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Juan Mainer
Punto de partida:
El desarrollo del capitalismo ha supuesto una
creciente complicación en las formas de acumulación económica como
en las modalidades de producción y distribución de capital cultural.
Los sistemas educativos modernos (en particular a partir de finales
del XIX) constituyen una parte importante de los aparatos ideológicos
de legitimación simbólica y de control social. A partir de la SGM
la escuela alcanza además su máximo grado de universalización, generalización
y autonomía como esfera peculiar donde se recrean y distribuyen
los valores socialmente dominantes. La escuela y los s.e. como
instituciones básicas para transmitir discursos legitimadores y
reproductores, que funcionan con cierto grado de autonomía.
La educación como un imaginario social
(J.L.Pintos: "Los imaginarios sociales. La nueva construcción
de la realidad social". 1995): es decir, como un mecanismo
(entre muchos otros
) a través del que un determinado orden
social llega a ser considerado por la gente como algo natural y,
consiguientemente, establece la dominación social como una coacción
legítima, hegemónica, indiscutida y aceptada. Un mecanismo social
e institucional que se orienta a intervenir en la construcción de
las creencias básicas de los individuos y que es capaz de responder
ante un sistema complejo de racionalidades en conflicto (en la línea
de la escuela como encrucijada de "culturas" de A.Pérez
Gómez).
Cultura pública (significados sobre las
distintas formas de saber y hacer acumulados a lo largo del tiempo
cultura de la modernidad racionalista o ¿culturas públicas?).
Un concepto en crisis. Cultura académica (conjunto de saberes
destilados de la cultura pública). En este sentido, el autor, en
el libro La escuela en la sociedad neoliberal introduce aún
un término nuevo la cultura crítica que es la propia de aquéllos
que producen el conocimiento, a diferencia de la académica que constituiría
el campo propio de los reproductores.
Cultura social
(significados, valores, normas, ideas, instituciones
y comportamientos hegemónicos en el contexto social globalización):
individualismo-competitividad, obsesión por la eficacia, conformismo
social, la pérdida de la noción de situación (ahistoricidad). primacía
de la cultura de la apariencia, etc. La denominada cultura experiencial
es, en cierto sentido, un destilado o subproducto de la anterior,
pues constituye la peculiar configuración de significados y comportamientos
del alumnado.
Cultura escolar (la producida y
desarrollada en el seno mismo de esta institución: conjunto de significados
y competencias que genera como institución social). En buena medida
identificada on la cultura profesional de los profesores: aislamiento,
funcionarización, burocratismo, conservadurismo y resistencia a
los cambios, eficientismo y/o pragmatismo.
A la clasificación de A.Pérez Gómez
pueden oponérsele severas reticencias: para empezar la abusiva utilización
del término "cultura" (habría que hablar mejor de racionalidades);
en segundo lugar la escasa homogeneidad de criterios subyacente
a esta tipología y, derivada de ella, la incapacidad que el esquema
general presenta para ejercitar con "estas culturas" un
pensamiento realmente dialéctico o para introducir variables definitorias
como las de clase, etnia o género
Dice J.L.Pintos: "los imaginarios sociales
serían precisamente aquellas representaciones colectivas que rigen
los sistemas de identificación y de integración social y que hacen
visible la invisibilidad social." (pág. 8)
Tanto las teorías (y sus enfoques) que se han
ocupado de explicar y analizar los sistemas educativos, como los
propios sistemas, constituyen discursos y prácticas sociales (realidades)
en permanente evolución: se trata de construcciones sociohistóricas.
De ahí que en la confluencia de la historia y la sociología (críticas)
es donde podemos extraer los análisis más fecundos para entender
el presente y proyectar transformaciones radicales para el futuro.
El estudio genealógico de la escuela proporciona herramientas
para su transformación.
