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Isabel
Mainer Baqué
Como un postulado matemático,
tan evidente que no necesita demostración, podemos pensar que
uno de los fundamentos del "código disciplinar" de
Historia es incorporar (para transferirlos mediante los discursos
y prácticas correspondientes) aquellos conocimientos acumulados
socialmente que permitan "sabernos nosotros" (por
oposición a la otredad). Se construye así la Historia como seña
de identidad, no sólo nacional sino de clase, género y etnia,
de la cultura dominante. Pero, en este punto se abren dos interrogantes,
cuyas respuestas nos pueden permitir avanzar:
1) ¿Tiene sentido
reclamar que la disciplina escolar incorpore algunos nuevos
enfoques, investigaciones y otras miradas de la ciencia social
de referencia, cuando estas novedades cuestionan elementos identificativos
del "nosotros"? ¿Estamos ante una de las razones del
desfase entre el conocimiento científico y la disciplina escolar;
porque ésta se corresponde con un conocimiento oficial -a partir
del capital cultural acumulado- que lo legitima? ¿Una consecuencia
desde una educación emancipatoria es impugnar las disciplinas?
2) ¿Qué ocurre
con la diversidad (género, clase, etnia...) en las aulas ante
el "nosotros" que traduce la disciplina? ¿Pone en
evidencia que primero se construye un sujeto -dominado- para
justificar una posterior lucha emancipatoria? porque ¿cómo se
puede identificar (construirse su identidad) un adolescente
magrebí con la Historia de España, una chica con una Historia
androcéntrica...? ¿Desde una igualdad basada en la diferencia,
que supone la reconstrucción de una identidad múltiple y mestiza,
se deben impugnar las disciplinas?
Vamos con el primer interrogante:
Evidentemente la lógica de la ciencia
social no es la misma que la de la disciplina escolar. La ciencia
social "nace" contextualizada y tiene en cuenta (reconoce)
los intereses de la persona investigadora y su presente; sin
embargo la disciplina escolar, que se presenta como una recopilación
de saberes de forma falsamente objetiva y naturalizada, se recontextualiza
-en la escuela-.
a) Un repaso a los libros de texto.
La realidad es que "avances"
historiográficos como una historia social (verdaderamente desde
abajo), una historia de las mujeres, la nueva historia de la
ciencia, el ecofeminismo o planteamientos históricos de género,
etc. no han tenido en la disciplina historia -su cara más visible
son los libros de texto más que una presencia marginal; han
supuesto un retoque, un añadido que no ha transformado la sintaxis
de la narración. A los libros de texto de Historia de finales
de los años setenta -no retrocedo más en el tiempo por dejar
al margen las "peculiaridades" que proporciona el
franquismo en España- se han incorporado, casi siempre descontextualizados
del discurso histórico general, una serie de "temas"
como las mujeres, la vida cotidiana, el "tratamiento"
de fuentes o el trabajo con "procedimientos". La incorporación
de "la sociedad", '1a economía", "la cultura"
ya se había iniciado en esa época: en forma de capítulos sucesivos
que "completaban" la visión de un reinado, de un siglo
o de un periodo delimitado y caracterizado por algún hecho trascendental.
De esta forma los libros iban construyendo una serie de lecciones
-y, a veces, de anexos- que desde la implantación de la LOGSE
pasaron a denominarse -sin demasiadas diferencias- unidades
didácticas.
Quede como último exponente el hecho de
que la propia estructura de los libros de textos viene a legitimar
haciendo incuestionable -natural, objetivo, científico...- todo
lo que incluye. ¿Cuántas preguntas -interrogantes- se abren
en estos libros fuera de aquellas que se dirigen al alumnado
y cuya respuesta -para más inri - está en el propio libro: "1a
autoridad", fuente de la sabiduría?
b) Un repaso a las prácticas en las clases de historia.
La primera evidencia es que el libro de
texto no "hace la clase"; pero cuando la tradición
y las rutinas profesionales indican que muchas veces el profesorado
"prepara" sus clases con libros de texto (de otras
editoriales) y, a veces, son estos otros los que "da en
apuntes" a sus estudiantes, o cuando sabemos que el alumnado
-con conocimiento de causa- "se aferra al manual"
para aprobar... llegamos a una conclusión: lo que encontremos
en el muestreo de libros de texto de historia será bastante
significativo para conocer qué se enseña en las aulas. Dicho
esto, tampoco hay que olvidar que lo que se enseña no coincide
necesaria ni esencialmente con lo que se aprende...
