Natividad Bel
Paz Gimeno
Introducción:
Si nos preguntamos
sobre los supuestos básicos que deben fundamentar una educación
crítica lo primero que necesitamos es definir un marco social
sobre el que apoyarnos. Este marco social precisa de un soporte
teórico -una teoría de la sociedad- y de una base empírica -el
conocimiento de nuestra realidad actual.
La opción de las autoras de este documento
se decanta por una Teoría Crítica de la Sociedad que, por una
parte, nos proporcione luz para comprender y valorar los fenómenos
sociales en que participamos y, por otro, dibuje unas líneas
matrices sobre las que desenvolvernos dentro de la Institución
Escolar señalando un norte para nuestras acciones.
Este
documento pretende ofrecer unas breves pinceladas sobre algunas
de las teorías sociológicas que describen la realidad social
actual. Aunque hemos seleccionado autores que proponen una perspectiva
crítica de la vida social, éstos no mantienen una ortodoxia
respecto a este planteamiento. Por otra parte las categorías
empleadas suelen tener un carácter más descriptivo que analítico.
Atendiendo a la finalidad marcada en este Seminario consideramos
que las categorías analíticas ofrecen más utilidad que las meramente
descriptivas, ya que proporcionan instrumentos para interpretar
y "valorar" la realidad social y escolar, objeto de
nuestro interés. Esto no le resta valor a otras categorías explicativas
que también aportan luz a la comprensión de lo que "está
sucediendo". Ofrecemos a continuación una breve síntesis
de los rasgos sociales de este fin de siglo, con la conciencia
cierta (y la humildad) de que no es completa ni abarca todas
las dimensiones sociales que podrían ser necesarias.
La sociedad de la información: breve
informe descriptivo de las actuales características sociales
Desde la segunda mitad del siglo XX
la sociedad occidental ha experimentado profundas transformaciones
descritas sociológicamente desde diversas teorías . Bajo diferentes
denominaciones (era del capitalismo tardío, postindustrialismo,
postmodernidad, segunda modernidad, modernización reflexiva,
etc.)[1]se
ha intentado caracterizar los fenómenos sociales de este fin
de siglo. Sin pretender hacer un rastreo exhaustivo señalaremos
en el presente documento algunas de las más significativas aportaciones, a nuestro juicio. Algunos de los autores reseñados
(Habermas, Giddens[2], Beck) ofrecen conceptos descriptivos y analíticos
que permiten una aproximación interpretativa a los fenómenos
actuales. Estos autores presentan la limitación de que se circunscriben
a la sociedad occidental (europea y norteamericana). Castells,
otro de los autores a los que nos referiremos, no ofrece categorías
analíticas pero realiza un exhaustivo estudio empírico, apoyándose
en algunas de las tesis de estos autores[3], intentando
evitar la restricción occidental de los anteriores ofreciendo
datos de otras zonas del mundo (Asia, Africa, América del Sur)
que desempeñan un papel significativo, por motivos diversos,
para la comprensión de la sociedad mundial.
I)
Jürgen Habermas (1989)[4] señalaba, como una de las características significativas
de la modernidad, la presencia de crisis estructurales entre
las que destaca las crisis de legitimación. Este tipo de crisis
es considerada por Beck (1997), desde sus tesis sobre la "sociedad
del riesgo", como crisis de ecologismo. En ambos casos
la legitimidad de la sociedad industrial se encuentra en situación
de conflicto, tanto por las consecuencias incontroladas derivadas
de su propio desarrollo como por los riesgos percibidos por
los ciudadanos.
Habermas,
desde la pretensión de ofrecer una TeoríaCrítica de la Sociedad
que permita explicar cómo se reproduce y funciona la sociedad
de manera que se puedan detectar sus deformaciones y abrir vías
de crítica y transformación, recurre a un planteamiento que
integra tres perspectivas teóricas que permiten dar razón del
momento histórico-social que atraviesan las sociedades occidentales:
a) Perspectiva marxista:
Habermas
revisa críticamente algunas tesis marxistas señalando el olvido
de Marx respecto a la categoría interacción como parte de la evolución de las sociedades
postindustriales. El concepto de trabajo
social resulta insuficiente
para explicar la reproducción material de la sociedad. La evolución
del capitalismo tardío ha confirmado las primeras tesis frankfurtianas
respecto a la capacidad integradora de los componentes simbólicos
de la sociedad (cultura y valores sociales). El sistema capitalista
se sirve de estos contenidos simbólicos para integrar las posibles
crisis que le sobrevienen, de forma que tales crisis son absorbidas
por el sistema sin que sobrevenga su disolución, como esperaba
Marx.
Habermas se apoya en el análisis de
Claus Offe (1990) sobre las contradiccciones en las que incurre
el Estado del Bienestar, ya en la década de los sesenta, para
describir las crisis de naturaleza sistémica (económica y de
racionalidad) y de identidad (de legitimación y de motivación)
a los que se enfrenta la sociedad postindustrial. Sobre éstas
últimas -de mayor alcance explicativo al referirse a los aspectos
simbólicos de la sociedad- elabora los siguientes teoremas:
Sobre la crisis de legitimación:
El
Estado del Bienestar al asumir tareas sustitutorias y compensadoras
del mercado precisa del apoyo ciudadano para asegurar la producción
de plusvalía y controlar los compromisos acordados con empresarios
y trabajadores. Para evitar que se ponga en entredicho la actuación
del Estado, éste precisa un espacio de no-conciencia de los
ciudadanos de manera que sus funciones planificadoras no le
originen responsabilidades que sobrepasen su capacidad de actuación.