Momentos y autores en la sociología de la
educación
Los años 60 son los años de disputa del
positivismo, de la impugnación generalizada de la racionalidad instrumental
que hasta entonces habían guiado los estudios sociales en el contexto
internacional, después de la SGM. Esto supone, como es sabido, una
notable renovación de este tipo de estudios. relacionada con la
incorporación de nuevos paradigmas y objetos de investigación, alejados
del funcionalismo y del economicismo imperantes hasta entonces (la
escuela como factor básico de cohesión social y como encarnación
viva del valor de la igualdad de oportunidades que legitima las
diferencias individuales
)
FRANCIA: el tema estrella desde mediados
de los sesentas era desentrañar el papel de la escuela en el afianzamiento
y reproducción de las desigualdades sociales, que tiene en la obra
de Bourdieu y Passeron (primero Los herederos, publicado en 1964 y después
La Reproducción, ya en 1970) su máximo exponente. La aportación
de estos autores que por otra parte evolucionará de forma
considerable en obras posteriores consistía en un intento
de sintetizar la tradición weberiana con la marxista. Allí se demuestra
cómo la escuela ejerce una "violencia simbólica" mediante
la que impone un "arbitrario cultural" o "cultura
legítima" (inventado por quienes detentan el poder y
el "capital cultural")que, a su vez, genera un "habitus"
que está en el origen de la "distinción" y de las diferenciaciones
sociales. Así, la escuela es un elemento básico e inexorable de
reproducción socioeconómica y funciona imponiendo significaciones
disimulando las relaciones de fuerza, ejerciendo una violencia simbólica
,
a través de la acción, la autoridad y el trabajo pedagógicos. En
la misma época, desde una óptica marxista estructuralista, dos discípulos
de L.Althousser tratarán de estudiar la escuela como un aparato
ideológico de estado, explicando así las dos redes de escolarización
existentes: Baudelot y Establet en La escuela capitalista en Francia, 1971. La escuela sigue, según estos
autores, seleccionando a la misma elite aunque emplee medios y métodos
diferentes; en este sentido no deben confundirse "democratización"
con masificación (mero incremento dew alumnado escolarizado): la
igualdad de oportunidades, única traducción posible de la democratización
escolar, sigue siendo una desiderata inalcanzablew en el sistema
capitalista.
Los años 80 son en el mundo galo años
de profundas transformaciones en los sistemas escolares: un incremento
espectacular de públicos escolares diversos y heterogéneos en "espacios"
poco o nada preparados para ello. Se detecta una inadaptación de
las prácticas pedagógicas y de las formas de enseñanza y estas deficiencias
se tratan de solucionar potenciando la descentralización de las
decisiones administrativas y esperando que sean los propios centros
docentes los que se adapten con sus proyectos a las nuevas situaciones
planteadas
Se desarrollaron toda una serie de medidas legislativas
que dieron lugar a la intensificación de "colegios-ghetto",
etc. Paralelamente a estos cambios, los estudios galos sobre sociología
de la educación fueron evolucionando desde la búsqueda de leyes
generales para entender el funcionamiento global del sistema, hacia
los estudios etnográficos de los microsistemas escolares. Las nuevas
preguntas parten de los nuevos problemas: ¿cuáles son las soluciones
para combatir el fracaso escolar, cómo gestionar las nuevas aulas,
cuáles son los criterios para considerar una escuela buena y eficaz
?
En el contexto de este pragmatismo eficientista y tecnocrático que,
por cierto, gestionan muy bien los gobiernos socialdemócratas de
era Mitterrand los discursos de la década anterior se perciben
desmovilizadores y pesimistas
En el centro del discurso se
sitúa ahora el actor (agente) portador del cambio y la innovación
posibles
, lo cual ha conducido a la utilización de otros métodos
como la investigación-acción, la observación participante, la etnometodología
,
y la apertura a otras disciplinas (pedagogía, sicología
).
En los últimos diez años se ha producido una diversificación de
los estudios sociales en Francia: al lado de trabajos destinados
a desentrañar la relación entre escuela y clases sociales (Prost)
o entre escuela y género (Baudelot), se abren camino otros relacionados
con el profesorado y sus prácticas (Fourquin).