El proceso de recontextualización escolar
de las disciplinas deja al descubierto las diferencias con el
desarrollo de la ciencia y es clave de lo "ajena"
que puede resultar, la disciplina, a sus "usuarios".
Cuando ponemos a la disciplina historia como objeto de aprendizaje
se subvierte el sentido que tiene la historia para quien la
investiga y las enseñanzas que puede aportar a quien se acerca
-al margen de la escuela- a conocerla. La historia busca explicar
cómo los humanos, las sociedades, resuelven (o re-crean) en
el tiempo los problemas sociales, lo que lleva a entender las
ligaduras entre diferentes corrientes de la ciencia histórica
en cada momento con los diversos proyectos de sociedad (es decir,
las estrechas relaciones entre teoría de las ciencias sociales
y sociedad proyectada al futuro). He aquí el interés formativo-emancipador
de la historia entendida como tarea colectiva de reconstruir
una visión del pasado que pueda utilizarse como fundamentación
de un nuevo proyecto (para el presente) de futuro. Sin embargo,
la disciplina se ha construido como un relato cronológico en
el que: 1) no son significativos los problemas sociales de referencia,
sino una serie de sucesos -ordenados cronológicamente- a los
que se "suman", en el mejor de los casos, procesos,
sujetos individuales y colectivos, estructuras... en una sucesión
interrumpida de cambios y permanencias; 2) la proyección de
futuro, que en ningún caso se explicita queda manifiestamente
"sometida" a una evolución del presente: el progreso,
entendido como perfeccionamiento derivado de una narración cronológica,
hace superfluo (en realidad, es contrario a) plantearse alternativas...
Por eso, desde la disciplina, si el profesorado
enfatiza en clase sobre la causalidad múltiple, como lo está
refiriendo a algún proceso histórico concreto, esta enseñanza
se traduce para el alumnado en el aprendizaje (memorización)
de una serie de "cuestiones", "causas",
"consecuencias". Se desvirtúa el sentido histórico,
porque estas enseñanzas poco tienen que ver con el presente
(no tienen en él su origen y razón de ser) ni con los problemas
sociales-vitales del sujeto en cuestión. Otro ejemplo puede
ser la difícil articulación de tiempos largos y cortos dentro
del código disciplinar, frente a la necesaria utilización de
ambos (formalizaciones más abstractas y instantáneas más cotidianas)
para una explicación genealógica de los conflictos. En la concepción
disciplinar -y así puede verse en los libros de texto- no se
pone de manifiesto la interacción entre "tiempos":
a la explicación de un "período", le acompaña, de
manera bastante anecdótica y en un anexo, la vida cotidiana.
Pero hay otro aspecto a considerar en
relación al actual código disciplinar de historia y es la dificultad
extrema de plantearse un aprendizaje de tipo cooperativo -de
interés en una educación emancipatoria y crltica- desde unos
"temas" que sólo conocen los expertos y que la autoridad
de los libros de texto recogen. ¿Cómo se puede integrar la experiencia
vital/social del alumnado para crecer desde ella? Ni siquiera
parece posible para el profesorado conservar el suficiente grado
de autonomía ya que el código disciplinar le impone una total
dependencia de los expertos sean psicopedagogos o historiadores
y didactas.
En conjunto podríamos decir que, ya que
la finalidad de la educción crítica y emancipatoria es una alfabetización
cultural critica y una ilustración racional de las conciencias,
no parece posible que desde la propia disciplina se puedan cuestionar
los valores (dominantes) desde los que se construyó el conocimiento
oficial (socialmente construido) que es una disciplina.
Recordemos el segundo interrogante que
nos hacíamos al principio de estas líneas:
2) ¿Qué ocurre
con la diversidad (género, clase, etnia...) en las aulas ante
el "nosotros" que traduce la disciplina? ¿Pone en
evidencia que primero se construye un sujeto -dominado- para
justificar una posterior lucha emancipatoria? porque ¿cómo se
puede identificar (construirse su identidad) un adolescente
magrebí con la Historia de España, una chica con una Historia
androcéntrica...? ¿Desde una igualdad basada en la diferencia,
que supone la reconstrucción de una identidad múltiple y mestiza,
se deben impugnar las disciplinas?
Va quedando bastante claro que ese sujeto
("nosotros") que hay detrás del código disciplinar
histórico tiene edad, género, clase y etnia, identidades cimentadas
en una distribución asimétrica del poder. Si la ley en general,
el código disciplinar en la escuela, están contribuyendo a construir
identidades bifrontes: opresoras y oprimidas, parece oportuno
-aunque sólo sea de forna estratégica- recurrir a políticas
identitarias para subvertir la opresión. No estoy segura de
si los sujetos oprimidos son preexistentes a un código donde
no están amparados o si es dicho código el que en definitiva
los construye; pero sí parece oportuno desvelar cómo colaboran
los discursos, prácticas, conocimientos y textos del código
disciplinar a esa distribución asimétrica del poder para las
clases, los géneros y las etnias.