Para ello el sistema administrativo recurre a estrategias como
el uso de símbolos fácilmente aceptables por el ciudadano por
su inconcrección, la personalización de cuestiones concretas,
el uso de fórmulas jurídicas aplicadas por expertos, técnicas
publicitarias creadoras de necesidades de consumo, etc. Es decir,
el Estado recurre a la planificación ideológica.Uno de sus principales
recursos reside en el sistema educativo.
Sobre la crisis de motivación:
Esta se produce cuando el sistema sociocultural se altera
de tal modo que su "output" se vuelve disfuncional
para el Estado y para el sistema de trabajo social (Habermas,
1989, p. 96). Los síntomas que caracterizan a tales crisis Habermas
los describe como privatismo civil y privatismo profesional.
Denomina
privatismo civil a la actitud individualista e interesada
de los ciudadanos por las prestaciones que les aporta el Estado
a la par que se desentienden de los procesos de participación
ciudadana o política manifestando conductas apolíticas y descomprometidas.
A este rasgo se une el de privatismo profesional en el que los ciudadanos se centran en
sus núcleos familiares orientando sus intereses hacia el consumo,
el ocio y hacia sus carreras profesionales en cuanto adquisición
de status. A este privatismo corresponde un sistema de formación profesional
basado en la competencia y en el rendimiento, actitudes de las
que la Institución Escolar participa.
b) Perspectiva funcionalista-sistémica:
Habermas utiliza el concepto durkheiniano de la diferenciación
progresiva de diferentes subsistemas sociales, que llegan
alcanzar autonomía y a reproducirse a través de medios (el poder y el dinero). Enlaza con las tesis de Parsons revisadas
y se apoya también en las categorías de racionalización y burocratización weberianas para explicar la forma en que la sociedad integra
sus órdenes institucionales contribuyendo con ello a su propia
reproducción. Critica a Parsons por haber olvidado el concepto
de sentido generado en la intersubjetividad
así como por no interesarse por la capacidad transformadora
y de cambio que posee la sociedad.
Habermas se situa en un paradigma
comunicativo para afontar el análisis social desde una doble
perspectiva teórica: desde una posición sistémica explicando
a la sociedad como sistema y desde una perspectiva fenomenólogica describiendo a la sociedad
como mundo de vida.
Estas dos categorías (sistema
y mundo de
vida ) le van a
proporcionar un cruce teórico que le permitirá dar razón del
orden normativo social, de sus funciones de reproducción pero
también de sus patologías y de sus posibilidades de crítica
y transformación.
Y de este cruce de perspectivas
surge un criterio analítico que permite dar razón de muchas
de las disfunciones que surgen en la vida social en general
y en la vida escolar, en particular. Se trata de lo que él denomina
como fenómenos de colonización
del sistema sobre el mundo
de la vida , es decir, de la invasión que los valores
que emanan del sistema y de sus dinámicas de reproducción ejercen
sobre el mundo de vida de los individuos y las colectividades,
quienes construyen sus significados a través del lenguaje y
de mecanismos orientados al entendimiento y al acuerdo.
Esta es una de las categorías analíticas
que mejor permiten llevar a cabo la crítica ideológica de la
sociedad, en general, y de la Institución escolar, en particular,
y por tanto el desempeño de una actuación
y un pensamiento críticos.
c) Perspectiva normativo-ilustrada:
A partir de la crítica de los postestructuralistas franceses
Habermas propone un concepto de razón débil, de carácter procedimental,
que intenta asentar las bases de la modernidad sobre el proyecto
ilustrado, aún no conseguido. Se trata de la categoría de razón
comunicativa, apoyada sobre el concepto de acción
comunicativa. Esta propone un posible orden normativo social
apoyàndose sobre unas premisas de crítica al dominio y de posibilidad
de llegar a acuerdos a través de acciones comunicativas. La
institucionalización de procedimientos democráticos basados
en discursos y debates en los que pueden participar todods los
implicados, es la base de una política
deliberativa que
intenta superar los límites de una concepción de la vida pública
tanto liberal como republicana (Habermas, 1999, pp. 231 y ss.
Sintetizando: este autor nos ofrece
un marco de referencia analítico a partir del constructo de
acción comunicativa a la par que de carácter referencial al
sustentar el principio de racionalidad en las interacciones
libres de dominio apoyadas en discursos (argumentados) orientadas
al entendimiento y al acuerdo, cuya referencia es el principio
universal de la ética
dialógica . La categoría analítica de fenómenos de colonización nos
permitirá llevar a cabo acciones de crítica
ideológica, previos a una acción comunicativa.
II)
Ulrich Beck
nos presenta una serie de categorías descriptivas de la postmodernidad
que permiten comprender algunos de los fenómenos más significativos
presentes en las sociedades occidentales de este fin de siglo.