GRAN BRETAÑA Y USA: los años 70 y finales
de los 60 suponen en el mundo de la sociología anglosajona una ruptura
análoga a la francesa con el funcionalismo dominante. Habría que
relacionar a éste con los años de crecimiento y desarrollo económico
imparables, el auge de la guerra fría, etc. Uno de sus "popes",
Clark, coinventor de las teorías sobre el capital humano con Schultz,
expresaba con claridad la visión funcionalista de la escuela: "Una
escuela eficaz es aquélla que sabe proporcionar educación básica
para todos y a la vez es capaz de identificar los talentos necesarios
para la sociedad." (1962, en Educating
the expert society).
El fracaso de las políticas de igualdad
de oportunidades y de desarrollo (también en el Tercer Mundo), los
primeros síntomas de la crisis del sistema capitalista, los movimientos
estudiantiles
, comienzan, a principios de los 70, a cuestionar
el funcionalismo y a poner de relieve el papel marginal de la educación
como factor de movilidad social¶ otros enfoques van abriéndose paso.
En USA domina un enfoque más estructuralista, próximo en muchos
sentidos a las teorías reproduccionistas galas (Bowles, Gintis,
Giroux, Levin, Apple
): la escuela no es un ente neutro en
una sociedad dominada por el consenso, sino que responde a los intereses
del capitalismo dominante
En el Reino Unido surge un interés
vigoroso por el estudio del propio proceso educativo como contexto
en que se produce y reproduce conocimiento; un interés que da lugar
a la denominada "nueva sociología de la educación" cuyo
hito culminante es la publicación de una compilación de textos a
cargo de M.Young (1971), titulada Knowledge
and control. New directions for the Sociology of Education,
en la que aparecen ya firmas de viejos conocidos como B.Bernstein
y P.Bourdieu. Las premisas de este nuevo enfoque remiten a la sociología
del conocimiento y hacen hincapié en el interés que para la transformación
de la escuela tiene el análisis del currículum. La nueva sociología
de la educación situaba pues la crítica de la cultura y del conocimiento
escolar en la médula de la reflexión genealógica y sociológica sobre
la escuela. Paralelamente a ello, se produjo una fecunda remodelación
de los enfoques y objetivos de la historia de la educación y el
currículum, superando, al fin, el tecnicismo y el narrativismo jurídico-pedagógico
de la tradicionales historias de la educación. La confluencia de
la sociología y la historia en este terreno ha dado lugar a la reconsideración
y problematización del conocimiento escolar en tanto que construcciones
sociohistóricas; como ocurre, por ejemplo, en una de las más fecundas
ramificaciones de este tipo de estudios: los referidos al estudio
de las disciplinas escolares como los de I.F.Goodson (Historia
del currículum. La construcción social de las disciplinas escolares,
1995), Lundgren, Popkewitz, etc.
En general, puede decirse que los enfoques
reproduccionistas caen a menudo en un reduccionismo que conduce
irremisiblemente a paralizar la acción humana y a ningunear las
posibilidades de los agentes implicados en los procesos (ver los
artículos entregados de R.Flecha y las gentes del CREA). Incluso
los más relativistas, que, reconociendo el carácter eminentemente
reproductor de la escuela, le conceden cierta autonomía y capacidad
para el cambio social pues la consideran como un escenario de conflictos
políticos e ideológicos,se muestran incapaces (y desinteresados)
en llegar mucho más allá en sus análisis. De ahí la importancia
de autores como Apple o Giroux que partiendo de utilizar los conceptos
de ideología y hegemonía gramscianos defienden la "resistencia"
o los "espacios para la posibilidad" en la acción colectiva.
