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Este documento es una reflexión surgida en torno a los debates del Seminario de FEDICARIA-ARAGON, sobre las prácticas escolares. Es una breve reflexión sobre las funciones sociales que cumple la escuela , desde la perspectiva analítica de la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas.

Paz Gimeno Lorente
11 de marzo de 2000

Apuntes para una mejor comprensión de las funciones de la escuela 

Como miembro del grupo constituido en torno al tema de la práctica pedagógica deseo hacer algunas puntualizaciones teóricas que favorezcan un debate riguroso dentro del grupo.

En la primera sesión nos planteamos la descripción y el análisis crítico de las funciones que desempeña la Institución Escolar en estos momentos sociohistóricos. Para llevar a cabo la crítica de los fenómenos descritos propusimos algunos criterios teóricos que nos sirvieran como referentes para el análisis y la búsqueda de alternativas.

El primer referente teórico utilizado reside en la comprensión de la escuela desde el esquema interpretativo aportado por Habermas para la comprensión de la vida social. Esto es: la Institución Escolar puede ser descrita, analizada y comprendida desde una doble perspectiva téorica:

  

• como Sistema porque al ser una institución social posee una estructura organizativa, unas metas definidas (al menos sobre el papel en las normativas oficiales), unos agentes que desempeñan funciones y roles, un entorno social, encontrándose en permanente interacción funcional con otras instituciones y sistemas. Su reproducción obedece a las consecuencias funcionales de las acciones que desempeñan sus agentes, pero sus estructuras quedan ajenas a la conciencia discursiva sobre los mecanismos de su reproducción. Posee mecanismos de control como la evaluación y su finalidad última es su propia pervivencia, aunque esto incluya mecanismos de ajuste y adaptación que modifiquen sus estructuras pero no alteren su equilibrio ni pongan en peligro su pervivencia (Reformas educativas). Cumple ademas funciones de legitimación de otros subsistemas como el político y coadyuva en el logro de finalidades del sistema económico, al tiempo que depende de ambos susbsistemas.

   Las funciones específicas que la definen atañen a la reproducción cultural de la sociedad, pretenden la integración social de sus miembros en una comunidad sociocultural y su socialización en esta comunidad con lo que ello supone de aprendizaje de roles o de incorporación a su mundo simbólico

   La descripción anterior permite considerar adecuada una aproximación a algunas de las características de la Institución Escolar-considerada como Sistema Educativo- desde una posición teórica como la Teoría de Sistemas (actualizada).

 

   • como Mundo de la Vida, porque toda la organización de la vida escolar está constituida por elementos simbólicos, desde las interacciones entre sus miembros hasta el contenido de sus funciones como la de transmisión cultural, la reproducción de los valores sociales dominantes o el ajuste de los sujetos a un perfil de ciudadano y de individuo. El Mundo de la Vida es un concepto básico de la fenomenología y hace alusión al horizonte de significados que constituyen el esquema interpretativo sobre el que los sujetos construyen sus significados y valores, así como sus interacciones y normas. Este horizonte queda a nuestras espaldas, es decir, es la base común de significados que nos permite comprendernos cuando hablamos y lo damos por sentado al interaccionar, favoreciendo nuestros actos de entendimiento y comunicación. Que este esquema de significados no sea consciente, de forma habitual, no significa que no pueda ser cuestionado cuando alguno de nuestros significados o valores queda en entredicho porque no nos sirve para afrontar situaciones nuevas.

   Ahora bien, el hecho de que la escuela pueda ser comprendida y analizada desde la perspectiva teórica de la fenomenología -o en su derivación más ajustada: la etnografía- no debe confundirse con el hecho de que todo aquello que corresponde al mundo de los significados o valores, y que constituye la base de la vida y dinámicas escolares, tenga un carácter crítico. Esto es, la escuela puede cumplir funciones de reproducción social cuando nos colocamos en la perspectiva fenomenológica del mundo de la vida si su finalidad se centra en mantener un determinado tipo de cultura hegémonico o inculca valores de adaptación y mantenimiento de lo existente en sus alumnos.


Para que la escuela sea crítica, y lo podría ser, debe proponérselo como finalidad explícita. Pero esto no deja de contener una trampa engañosa. En realidad cualquier institución social, como tal, pretende su mantenimiento; son los individuos que las configuran quienes han de cuestionar tal pervivencia o denunciar que sus funciones y finalidades no responden a criterios éticos de justicia. Y aquí surge la pregunta: una institución que surge para reproducir un sistema social, a través de las funciones de reproduccción cultural, de integración social y de socialización ¿puede plantearse una función crítica que ponga en cuestión su propia funcionalidad?.


Entramos en el ámbito de las utopías y los sueños.
  

La realidad social no puede ser transformada con criterios de justicia de un plumazo. Los cambios sociales siempre han sido dolorosos y no siempre ha dado buen resultado el ataque frontal. En estos momentos históricos en los que nos autodenominamos como sociedad del conocimiento la vía crítica quizá deba introducirse en ese conocimiento. A través de la apertura de brechas críticas -utilizando los mismos intrumentos que emplean las redes de dominio (instrumentos como la lógica o la información)- se puede iniciar el movimiento de cambio hacia una sociedad más justa. Y la escuela tiene mucho que hacer si se lo propone porque su principal material es simbólico y pone las bases para esa sociedad de la información y el conocimiento.