La tesis más característica de este autor define a la sociedad
actual como sociedad del riesgo designando bajo tal
concepto " una fase de desarrollo de la sociedad moderna
en la que los riesgos sociales, políticos, económicos e individuales
tienden cada vez más a escapar de las instituciones
de control y protección
de la sociedad industrial" (Beck y otros,1997, p. 18).
En esta fase distingue dos momentos:
el primero, en que los efectos y amenazas son
producidos de forma sistemática, pero no llegan
a convertirse en objeto de debate público porque la sociedad
industrial legitima tales consecuencias;
el segundo, en la que tales
peligros calan en la conciencia social y se convierten en tema
de debate y cuestión en los ámbitos públicos y privados. En
el segundo caso las consecuencias derivadas de la sociedad industrial
se tornan social y políticamente problemáticas.
Este concepto enlaza con el de modernización reflexiva que- a diferencia
de la concepción que ofrece Giddens- señala la autoconfrontación
a la que se enfrenta la modernidad industrial con sus
propias consecuencias negativas, no deseadas. Esto se produce
de una forma no percibida por los agentes sociales ya que se
trata de una consecuencia lógica del propio proceso autonomizado
de modernización. Por tanto,
no implica incremento de la conciencia social.
Ambas categorías descriptivas se
apoyan en el proceso
de globalización característico de este fin de siglo. Fenómeno
de alcance mundial ya que el movimiento globalizador, aunque
afecta fundamentalmente a la economía, está adquiriendo dimensiones
socioculturales.
Este autor diferencia el concepto de globalización del
de globalismo. Entiende por globalización el movimiento transnacional
iniciado en el que se comparten espacios, conflictos, sucesos,
etc., dando lugar a una sociedad mundial cuyas relaciones sociales
desbordan los límites de los estados nacionales, originando
una pluralidad sin unidad. El globalismo
en cambio "es la concepción según la cual el mercado mundial
desaloja o sustituye al quehacer político, es decir, la ideología
del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo"
(Beck, 1998, p. 27).
La globalización significa la existencia
de procesos en los que los estados-nación se entremezclan e
imbrican a través de instituciones transnacionales, redes de
poder, información, etc. Este proceso, que se manifiesta como
irreversible, se aprecia en el carácter global de los mercados
financieros y de las multinacionales, en la aparición de industrias
globales de cultura. Como resultado de tales movimientos el estado-nación pierde su legitimación
tanto teórica como práctica. La identidad nacional asociada
al Estado queda en entredicho y aparece una vía abierta en la
integración de estados nacionales que recrean una estructura
supranacional apoyada en la comunidad de intereses, cuyo ejemplo
práctico está en la Unión Europea cuyo proyecto todavía no ha
quedado concretamente definido.
Una de las preocupaciones que muestra
Beck reside en la ideología que hay detras del globalismo.
Al reducir las dimensiones de la globalización al terreno de
lo económico, queda anulado el principio de la sociedad industrial
de que existía una distinción entre política y economia, planteándose
una organización estatal regida por los mismos criterios de
funcionamiento de una empresa. Detrás de los principios económicos
del mercado subyace un pensamiento metafísico que responde a
un modelo unilineal donde la complejidad social queda reducida
a lo económico, generando creencias como la de que el comercio
global libre sirve para elevar la riqueza y reduce las desigualdades
sociales. Esta ideología se presenta como apolítica defendiendo
que el Estado debe respetar las leyes del mercado que rigen
la economía y no debe intervenir para no interferir en la libertad
de los ciudadanos. Sus defensores utilizan también la escenificación
de los peligros que se podrían correr si se detiene la marcha
natural del mercado, a través de discursos amenazadores a trabajadores
y sindicatos.
De entre las propuestas destacables de Beck cabría destacar la de generar una responsabilidad en los ciudadanos que
haga posible:
un apoyo político al desarrollo técnico de posibilidades
alternativas (energía solar, crecimiento sostenido,...)
una definición desde la ciencia y el derecho para
definir los criterios que nos permitan considerar los nuevos
experimentos científicos o proyectos industriales como "pruebas"
y, sobre todo, clarificar el concepto de justicia referido a
las consecuencias previsbles de estas experiencias, de manera
que no sean siempre los mismos quienes obtengan beneficios o
perjuicios.
A estas proposiciones añade la aparición
de subpolíticas, entendiendo
bajo este concepto la generación de movimientos políiticos que
surgen desde abajo, es decir, desde la movilización individual
de los ciudadanos quienes a través de procesos discursivos negocian,
vez a vez, las cuestiones elementales que afectan a la vida
social obligando con ello a las Instituciones públicas a abrir
nuevas vías de decisión política apareciendo nuevos agentes
políticos externos al sistema institucional. Esta posibilidad
se apoya en las características de individualización
de los ciudadanos. Tal individualización no se refiere a una
actitud individualista sino a la situación de desanclaje (Giddens)
en que se encuentran los individuos respecto a las formas tradicionales
de vida -propias de la sociedad industrial-
y al necesario reanclaje en nuevos valores, certezas
y asunción de nuevas formas de vivir. Esta individualización
no sólo alude al mundo privado sino que se extiende al ámbito
de lo político.