En congruencia con las reflexiones anteriores
una manera de proceder, si optamos por construir una propuesta
educativa de carácter emancipatorio y transformador, es propiciar
el análisis de los problemas y conflictos sociales desde del
punto de vista del oprimido. El feminismo propone el feminist
stand point : una teoría que resalta el interés por indagar
sobre los detonantes e implicaciones de poder desde las propias
experiencias de las mujeres, es decir, con la perspectiva particular
de un grupo dominado. Y parece evidente que, al hacer el análisis
desde el "punto de vista" o la perspectiva del dominado,
se obtiene un conocimiento moralmente mejor, pero también más
complejo. Primero, porque se reconoce la existencia de visiones
contrapuestas generadas por la vida material y el grupo oprimido
se concibe como coprotagonista (mujeres, niños, pobres o inmigrantes
ya no son únicamente víctimas sometidas) de unas relaciones
donde están presentes los dominantes y los dominados. Y, segundo,
porque la visión de los oprimidos posee un gran potencial: su
posición subalterna les hace estar doblemente atentos, a su
propia perspectiva y a la del grupo dominante.
Además una opción educativa crltica debe
hacer una aproximación racional a valores emancipatorios, lo
que impone un trabajo con las dimensiones emocionales y afectivas
del sujeto y no sólo las intelectuales. El "aprender en
propia piel" enlaza perfectamente con un planteamientos
de análisis que se aborde desde los mismos conflictos y repele
claramente de los estudios disciplinares de ciencias sociales
(¿se puede sentir empatía ante protagonistas de "sucesos
acaecidos"... o ante los de procesos de resolución de conflictos?).
Sin olvidar que la realidad que vive el alumnado en sus relaciones
familiares, entre pares, con los medios de comunicación, etc.
se inscribe fácilmente en los parámetros de "problemas
sociales actuales" de edad, género, clase, etnia... pero,
lo primero, es que él mismo sea consciente de cuáles son sus
problemas y, eso exige, que tenga voz (y haya diálogo).
En definitiva, desvelar para poder construir
unas identidades más libres y un mundo más justo se traduce
en propuestas de enseñar-educar desde la problematización
del presente, que lo concibe discontinuo, complejo y contradictorio
y buscar las raíces de los conflictos. Las contradicciones abren,
así, un puente entre la realidad (cuestionada, problematizada)
y el deseo (de valores alternativos, esforzado y variado) que se debe educar
partiendo de las propias experiencias personales-sociales y
que se descubre desde la perspectiva de diferentes grupos dominados
(estrategias identificativas de los oprimidos); perspectivas
que permitirán precisamente superar esas identidades contrapuestas
y la construcción personal de una más compleja y menos excluyente.
Buscar las raíces, por otra parte, exige pensar históricamente, porque la explicación
relevante de los problemas sociales ha de ser de carácter histórico:
una explicación genealógica de los conflictos resultantes que
ponga en evidencia la dialéctica entre estructuras y acciones
individuales, entre permanencia y cambio... Estos planteamientos
educativos exigen una actitud comunicativa, el
diálogo, entendido desde una perspectiva de simetría de
poder (acción comunicativa) entre docentes y discentes y entre
ellos mismos.
Pero, llegados a este punto, no podemos
concluir sin detenernos en la critica de la crítica: ¿Dónde
están los límites?
3) ¿Tienen
sentido los libros de texto escritos desde problemas sociales?
¿Corremos siempre el riesgo de convertir cualquier tipo de contenidos,
temas, en "disciplina"? ¿Se exigen cambios organizativos
en la escuela? ¿también de manera de concebir e'ercer la rofesión
docente? .
No es fácil responder con propuestas, pero sí se pueden hacer tres
puntualizaciones:
a) El sustituir la/s disciplina/s como
objeto del conocimiento escolar por el tratamiento de diferentes
problemas sociales exige reconsiderar muchos instrumentos y
dinámicas tradicionales en el aula (en el centro, en las prácticas
profesionales y en la formación del profesorado, aunque ahora
no sea el momento). Para empezar, el libro de texto; porque
casa mal el tratamiento de problemas sociales relevantes con
un (manual) referente único: aquí también el medio es el mensaje!.