 

Pero volviendo al tema inicial quiero subrayar la importancia de no confundir lo que no es sino una propuesta de análisis/investigación (la doble perspectiva teórica: sistémica-fenomenológica) con las finalidades éticas de la Institución Escolar. Proponerse una funcionalidad crítica para la escuela es una finalidad ética, más en la línea de una racionalidad comunicativa que de una simple razón instrumental.

La doble perspectiva analítica permite tomar conciencia de muchos conflictos que percibimos en las dinámicas escolares. Por ejemplo ¿quien no ha sentido la contradicción[1] de que se elabore un Proyecto Educativo en un centro sin saber qué profesores van a desarrollarlo posteriomente porque las plantillas del centro obedecen  a la lógica administrativa que regula vida de los funcionarios?. O que se se solicite al centro el tanto por ciento de alumnos que promocionan de un curso al siguiente, considerándolo como un indicador de calidad, cuando en algunos casos el auténtico indicador de éxito es haber conseguido que algunos alumnos mantengan la motivación básica para acudir presencialmente -simplemente- al centro...

¿Cuantas veces nos hemos enfrentado a la contradicción de una normativa que respondía al objetivo regulador del sistema educativo frente a situaciones en las que las necesidades práctico-morales de los alumnos (o profesores) quedaban relegadas a un segundo plano?.

Para detectar estos fenómenos nos sirve el criterio análitico descrito por Habermas de los fenómenos de colonización del sistema sobre el mundo de vida. Pero este criterio sirve para detectar "ideología" y sobre todo para comprender el conflicto vivido, permitiéndonos introducir a partir de se momento de conciencia la brecha crítica de la acción emancipatoria[2].


Pero, insisto, esto no tiene que ver con la postura analítica a la hora de describir los fenómenos de la Institución Escolar. Desde mi opción teórico-crítica, considero que la mayor parte de los fenómenos -no absolutamente todos- que se producen en el seno de una organización escolar concreta necesitan, para su comprensión, de un enfoque etnográfico y contextual (perspectiva fenomenológica). Esto hace que modelos de evaluación interna como los que propone el EFQM "rechinen" en su aplicación, pues pretenden, con criterios de naturaleza sistémica, analizar fenómenos sociales e individuales que se escapan a su control, consiguiendo una vez más deformar la realidad escolar con la pretensión de legitimar algunos principios sociales básicos de una economía neoliberal.

Ya, inicialmente, se puede apreciar la ideología con la que se propone el modelo (que no es sólo de evaluación sino que propone un modelo de gestión para un centro escolar "de calidad" (sic)) cuanso se proponen los criterios del modelo EFQM. Estos son:

   • respecto a los agentes:

                   • el liderazgo, la gestión del personal, la política y esrategia del centro, los recursos y los procesos;

   • respecto a los resultados:

                   • la satisfacción del personal, la satisfacción del cliente[3], el impacto en la sociedad y los resultados.A poco que nos paremos a pensar tomaremos conciencia de que tales aspectos no son criterios sino sólo eso: aspectos, cuestiones, ámbitos o como se les quiera denominar. En realidad donde aparecen los criterios, encubiertos, es en los items, es decir, al preguntar al centro sobre cada una de esas cuestiones queda definido el modelo ideal de gestión y de organización del centro. Y es en los cuestionarios donde salen los criterios de mercado como elementos de referencia a la hora de valorar los aciertos o fracasos del centro escolar y su nivel de calidad educativa[4].

El riesgo de no explicitar previamente los principios teóricos que deben guiar un modelo de sociedad es precisamente el de incurrir en ideología. El lenguaje puede convertirse en un instrumento d engaño en lugar de un medio de entendimiento. Si damos por presupuestas todas las concepciones axiológicas previas cuando iniciamos un debate -es decir si no revisamos el Mundo de Vida de los participantes en la comunicación- podemos caer en errores como éste: dar por sentado que tenemos un lenguaje unívoco cuando no es así, cuando detrás de términos iguales existen concepciones vitales diferentes. Y este es el juego en el que participa el modelo de la EFQM.

Este es el motivo por el que presento a vuestra consideración estas líneas. Desearía que las sometiérais a debate, que revisárais las concepciones axiológicas encubiertas que no he sabido sacar  a la luz y que a partir de ese cuestionamiento pudiéramos construir, de verdad, una vía crítica.



[1]Con la desilusión y falta de implicación que saber esto supone al elaborar dicho Proyecto, que se percibe entonces como un mero documento administrativo...

[2] Uno de los retos de este grupo de trabajo consiste en desvelar tales fenómenos en su concrección.

[3]¿Y si la satisfacción de los clientes supone que en el centro (o en el aula de mi hijo) no existan alumnos pertenecientes a grupos marginales o a minorías étnicas porque bajan el nivel de resultados del grupo e impiden trabajar con el resto de alumnos con un nivel de exigencia superior?

[4]Además de emplear la ideología de la medida como criterio científico (todavía seguimos sin superar el positivismo más primigenio)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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