III)
Anthony Giddens,
quien ha seguido una trayectoria evolutiva que ha desembocado
en una propuesta política de renovación de la socialdemocracia, ofrece una interpretación de las transformaciones sociales
asociadas con la modernidad. Aunque este autor considera que
aún no vivimos en un mundo postmoderno las características de
nuestras instituciones sociales revelan la emergencia de un
periodo de "alta modernidad", al que denomina como
modernización reflexiva.
La evolución discontinua de las
sociedades y la inexistencia de un desarrollo sin escollos nos
sitúa ante los temas de la seguridad frente al peligro y la
fiabilidad frente al riesgo. La evolución de la sociedad industrial
nos ha colocado ante situaciones de riesgo material (ecológico)
y político (totalitarismos, desarrollo del poder militar) que
llevan a los ciudadanos a tomar conciencia de los resultados
imprevistos de las decisiones
o actividades humanas.
Al mismo tiempo los conceptos de
espacio y tiempo han perdido la función
de ser coordenadas orientadoras de las interacciones sociales.
El desarrollo de los medios de información y comunicación separa
los conceptos de espacio y lugar. Los espacios locales y
los sujetos que los habitan se ven influidos por decisiones
tomadas a grandes distancias físicas de ellos, cortándose la
conexión entre la actividad social y su anclaje en las particularidades
de los contextos presenciales. El tiempo a su vez, se disloca
del concepto espacial desapareciendo el emparejamiento que permitió
uniformar la organización social de la modernidad. Si el reloj sirvió para cuantificar el "tiempo vacío",
el dinero contribuyó al distanciamiento entre espacio y tiempo
al permitir transacciones entre agentes separados espacial y
temporalmente. El tiempo se ha convertido en realidad virtual.
Esta separación tiempo-espacio ha originado un fenómeno de desanclaje
individual y social al despegar las relaciones sociales de sus contextos locales de interacción y reestructurarlos
en indefinidos intervalos espacio-temporales (Giddens1993, p.
32).
A este fenómeno de desanclaje contribuye
también la aparición de sistemas
de expertos. Estos aseguran el mínimo de fiablidad necesario
para poder vivir sin la angustia de la incertidumbre. Los sistemas
expertos, resultado de los avances en el conocimiento (técnico)
o de experiencia profesional organizan grandes áreas del entorno
natural y social en que vivimos, asegurando que donde no llega
el saber ciudadano está el consiguiente equipo de expertos que
garantizan la fiabilidad de un servicio, una decisión, etc.
Estos sistemas permiten a los ciudadanos depositar sus confianza
en la fiabilidad que como expertos tienen de la situación, ya
que aunque el ciudadano tiene acceso a una divulgación globalizada
de los conocimientos científicos, existen muchas lagunas en
su conocimiento que le originan incertidumbre. A esto se añade
la conciencia generalizada de la falibilidad de la ciencia.
Por ello el individuo necesita depoistar su confianza en el
saber -y en la ética- del especialista para satisfacer su necesidad
de seguridad ontológica.
Esta necesidad anteriomente quedaba cubierta por la tradición.
En la actualidad el desanclaje de la tradición hace preciso
un reanclaje en nuevas certezas que permitan
orientar tanto las forma de vida individuales como colectivas.
El fenómeno de desanclaje y reanclaje
favorece un nivel de reflexión social por el que "las prácticas
sociales son examinadas constantemente y reformadas a la luz de la nueva información sobre esas mismas prácticas, que
de esa manera alteran su carácter constituyente" (Giddens,op.
cit, p. 46). En la nueva modernidad las ciencias sociales están
mucho más implicadas en el tejido de las instituciones modernas
que las ciencias naturales pues el conocimiento social forma
parte de las nuevas prácticas sociales. Este conocimiento de
lo social no implica un mayor control sobre el destino de la
sociedad ya que este conocimiento es aprovechado de forma diferencial,
a su favor, por aquellos que ostentan posiciones de poder. Por
otra parte existen consecuencias no previstas en el curso de
los acontecimientos ya que el propio conocimiento que se tiene
del mundo social contribuye a su carácter inestable y cambiante,
puesto que el mismo conocimiento sociológico a la par que interpreta
lo que hay influye en los mismos objetos que describe. Este
pararse a pensar sobre la transcendencia de nuestros actos colectivos
caracteriza a una modernidad reflexiva que se enfrenta a
las consecuencias de su propio desarrollo.