Sería imprescindible articular una gama variada de recursos,
que, incluso, "salieran" del aula. La utilización
de recursos cercanos, de medios de comunicación, de cuestiones
"vivas" de la realidad (global y local) entre las
que se incluyen los libros (pero en plural) tendrían un doble
sentido. Por una parte harían realidad la imprescindible implicación
social y familiar en la educación escolar; y por otra, quizás,
se consiguiera que la escuela sirviera para la vida... si tenía
sus referentes en la "vida real".
b) Los "problemas sociales"
como instrumento de conocimiento social incluso en el peor de
los casos, cuando se convierten en libro de texto propician
otro lenguaje. Podríamos definirlo como un lenguaje "más
inseguro" que carece de tanta certeza como da "la
objetividad científica" de que hacen gala los manuales
(de las disciplinas); propicia un lenguaje que se acomoda a
vivir con las dudas y los problemas... y ofrece así mayores
posibilidades de plantearse el diálogo y el consenso. Se me
ocurre relacionarlo con un "lenguaje de mujer" (Sandra
Lee Bartky y la pedagogía de la vergüenza) que algunos teóricos
del conflicto están promocionando por su utilidad para llegar
a una resolución pacifica mediante consenso (Cuadernos de Pedagogía,
enero 2000?).
c) Otro límite de los cambios propuestos
está en la misma resistencia que generan en el profesorado este
tipo de materiales (en forma de libro publicado o con otros
formatos); aunque habría dos aspectos a considerar: 1) puede
demostrar que realmente generan cambios efectivos y 2) el apego
a los libros de texto como a otras rutinas es real (y un exponente
de la alienación del trabajo docente) u obedece a una falsa
conciencia, que se ha interiorizado, de depender de un manual
de expertos y no se es consciente de cómo se recontextualiza
todo tipo de material (incluso los manuales).
En resumidas cuentas, parece claro que
las respuestas emancipatorias, que puede ofrecer el profesorado,
se concretan en términos de clase, etnia y género y exigen que
el docente reintelectualice su trabajo (al estilo
gramsciano que reconoce en toda persona la capacidad de hacerla)
sacando a la luz la dimensión política y ética
que caracteriza la educación y asumiendo las interrelaciones
que tiene su trabajo con otros movimientos sociales (en
razón de clase, género, etnia...). Posiblemente así renunciaría
a la tentación corporativa que acecha hoy día al profesorado
y a la que ha contribuido el neoliberalismo imperante. Este
tipo de profesionalización haría a los docentes más sensibles
a las "verdaderas" necesidades culturales y sociales
de la futura ciudadanía y menos proclives a mantener la oposición
escuela-familias, quienes -fruto también de su tiempo- han aceptado
que democracia se reduce a la elección de centro.
Por último, quiere mencionar en referencia
al último punto (c) y a partir de una perspectiva de género
que proponen algunos colectivos feministas, la intelectualización
del trabajo docente reivindicando saber que se sabe ejercitar
un pensamiento propio ( en este caso femenino). La pedagogía
de la diferencia parte de considerar falso que exista un pensamiento
neutro y universal y reivindican el ejercicio del conocimiento
desde la propia experiencia (que siempre es sexuada) de las
maestras. Así, han construido un nuevo modelo pedagógico y de
maestra, partiendo de interpretar la escuela actual, dentro
del orden patriarcal, como un modelo pensado y actuado para
los hombres. Desde la crisis en que se encuentra la escuela
proponen su alternativa: pensar desde la identidad femenina
que está en y forma parte del mundo y de la realidad (sin confundirse
e identificarse en ella, pero tampoco negándola ilusamente)
para secundar su cambio; es decir, parte de sí (de la experiencia
humana sexuada), apuesta por un saber que sabe nacido en la
escuela y no exterior (por ejemplo de expertos) con el fin de
propiciar una civilización más alta en relaciones y más acorde
con los propios deseos. (MAÑERU, A., 1998). Este es el caso
de diferentes experiencias que constituyen el libro editado
por A Mª Piussi y L Bianchi (PIUSSI y BIANCHI, ed., 1996).
NUEVAS CUESTIONES EN
TORNO A LA DISCIPLINA ESCOLAR Y EL CóDIGO DISCIPLINAR (LA HISTORIA).
2ª parte.