Estos últimos autores consideran que la
educación pertenece al "proceso por el cual la clase dominante
ejerce el control moral e intelectual sobre otros grupos sociales;
pero este control no consiste en una imposición ideológica sino
que representa un proceso transformador pedagógico y político en
el que la clase dominante articula un principio hegemónico que integra
elementos comunes que se hallan en cosmovisiones y en los intereses
de los demás grupos sociales." Es decir que la hegemonía se
extiende (también) a través de prácticas materiales cotidianas en
las que todos y todas participamos (aquí también está el "nuevo"
concepto de poder y de relaciones de poder que Foucault recupera
de Nietzsche)
Pero es precisamente en estas prácticas sociales
donde pueden emerger los elementos de oposición a la cultura legítima
o dominante, donde se resiste a la inculcación ideológica. En la
escuela esto último depende del papel de los profes (intelectuales
transformadores), de su capacidad como agente de cambio para reconstruir
una pedagogía radical, integrando elementos de las culturas subordinadas
en las prácticas cotidianas.
Ahora bien, ni Apple, ni Giroux llegan
más allá: ¿cómo se articula la conciencia crítica y en qué condiciones
tiene lugar? son asuntos que sólo la citada "nueva sociología
de la educación" parece estar interesada en responder. En este
empeño están las últimas obras de Bourdieu y, sobre todo, B.Bernstein
Como se ha dicho, para éstos el conocimiento
es una construcción social que tiene un carácter no objetivo ni
neutro: en el conocimiento escolar salen a relucir las relaciones
de poder que subyacen a una determinada organización y selección
del currículum. La tarea del sociólogo es desenmascarar los mecanismos
de poder que han llevado a esta selección y, por otroa, descubrir
e impugnar las formas de reificación de éste a través de la acción
educativa y pedagógica. Todo esto nos conduce inevitablemente al
análisis de la interacción en el aula, del espacio y el tiempo en
que se produce y reproduce el conocimiento escolar; en suma al abrazo
con lo micro y con la etnometodología.
La obra de B.Bernstein es significativa
e importante. Está centrada en el análisis de la reproducción cultural
y busca las relaciones entre el poder, las relaciones sociales y
las formas de conciencia. Sus trabajos se orientan en dos sentidos:
La sociolingüística:
cada clase social (género, etnia?) utiliza un código diferente de
comunicación. El acceso al código no depende de las características
del individuo sino de su posición en la estructura social. El acceso
del niño obrero a la escuela capitalista supone un choque cultural
y simbólico importante que no es casual: es una forma de control
social.
La
transmisión cultural de la escuela. El conocimiento escolar y la
forma de transmitirlo y evaluarlo son las claves para comprender
las formas de reproducción y dominación cultural en la escuela.
Así aparece la categoría de "código educativo", como el
principio regulador del currículum, de la pedagogía y de la evaluación.
Hay códigos "fuertes" y débiles" (y pedagogías visibles
e invisibles), dependiendo de cómo se realice la clasificación del
contenido a transmitir y la inculcación del mismo en función de
un control más o menos rígido. El paso de códigos fuertes (agregados,
segregadores) a códigos débiles (integrados, comprehensivos) obedece
a los cambios habidos en la función de control social que se asigna
a la educación en cada momento
Para seguir avanzando
Esto último nos conduce, de la mano de
Bernstein, de Foucault, de Goodson y de otros muchos
, a profundizar
un poco más en el significado del conocimiento escolar, como construcción
social que se produce y gestiona en la escuela sobre la base muchos
elementos que lo constituyen y dotan de sentido en el marco de los
posibles "modelos de enseñanza" existentes. Proponemos,
a través de él, iniciar una inmersión crítica a las entrañas del
sistema escolar al objeto de poner(nos) de manifiesto obstáculos,
dificultades, posibilidades y sugerencias para su transformación.
Empero, antes de seguir avanzando quizá
fuera necesaria alguna otra sesión para afinar el análisis de las
relaciones entre escuela y sociedad aquí (en España) y ahora (en
1999). Sugerimos para ello las obras y autores siguientes:
CASTELLS, M. (1994): "Flujos,
redes e identidades: una teoría crítica de sociedad informacional."
En Varios autores: Nuevas perspectivas críticas en educación.
Paidós. Barcelona. pp., 13-55.
PINTOS, J.L. (1995): Los
imaginarios sociales. La nueva construcción de la realidad social.