Entre las alternativas que Giddens
propone sobresale la construcción de políticas emancipatorias,
unidas a políticas de vida y a políticas generativas. Las políticas
de vida se refieren a los compromisos radicales que buscan el
incremento de posibilidades para una vida plena y satisfactoria
para todos, es decir, buscan la autorrealización individual
apoyándose sobe principios de ética personal. Se trata de una
política de identidad y de la elección. pero esto no significa
que se trate sólo de una política de lo personal ya que muchos
factores que afectaban a la vida cotidiana hoy adquieren transcendencia
social (Movimiento feminsta y sus consecuencias en la vida personal
de la mujer, nueva consideración del trabajo, ...). Pero una
política emancipatoria debe tener también presentes los problemas
derivados de la desigualdad. Por ello se hacen necesarias unas
políticas generativas que
tengan en cuenta el
origen de los problemas bajo
criterios de justicia e igualdad. De esta forma la política
generativa implica las siguientes circunstancias:
debe crear situaciones de
confianza activa en la capacidad de las instituciones de gobierno
(local y global) para la resolución de problemas;
debe otorgar autonomía a
los afectados por los programas políticos;
debe generar recursos que
incrementen la autonomía de los ciudadanos (incluso de riqueza
material);
debe descentralizar el poder
político dejando que la información fluya de abajo hacia ariba,
aprovechando esta información para la toma de decisiones.
Gidens utiliza un esquema analítico
desde el que identifica los problemas más acuciantes de la modernidad
y las posibles alternativas para los mismos. Desde una serie
de dimensiones institucionales define los principales problemas
sociales:
Capitalismo Polarización Amenazas Industrialismo
económica ecológicas
Vigilancia Negación de Amenaza de Medios de
los derechos guerra a violencia
democráticos gran escala
(Giddens, 1996, p. 106)
Frente a estos males se plantea
las posibilidades sociopolíticas:
Capítalismo Economía Naturaleza Industrialismo
post-escasez humanizada
Vigilancia Democracia
Poder Medios de
dialogante negociado violencia
(Giddens, op. cit, p.107)
Sobre estas alternativas Giddens
elabora todo un programa político de renovación de la socialdemocracia
como desarrollo de un realismo utópico denominado Tercera Vía, citado anteriormente.
IV) A
la hora de describir las características actuales de la sociedad
occidental CASTELLS ha realizado un esfuerzo
empírico considerable donde apoya
sus tesis sobre la socieddad de la información. En su
obra La era de la información (1997, 1998) centra su descripción de las características
de la sociedad actual en torno a una serie de fenómenos que
caracterizan la sociedad de fin de siglo. Los núcleos temáticos
que ordenan su estudio se aglutinan respondiendo a dos ejes
centrales:
las condiciones que caracterizan a una sociedad
regida por los medios informacionales y que él denomina
como sociedad red,
los problemas socioculturales que se derivan de la búsqueda
de identidad de las diferentes comunidades sociales.
El primer
eje (la sociedad red) modifica algunas cuestiones centrales
de la vida social como la economía y las organizaciones económicas,
el trabajo, los medios de comunicación, y dos cuestiones estructurales
de la vida simbólica social como son el espacio y el tiempo.
El segundo
eje (la identidad social) hace referencia a los problemas de integración y articulación social que, influidos
por las estructuras de la sociedad red, están conectados con
las cuestiones simbólicas de la sociedad y su búsqueda de nuevos
significados. Aborda temas como el de los movimientos ecologistas,
los movimientos comunales, nacionalistas y de segregación sociocultural
y política, los movimientos feministas y la crisis del patriarcado,
la crisis del concepto de estado/nación y de la democracia.
En su
último volumen se desliga de los ejes anteriores pára describir
una serie de fenómenos problemáticos que en este fin de siglo
adquieren una sobredimensión por el proceso de globalización
en que estamos inmersos y por sus terribles consecuencias. Tales
problemas son: la economía criminal global (narcotráfico, el
crimen global), los graves problemas estructurales que está
originando el capitalismo informacional con la exclusión social
de grandes colectividades como Africa, o el desarrollo de un
movimiento nacionalista asiático que presenta características
desiguales en Japón o en China. Por último cifra su esperanza
en el movimiento político de la unidad de Europa presentando
el proyecto de la comunidad europea como una apuesta arriesgada
pero coherente con las líneas que previsiblemente marcarán el
rumbo de la sociedad del siglo XXI.
Presentamos
a continuación un breve resumen sobre los principales temas:
1. La sociedad red:
A finales
del s. X.X., se están produciendo una serie de cambios importantes
que dan lugar a lo que se ha llamado "sociedad de la información".
Este nuevo tipo de sociedad surge de una reestructuración del
capitalismo caracterizado por:
Mayor flexibilidad en la gestión.
Descentralización e interconexión de empresas.
Aumento de poder del capital frente al trabajo.
Individualización y diversificación crecientes de las relaciones
de trabajo.
Incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo.
Intervención del Estado para desregular mercados y desmantelamiento
del Estado del Bienestar.
Globalización de la economía.
A a par
se están produciendo cambios sociales como:
Transformación
de la condición de las mujeres.
Aparece una mayor conciencia medioambiental.
Los sistemas políticos
se enfrentan a crisis de credibilidad y el estado-nación queda
en entredicho.
Surgen movimientos sociales fragmentados y localistas.
Las funciones
y los procesos dominantes en la era de la información se organizan
cada vez más en torno a redes. Estas constituyen la nueva morfología
social y su difusión modifica de forma sustancial los procesos
de producción, la experiencia individual, el poder y la cultura.
Una red es un conjunto de nodos interconectados.