Isabel Mainer
Baqué
No hace mucho leía, bajo el sugestivo
título: "¿Seguir en la estupidez? Resitencias estudiantiles
al currículum liberador"
, las dificultades que tenía su autora para "escribir
ciencia de otra manera" y añadía: "la sensación más
aguda que tengo al escribir este capítulo es la de las múltiples
y diferentes direcciones que podría haber emprendido. El abismo
entre la totalidad de las expresiones posibles y la finitud
de lo que en realidad se escribe o habla". Aunque parezca
pretencioso utilizar esta entradilla, se ajusta bien a la sensación
que he tenido al escribir estas líneas. Ante un torbellino de
ideas que me bullían, era preciso idear una estructura y sistematizar
las ideas con el resultado de que, al final, el escrito no sé
si transmite la compleja visión del asunto que entreveía al
principio.
En primer lugar unas aclaraciones (posiblemente
innecesarias) sobre la evaluación y sobre la existencia de normas-no-escritas-de-obligado-cumplimiento
del código disciplinar y escolar. El problema que ocasiona la
evaluación escolar en la naturaleza del proceso enseñanza-aprendizaje,
no es -me parece- tanto por clasificar (que también), como porque
evaluación se entiende como "repetición" -más o menos
digerida- de un conocimiento ya (y por otros) construido. Y
debemos recordar sobre las normas no escritas, una cuestión:
muchas de estas normas, son contradictorias e, incluso, opuestas
a las explícitas; pero precisamente este hecho posibilita que
el código "funcione". Siguiendo la metáfora de Jesús
Angel sobre el código de circulación: cualquiera sabe que permite
llegar a los sitios, y no sólo circular, porque uno-a se puede
parar en doble fila o en lugares prohibidos... De no ser así,
se circularía, pero pocas veces alcanzaríamos una meta (no podríamos
parar). Esto me recuerda que no se pueden perder de vista los
estudios micra y etnológicos, que completan los macros y teóricos...
Posiblemente desde ese tipo de estudios entenderíamos que hay,
creo, mucho miedo a la libertad tanto en el profesorado como
en el alumnado. ¿Cómo se da seguridad? ¿consistiría en algo
parecido a 'educar el deseo de libertad?
Sin más preámbulos, vaya tratar de, como
quedamos, desarrollar más algunas ideas del documento anterior
procurando dar respuesta a alguno de los interrogantes abiertos,
haciendo explícitas las relaciones que veo con los otros dos
documentos, e intentando -en la medida de 10 posible- llegar
a concretar propuestas i (referidas a la impugnación de la disciplina
y la alternativa de abordar el tratamiento de problemas sociales).
Pensar históricamente, como dice Jesús Angel, supone, además de explicar procesos, hechos
o fenómenos sociales, ser capaz de entender que todos ellos
se interpretan a la luz de teorías (que se retroalimentan con
los hechos y datos) y desde una determinada mirada del presente-futuro
de quien escribe la historia.
(La
historia busca explicar cómo los humanos, las sociedades, resuelven
(o recrean) en el tiempo los problemas sociales, lo que lleva
a entender las ligaduras entre diferentes corrientes de la ciencia
histórica en cada momento con los diversos proyectos de sociedad
(es decir, las estrechas relaciones entre teorfa de las ciencias
sociales y sociedad proyectada al futuro): Decía en el documento
anterior).
Ahora bien, enseñar esto exige hacerla
evidente y, en cierta forma, practicarlo; por supuesto que no
estoy hablando de un "taller de historia" al estilo
Historia 13-16, me refiero a que no sólo no debemos ocultar
al alumnado que la historia es "interpretación", sino
que debemos "mostrarla": cuestiones impensables dentro
de una enseñanza disciplinar de la historia en la escuela. Si
no les privamos de conocer varias interpretaciones (como reclama
Jesús Angel), haremos más consciente e interesante la relación
entre presente-pasada-futuro, abriremos brechas ante el historicismo
reinante y promocionaremos una ciencia con conciencia, no dogmática,
contribuyendo también a desacralizar el saber científico (dejará
de entenderse como forma de descubrir la verdad, para entenderlo
como aportaciones sucesivas y complementarias a visiones más
complejas). Y, por supuesto, se contribuye a problematizar el presente, porque sólo
desde la duda, desde el conflicto de un presente que busca construir
un futuro, tiene interés re-conocerse en el pasado.
Propuesta 1: "unos datos, varias miradas.
que, además, está en relación
con cuestiones de género...
Es posible utilizar fuentes-materiales
que desde perspectivas diferentes y
en distintos momentos interpreten la "historia de
sumisión" de las mujeres. Los datos pueden ser los mismos,
las miradas muy diferentes. (Se trata de dar claves para enseñar
a mirar, para que puedan desentrañar intereses, parcialidad,
dominación...)
