepan en todo momento comportarse en los planos económico, político y de la cultura como manda su posición social."
Habrá quien me pueda acusar de tramposo y de faltar a la verdad por imputar tamaño y grosero "reproduccionismo" a las CA; puede ser. Sólo les invitaría a contestarse algunas preguntas: ¿qué "producto" pretenden las CA y qué instrumentos y medios planifican para obtenerlo, qué coherencia existe entre ambas cosas?, ¿qué hay de cierto y qué de tramposo en la idea (o "ilusión") de que la escuela, las NTI, la fe en el voluntariado social…, puedan, por sí mismas. redimir a los grupos más desfavorecidos…, que los mismos valores, el mismo concepto de cultura, el mismo modelo de escuela parcialmente remozado…, que históricamente colaboraron a hundirles en el fango como género, clase y etnia marginadas…, pueda reintegrar, reinsertar, rescatar, convertir en colectividades socialmente útiles a quienes tuvieron la mala fortuna de emigrar o de residir en un suburbio…?

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