Un nodo es el punto
en el que una curva se intersecta a sí misma. Concretamente,
se refiere a los mercados de las bolsas y sus centros auxiliares
de servicios avanzados en la red de flujos financieros. Nodos
son también los consejos nacionales de ministros y los comisarios
europeos, en la red política de la Unión Europea; también lo
son los campos de coca y amapola, o los laboratorios clandestinos,
en la red de tráfico de drogas...
Las redes
son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites,
integrando nuevos nodos mientras éstos puedan comunicarse entre
sí y compartan los mismos códigos de comunicación.
Una estructura
social basada en redes es muy dinámica y abierta, susceptible
de innovarse sin amenazar el equilibrio. La morfología de las
redes es también una fuente de reorganización de las relaciones
de poder: los conmutadores que conectan las redes son los instrumentos
privilegiados del poder.
La nueva
economía se organiza
en torno a las redes globales de capital, gestión e información.
El acceso al conocimiento tecnológico constituye la base de
la productividad y la competencia. En consecuencia, el proceso
de trabajo se individualiza cada vez más, desagregándose la
realización de las tareas. Los resultados del trabajo se reintegran
a través de una multiplicidad de acciones interconectadas
realizadas en emplazamientos diferentes. Esta característica
apunta hacia una nueva división del trabajo, basada más en las
capacidades y atributos de cada trabajador que en la organización
de las tareas.
La sociedad
red es, por ahora, una sociedad capitalista. Por primera vez
en la historia el capital determina las relaciones sociales
de todo el planeta, presentando dos características idosincrásicas
y novedosas: es global y se estructura en torno a una red de
flujos financieros. El capital funciona a escala global como
una unidad en tiempo real: se realiza, se invierte y acumula
en la esfera de la circulación como capital financiero y para
operar y competir necesita apoyarse en el conocimiento generado
por la tecnología de la información. Su productividad depende
de las informaciones adecuadas sobre inversión y de las prospectivas
a largo plazo sobre cada sector productivo. El capital financiero
condiciona el destino de las industrias de alta tecnología lo
que hace que ambos (capital y alta tecnología) sean cada vez
más interdependientes.
De este
modo el capital es global o se hace global para entrar en el
proceso de acumulación en la economía de interconexiones electrónicas.
Pero ¿quiénes son los capitalistas en estas nuevas condiciones
tecnológicas,organizativas y económicas?, ¿existe una clase
capitalista?. Desde el punto de vista sociológico y económico
no hay una clase capitalista global pero sí una red de capital,
cuyos movimientos y lógica variable determinan, en última instancia,
las economías e influyen en las sociedades. Podría decirse que
por encima de personas y grupos hay un capitalista colectivo
sin rostro, compuesto por flujos financieros que dirigen las
redes electrónicas. Es el capitalismo en su expresión más pura
de la búsqueda interminable del dinero por el dinero a través de la producción de mercancías por
mercancías.
En este
nuevo mundo del capitalismo informacional global el trabajo y las relaciones sociales de producción se articulan en
torno a un trabajo que abunda: hay más puestos de trabajo y
una proporción más elevada de personas en edad de trabajar empleadas
que en ningún otro momento de la historia, a pesar del aumento
de desempleo en las economías europeas, tendencia más relacionada
con las instituciones sociales y las políticas macroeconómicas
que con el nuevo sistema de producción. Las relaciones sociales
entre el capital y el trabajo se han transformado en profundidad:
en su núcleo el capital es global pero como regla el trabajo
es local. El informacionalismo lleva a la concentración
y globalización del capital mediante la utilización del poder
descentralizador de las redes. Por el contrario, la realización
del trabajo se desagrega, se fragmenta la organización, se diversifica
su existencia, se divide su acción colectiva. El trabajo pierde
su identidad colectiva, individualiza las capacidades de los
trabajadores, sus condiciones laborales, sus intereses y sus
proyectos.
Así pues, aunque las relaciones de producción capitalistas
persisten, el capital y el trabajo se producen en tiempos y
espacios diferentes. Al espacio de los flujos se contrapone
el espacio de los lugares; frente al tiempo inmediato de las
redes informáticas se halla el tiempo del reloj de la vida cotidiana.
Aunque ambos coexisten no se relacionan. Las relaciones sociales
de producción han quedado desligadas de su existencia real,
la lucha entre los diversos capitalistas y las clases obreras
homogéneas se subsume en una oposición fundamental entre la
lógica descarnada del capital y los valores de la experiencia
humana.
Estos
procesos de transformación social de la sociedad red también
afectan en profundidad a la
cultura y el poder. Las expresiones culturales se abstraen
de la historia y la geografía y quedan bajo la mediación predominante
de las redes electrónicas de comunicación, que interactúan con
la audiencia en una diversidad de códigos y valores.
La política se encierra cada vez más en
el espacio de los medios. El liderazgo se personaliza y la creación
de imágenes es creación de poder. Todo ello tiene consecuencias
profundas sobre las características, la organización y las metas
de los procesos políticos, los actores políticos y las instituciones
políticas.