* 1) En relación con un "presente
patriarcal": el silencio, casi la negación, de su existencia
y la justificación de que los papeles sociales distintos y claramente
jerarquizados vienen dados por la "naturaleza biológica"
de los sexos. El resultado: la ausencia de mujeres en la Historia
parece reflejar una historia sin mujeres.
* 2) Desde perspectivas feministas ("revolución"
centrada en el siglo XX, pero paralela a la implantación del
liberalismo) se vindicaba la igualdad de los seres humanos sacando
a la luz la existencia, la presencia y la contribución de las
mujeres en una sociedad de la que forman parte y de la que eran
(fueron y son) injustamente excluidas al no reconocerles sus
derechos. Alguno de los hitos en el campo del relato histórico
son: "presencia" de 1o femenino en el lenguaje, la
historia, el arte..., reconceptualización de la economía (productiva
y reproductiva) o del sufragio universal (masculino). etc.
* 3) Una nueva generación del feminismo
(de la diferencia) se hace consciente de que el reconocimiento
legal de la igualdad no destruye la discriminación y se cuestiona
la "igualdad... (a los hombres)". Básicamente, porque
esta reivindicación de derechos (como miembros iguales) supone,
en el fondo, reconocer que el paradigma -la unidad de medida-
es 1o masculino; por el contrario, se plantea un reconocimiento
de la identidad femenina, es decir la mujer como sujeto. Paralelamente
se asume que una posición de extrañamiento respecto a los focos
institucionales de transmisión cultural le han permitido construir
una identidad diferente desde la que defender su emancipación
que puede conseguir sin necesidad de asumir el modelo masculino.
A las feministas les preocupa su emancipación;
pero a muchas (y muchos) también la transformación social cuestión
que me parece muy interesante para aprovechar en la educación
crítica: el reconocimiento de ciertos "valores" propios
(¿contrahegemónicos?) que la mujer (o mejor las mujeres) han
construido o reconstruido desde las relaciones de género en
la historia y, no de forma biológica y ligada al sexo. Esto
me sirve para explicar mejor algún párrafo del documento anterior:
(Y parece evidente que, al hacer el análisis
desde el "punto de vista" o la perspectiva del dominado,
se obtiene un conocimiento moralmente mejor, pero también más
complejo. Primero, porque se reconoce la existencia de visiones
contrapuestas generadas por la vida material y el grupo oprimido
se concibe como coprotagonista (mujeres, niños, pobres o inmigrantes
ya no son únicamente Víctimas sometidas) de unas relaciones
donde están presentes los dominantes y los dominados. 1'; segundo,
porque la visión de los oprimidos posee un gran potencial: su
posición subalterna les hace estar doblemente atentos, a su
propia perspectiva y a la del grupo dominante).
No se trata de revalorizar la moral del
esclavo, que de por sí es reprobable y no tiene nada de positivo;
se trata de resaltar que -como las clases- los grupos, el género,
se construye en las relaciones, en su dinámica y dialéctica.
Utilizar la mirada de las dominadas, el enfoque de las relaciones
de género, para abordar el tratamiento de los problemas sociales
es además la oportunidad de desvelar esos "valores educativos"
de la identidad femenina. Por ejemplo -aunque más adelante comento
algunos de los elementos que definen esa "identidad femenina"-
me parece pertinente y muy útil trabajar en la escuela desde
el plano simbólico femenino que intermezcla lenguaje y afectividad,
por oposición al masculino en que se separan, para desarrollar
la capacidad de conciliación o de aproximación al otro.
Creo que otros grupos socialmente "sometidos"
también pueden ofrecer una oportunidad similar; por ejemplo,
y dependiendo del contexto escolar, un análisis del campesinado
en varios momentos históricos y cómo, en diversos "presentes",
se interpretó tanto su actitud y actividades como el tipo de
procesos que lideraron, obstaculizaron, generaron, etc. En general,
se trata de explicar cómo se entendió en distintos momentos
ese "sometimiento", 1o que permite conocer mucho del
grupo y de la sociedad en cada una de las épocas estudiadas
pero también de la sociedad de referencia, la que construye
la historia. Deja evidencia de que la objetividad de la ciencia
está mediatizada por el "conocimiento posidonado";
por eso, si nos posicionamos de diversas formas, la complejidad
y riqueza de matices será mayor.
Me parece, además, una forma de relacionar
problemas sociales con problemas históricos. Rizando el rizo:
¿la construcción-evolución-lecturas de la "leyenda negra"
sería una vía interesante para dar entrada en el currículo a
Felipe II? ya que. de paso, permitirá entender por qué preocupa
tanto al poder actual su ausencia en el curriculo?