A un nivel
más profundo, los cimientos materiales de la sociedad, el espacio y el tiempo, se están transformando
en torno al espacio
de los flujos y al tiempo atemporal. Las funciones dominantes
de la sociedad se organizan en redes pertenecientes al espacio
de los flujos quedando enlazadas en todo el mundo, a la par
que se fragmentan las personas subordinadas al espacio múltiple
de los lugares, compuesto por localidades desconectadas entre
sí. Mientras tanto el tiempo del reloj continúa caracterizando
a las funciones subordinadas y a las localidades específicas.
La construcción social de nuevas formas de espacio y tiempo
dominantes desarrolla una metarred que subordina grupos sociales
y devalúa territorios, creando de esta manera una distancia
social infinita entre esta metarred y la mayoría de los individuos,
actividades y localidades del mundo.
Desde
una perspectiva histórica más amplia la sociedad red representa
un cambio cualitativo en la
experiencia humana. Estamos ante una nueva era en la que
la cultura hace referencia directa a la cultura, una vez que
se ha dominado a la naturaleza hasta tal punto que ésta se preserva
como una forma cultural: el movimiento ecologista pretende reconstruir
la naturaleza como una forma de cultura ideal. Estamos entrando
en un modelo puramente cultural de interacción y organización
social. La información se convierte en el ingrediente clave
de la organización social y los flujos de mensajes e imágenes
de las redes constituyen la fibra básica de nuestra estructura
social. Es el comienzo de una nueva existencia y de una nueva
era marcada por la autonomía de la cultura frente a las bases
materiales de nuestra existencia. Solos en nuestro mundo humano,
habremos de mirarnos en el espejo de la realidad histórica y
como señala Castells, "quizás no nos guste lo que veamos".
2. El poder de la identidad:
Castells
realiza un análisis empírico de las manifestaciones sociales
sobre las que apoya sus tesis sobre la identidad:
- El concepto de estado-nación moderno, propio de la
sociedad industrial, ha perdido soberanía y legitimidad.
- El movimiento obrero se desvanece.
- Las iglesias mayoritarias pierden capacidad de control
sobre la conducta de los ciudadanos.
- Se alteran algunos códigos culturales: se cuestiona
el patriarcado y entra en crisis el concepto de familia.
- Las ideologías políticas que se apoyaban en las instituciones
industriales -el liberalismo apoyado en el Estado y el socialismo
apoyado en el trabajo- pierden sentido y significado.
Como resultado
de estas características convergentes surge en la sociedad civil
una serie de identidades
legitimadoras, "introducidas por las instituciones dominantes
de la sociedad para extender y racionalizar su dominación frente
a los actores sociales".
Las identidades compartidas hasta ahora se disuelven y la sociedad
como sistema pierde cohesión y se diluye.
Dialécticamente
aparecen identidades
de resistencia "generadas por aquellos actores que se
encuentran en posiciones/condiciones devaluadas o estigmatizadas
por la lógica de la dominación, por lo que se construyen trincheras
de resistencia y supervivencia basándose en principios opuestos
a los que impregnan las instituciones de la sociedad".
Tales identidades se apoyan en valores tradicionales
y constituyen frentes de gente que se resiste a la privación
de sus derechos.
La esperanza
reside en la aparición de identidades-proyecto,
"en las que los actores
sociales, apoyándose en los materiales culturales de que disponen,
construyen una nueva identidad que redefine su posición en la
sociedad, y al hacerlo, pretenden la transformación de toda
la estructura social". Estas se convierten en una cuestión
clave, capaz de reconstruir potencialmente una nueva sociedad
civil y, la larga, un nuevo Estado.
Las identidades-proyecto
surgen de las identidades de resistencia actuales. Todavía se
nutren de las identidades
de la sociedad industrial, pero suponen una reaccción a los
intereses establecidos por las redes globales del capital, poder
e información. Por ello, en estos movimientos también se pueden
apreciar algunos riesgos:
- Las
comunidades religiosas pueden derivar fácilmente en fundamentalismos.
- Los
nacionalismos pueden legitimar posiciones de atrincheramiento/aislamiento
frente a otros.
- La etnicidad suele formularse en apoyo a otras
identidades comunales, en lugar de inducir nuevos proyectos.
- Los
gobiernos locales y regionales se reafirman en torno a identidades
territoriales.
- Desde
la libertad de identidad sexual se socavan las raíces del patriarcado
pero también de la familia.
- El ecologismo
propugna un proyecto cosmológico donde se integre la naturaleza
y la sociedad.
En realidad
todos estos proyectos surgen de la resistencia comunal, más
que del intento de reconstrucción de las instituciones de la
sociedad civil en crisis. La lógica dominante de la sociedad
red provoca desafíos en torno a las identidades de resistencia
y a las identidades-proyecto que surgen potencialmente de estos
espacios.
Pero la
pregunta clave en torno al poder
se mantiene: ¿donde está el poder en la estructura social?.
La respuesta sigue siendo obvia: el poder nos da forma social
y nos domina. El poder impregna la sociedad red. Ya no reside
en las instituciones (Estado) ni en las organizaciones (empresas
capitalistas) ni en los controladores simbólicos (iglesias,
empresas mediáticas, etc.). Ahora se expansiona y difunde en
redes globales de riqueza, poder, información, imágenes que
se transforman según una estructura variable. Pero el poder-dominio
se mantiene, ocupando fundamentalmente el espacio simbólico
de los individuos y las colectividades.
Si el
poder se organiza a través de redes simbólicas de información
significa que se ubica en la mente de la gente. Esto lo convierte
en un dominio difuso y difícilmente identificable, pero quien
controle el pensamiento de las personas dominará. Ahora bien,
tales victorias pueden
ser efímeras, ya que la red coloca a los códigos simbólicos
en un torbellino constante y variable. Por esta razón son tan
importantes las identidades, ya que en torno a ellas se resitúan
los puntos claves del poder.
En estas
circunstancias ¿quienes son los
sujetos y protagonistas de
la era de la información?. No existe una respuesta clara,
lo que sí sabemos es de donde es probable que no surjan: ni
del movimiento obrero que ha quedado superado históricamente,
ni de los partidos políticos, que han agotado su potencial de
cambio social. Por ello los movimientos sociales que surgen
de la resistencia comunal (movimientos ecologistas, feministas,
fundamentalistas religiosos y nacionalistas...) son los sujetos
potenciales de la era de la información.
Como reflexión
ante la descripción de este fin de siglo realizado por Castells,
cabe resaltar la perspectiva dialéctica -una vez más- en la
que se sitúa el desarrollo histórico. La lógica de los flujos,
con su tendencia imparable a la globalización, impone una lógica
de dominio sobre el mundo simbólico de los ciudadanos ante la
que surgen movimientos de resistencia. Estos presentan una dimensión
también dialéctica: por una parte se apoyan sobre valores tradicionales
de carácter regresivo (fundamentalismos religiosos, nacionalismos
disgregadores), pero por otra pueden dar lugar a movimientos
de reconstrucción donde se reconceptualicen algunos valores
ya conocidos (ecologismo) y se propicien formas de vida más
humanizadas.
Pero esta
esperanza no debe hacernos olvidar el inmenso poder "ideológico" de las redes de información, asi como las estructuras de poder-dominio
que se originan en los flujos. Estas estructuras resultan a
veces difíciles de detectar y ahí reside nuestra responsabilidad
como miembros de la especie humana: deberemos analizar, vez
por vez, cada situación para evitar caer en las trampas simbólicas
del dominio. Este análisis crítico necesita ser compartido (intersubjetivo)
para evitar caer en nuevas formas de "ideología".
Y todo
esto, desde un entorno privilegiado como es la educación, que
tiene como material de trabajo la transmisión de valores culturales
y sociales y se mueve en un espacio simbólico (conservador pero
también reformulador de símbolos). ¿Qué mejor lugar para el
debate sobre los nuevos valores alternativos o para la crítica
de aquéllos que hasta ahora han impregnado nuestra cultura y
que se evidencian obsoletos para afrontar una sociedad más justa?.
Consideraciones finales:
Creemos
que la tarea a realizar comienza ahora, en el debate de este
Seminario. Se han señalado algunas categorías explicativas de
los fenómenos sociales en los que estamos inmersos; fenómenos
sociales de los que participa activamente la escuela. Hemos
apuntado algunas categorías descriptivas acerca de las actuales
redes de poder que hoy en día constituyen el entramado social. La escuela no sólo no es ajena a las situaciones
de dominio que se van desvelando sino que contribuye eficazmente
a su legitimación. Desde la postura dialéctico-crítica de este
Seminario queremos desvelar las dos caras de la misma realidad
-siguiendo el pensamiento dialéctico-negativo de Adorno-, es
decir, queremos sacar a la luz tanto la contribución de la escuela
al mantenimiento de un sistema social arbitrario e injusto y
las redes de poder infiltradas en la escuela
(que todos sus actores tejemos consciente o inconscientemente),
como la capacidad crítica que tiene esta institución y sus potenciales
de cambio hacia sociedades más justas y humanizadas.
Para llevar
a cabo la tarea crítico ideológica inicial consideramos que
la categoría de colonización
del sistema sobre el mundo de vida, por su carácter analítico
y crítico, puede contribuir en mayor medida a la clarificación
de las redes de poder en las que participa la escuela.
Después
de esta reflexión nos gustaría proponer al grupo las siguientes
cuestiones, como tema de debate:
¿Qué fenómenos de colonización sobre el mundo de la
vida escolar se aprecian en el ámbito de:
la organización del centro,
del lenguaje y los valores del profesorado,
de la evaluación?
¿En qué forma afecta a las funciones que desempeña actualmente
el sistema educativo la nueva concepción del trabajo en una
sociedad red?. ¿Se podría realizar alguna propuesta crítica?
¿Qué papel podría desempeñar la educación institucional en el
surgimiento de nuevos movimientos de identidad?
¿Qué derivaciones pueden extraerse del concepto de acción comunicativa
como soporte de una educación dialógica?
¿Qué valores de los señalados en la descripción social de los
autores tratados se transmiten a través del currículo explicito
y/o oculto de la escuela?.
¿Qué relación podemos establecer, desde una perspectiva crítica,
entre la creciente situación de multiculturalidad en nuestros
centros y el desarrollo de proyectos de identidad?
..........
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