Propuesta 2: "escuelas y aulas democráticas"
que, además, está en relación con algunas prácticas pedagógicas...
Se hace necesario poner en práctica (u
"observar directamente" cómo funcionan) algunos procesos
sociales si queremos enseñar que democracia es participar (no
sólo votar) desde la diversidad buscando encontrar bienes e
intereses comunes. No estoy hablando de hacer prácticas sociales
de laboratorio, sino de aprovechar que el aula o la escuela
constituyen una comunidad social donde se pueden reconocer qué
procesos y conflictos sociales se generan y qué habilidades
es preciso desarrollar para reconducir y solucionar pacíficamente
los conflictos. Porque entiendo que problematizar el presente
también quiere decir enseñar a vivir con y en el conflicto,
sabiendo que pueda ser origen de crecimiento y de cambios positivos.
Hablamos, además, de conocimientos difícilmente "examinables"
(Jesús Angel) yo añadiría "al estilo tradicional":
lo que los hace doblemente interesantes.
Cuestiones como los contratos para "normativizar"
la vida en el aula, en que se pactan y se construyen entre todos
y todas las reglas, se especifica cómo contribuyen a mejorar
la vida en común, y se buscan respuestas ante posibles rupturas,
puede ser un buen ejemplo de lo que propongo. Evidentemente
estas cuestiones llevan aparejadas unas "prácticas"
coherentes: diálogo, participación, uso de la autoridad moral
(del profe)pero no del autoritarismo jerárquico, etc. Así se
podría superar la casi imposiblidad de articular un aprendizaje
cooperativo (que como decía en el documento anterior, es "de interés en una educación emancipatoria y critica- desde unos
"temas" que sólo conocen los expertos y que la autoridad
de los libros de texto recogen. ¿Cómo se puede integrar la experiencia
vital/social del alumnado para crecer desde ella? Ni siquiera
parece posible para el profesorado conservar el suficiente grado
de autonomía ya que el código disciplinar le impone una total
dependencia de los expertos sean psicopedagogos o historiadores
y didactas).
Creo que para "el aprendizaje"
de la democracia participativa (y no meramente representativa)
tiene más sentido el tratamiento de este tipo de cuestiones
que la asistencia a sesiones del Ayuntamiento local o de las
Cortes... Es una forma de aprender con las emociones, consolidar
que las personas somos un todo (afectivo, intelectual. psico,
socio...) y permitir al alumna do que sea a la vez sujeto y
objeto del conocimiento (aprendizaje) social. Y también, es
una manera de abordar las identidades con un sentido no excluyente,
-identidad pero compleja y múltiple-, con un cierto sentido
de mestizaje y un mucho de universalismo, que nos haga conscientes
de lo que une para reconocernos en otro u otra, pero también
de lo que nos distingue para reconocerles a los demás... Ese
nosotr@s que inciaba el texto anterior tendría aquí un sentido
muy diferente abandonando la tendencia uniformadora (nacional,
étnica, de clase, de género) que se sustenta en un desarrollo
excluyente de un tipo de identidad (dominante) sobre las demás
y que nos parece que la escuela actual propicia.
Nuestras sociedades capitalistas actuales
me parece que tienden a "disimular" las identidades
de clase y género (asimilando algunas de sus conquistas) y a
destacar las nacionales y étnicas, con el consiguiente riesgo
de exclusión para las minorías (que en algún caso llega a la
limpieza étnica' o al genocidio)2 . Cómo conjugar hacerse y
saberse mujer, de una clase, de una nación... pero a la vez
hacerse-saberse ciudadana del mundo, o lo mismo en masculino;
¿desde que posturas se puede compaginar lo que defendería un
pensamiento critico: la redistribución económica y el reconocimiento
cultural?
Ya que estas cuestiones no sólo se aprenden
en los libros, ni se debe olvidar que, en última instancia,
la adscripción a una identidad constituye una decisión voluntaria,
me parece imprescindible rescatar el componente político del
profesorado como parte de la ciudadanía. Y más... aquí y ahora:
replegados en los cuarteles de invierno!. Ese compromiso sociopolítico
del profesorado favorece sacar la escuela a la "vida"
y meter ésta en aquella. ¿Mayor relación con algunos movimientos
romperían la peligrosa y creciente tendencia al corporativismo
profesoral? Mencionaría las escuelas de madre y padres, la colaboración
con asociaciones de barrio, etc. pero, sinceramente, no sé si
en realidad las hay (¿o hay que hacer todo?).
Ahora bien, que lo vea muy difícil en
el plano práctico-real, no me impide resaltar otras cuestiones
básicas, como que estos movimientos políticos deberian estar
(también) convenientemente "feminizados" por oposición
a los actuales (partidos, sindicatos...). Me refiero a la (r)evolución
de lo público que rompa definitivamente con la falsa dicotomía
de lo público y lo privado (masculino y femenino). ¿Nos apuntamos
a una política con pragmatismo, diálogo e incluso ciertas dosis
de renuncia y ternura o a la habitual arrogancia? ¿apoyamos
que esté regida por la ética del cuidado tratando de manera
diferente a los distintos o por la ética de la (mal denominada)
"justicia igualitaria"? ¿pretendemos que en lo organizativo,
predomine la búsqueda de la efectividad y el sentido de lo concreto
o un orden riguroso y casi siempre burocratizado?
Antes de seguir ¿soñando?, quiero señalar
otras actividad que ayudan a construir identidades no excluyentes
y a salir del individualismo. Una es resaltar y revalorizar
la variedad de soluciones que el alumnado puede aportar en el
último tipo de tarea propuesta o en otras,... en la lectura
contrastada de los cuadernos-diarios de clase, etc.; otra fomentar
las responsabilidades del alumnado, pero realmente, en la gestión
de la clase, en el proceso de enseñanza-aprendizaje... que desde
luego vaya más allá de hacerle responsable de su nota, de entregar
a tiempo sus ejercicios, etc. y que podria trabajarse, por ejemplo,
con tutorías compartidas.
Recuperando de nuevo la propuesta de contratos
para aulas democráticas, creo que no sólo propicia un aprendizaje
que podemos titular 'en propia piel', sino que puede ayudar
al reconocimiento de la articulación de tiempos largos y cortos,
de la interacción entre estructuras y acción humana y de las
posibilidades de cambio y continuidad ante las alternativas
en juego en todo proceso histórico. Por estas últimas razones
también tiene sentido incorporar juegos de simulación, de rol,
etc. (con la correspondiente reflexión final) al proceso de
enseñanza-aprendizaje, que permite más fácilmente empatizar
con situaciones quizás "alejadas".
Propuesta 3: "algún conflicto actual:
genealogía y análisis interdisciplinar" que, además, permite
ligar innovación-formación del profesorado.
Se trata de que los acontecimientos locales
o no que suceden entren en el currículo y sean seleccionados
por el alumnado. ¿Uno por trimestre, de vez en cuando?.. porque
tampoco creo que 'el programa' de problemas sociales puede ser
un mero sumando de estudios de casos. Si en el tema de las identidades
hablaba de la necesidad de interrelacionarlo con la universalidad,
aquí sucede algo semejante. Es preciso que de los casos pasemos
a la generalización y viceversa si se quiere entender que los
problemas sociales relevantes son ¿limitados? pero de muy diversa
manifestación en función de las coordenadas tiempo y espacio.
Esta propuesta creo que relaciona perfectamente "proyectos
de innovación" con la formación del profesorado que, aSÍ,
dejaría de tener fin en sí misma, o 10 que es peor: en los sexenios...
Este planteamiento permite prescindir
del libro de texto -realmente lo construirían en clase- aunque
sí se debería contar con algún tipo de material (versátil) y
con buenas bases de datos. Da entrada a usar los medios de comunicación,
a servirnos de ellos a ver sus posibilidades, los retos y las
trampas que nos tienden... El profesorado tendría que dirigir
un proceso de enseñanza-aprendizaje que garantizase un estudio
genealógico, que no sólo hace comprensible el conflicto. sino
que permite enmarcarlo en algún problema social relevante. Por
todo ello, entiendo que estos estudios deberían estar tan politizados,
antes me refería al profesorado comprometido, como lo estuvieron
algunas propuestas de los MRPs en la transición (desde lo local:
urbanismo... a lo global: medioambiente...).
El problema que no me resisto a dejar
de expresar en voz alta: ¿qué harían algunos profesores y profesoras
-que desde luego no comparten un compromiso social y político
al que nos referimos- con "estudios de casos" y "datos"?.
No se ve muy posible partir de lo que hay, pero cómo no contar
con lo que existe. En la didáctica crítica es fundamental: ¿desde
dónde partimos y a dónde se puede llegar? Este aspecto creo
que lo hemos dejado demasiado de lado y una dosis de realismo,
¿a lo Rozada?, quizás no viniera mal: ¿cómo empezar desde la
escuela actual? ¿se puede empezar desde la impugnación? o ¿debe
ser una bala en la recámara?
Zaragoza, abril de 2000
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