Sal Terrae. Cantabria,
LERENA, C. (1986): Escuela,
ideología y clases sociales en España. Ariel. Barcelona. Edición
revisada y ampliada.
Revista Archipiélago.
nº6. Monográfico "Educar, ¿para qué?". 1991.
Revista Con-ciencia
social. nº2. Entrevista a Julia Varela. 1998.
PENSAR LA ESCUELA PARA TRANSFORMARLA
A PROPÓSITO
DE LOS ENFOQUES CRÍTICOS DE LA SOCIOLOGÍA Y LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN.
(2ª parte)
Introducción
Seguramente recordareis que al final de la primera
entrega de este documento terminaba diciendo: "esto último
(en referencia a la obra de Basil Bernstein) nos conduce, de la
mano de Foucault, de Goodson y de otros muchos
, a profundizar
un poco más en el significado del conocimiento escolar, como construcción
social que se produce y gestiona en la escuela sobre la base de
muchos elementos que lo constituyen y dotan de sentido, en el marco
de los posibles "modelos de enseñanza" existentes. Proponemos,
a través de él, iniciar una inmersión crítica a las entrañas del
sistema educativo al objeto de poner(nos) de manifiesto obstáculos,
dificultades, posibilidades y sugerencias para su transformación.
Empero, antes de seguir avanzando por este camino, quizá fuera necesaria
alguna otra sesión para afinar el análisis de las relaciones entre
escuela y sociedad aquí (en España) y ahora (en 1999)."
En aquella entrega trataba de poner de relieve,
entre otras cosas, que la fructífera confluencia de las miradas
sociológica e histórica permitía un acercamiento crítico al análisis
de la escuela. Para el caso español resultan a mi juicio imprescindibles
las obras de tres sociólogos, Carlos Lerena, Julia Varela y Fernando
Álvarez-Uría y la de un historiador de la cultura, Antonio Viñao
(la "selección" en R.Cuesta, en artículo sobre el particular
que acompaña a la entrevista realizada a J.Varela en el nº2 de Con-ciencia social). El primero, fallecido
prematuramente, publicó en 1976 su tesis doctoral Escuela, ideología y clases sociales en España
(editorial Ariel). Se trata de una obra monumental que marca un
antes y un después en la sociología de la educación española: el
intento más ambicioso y riguroso de realizar una interpretación
sociohistórica del sistema de enseñanza español en la era del capitalismo.
Los segundos, siguiendo la metodología genealógica de Foucault,
desarrollan una profunda y radical crítica a los procesos de escolarización
que arrancan de la modernidad contrarreformista. Por último, desde
una óptica más antropológica, Viñao aporta en sus estudios sobre
el concepto de "cultura escolar" elementos significativos
para conocer los entresijos de la profesionalización docente y de
la construcción de las disciplinas escolares, los espacios y los
tiempos. Así, de lo macro a lo micro, de las determinaciones sociales,
económicas y políticas, al vislumbramiento de potentes microcosmos
simbólicos y de prácticas y rutinas cotidianas
, disponemos
en la actualidad de un buen elenco de trabajos hay muchos
más realizados y en curso, que no procede glosar aquí que
nos permiten entender mejor la escuela y las posibilidades y límites
de su transformación. Son el fruto de las confluencias entre la
sociología y la historia, críticas y teóricamente informadas.
Sistema educativo y cambio social en
España: progresando hacia atrás
Carlos Lerena editó en 1986 la que sería
tercera edición de su Escuela, ideología
, a la que añadió
un enjundioso apéndice significativamente titulado, "Progresando
hacia atrás: de la época de la transición a la segunda mitad de
los años ochenta." En ella demostraba, en poco más de treinta
páginas, la falsedad de dos equívocos de base que han constituido
y constituyen el nudo gordiano del discurso burocrático de la política
de reforma educativa, empeñado en afirmar con hechos, balances, informes, diagnósticos
,
y otras muchas zarandajas, "lo mucho que las cosas han cambiado"
de un tiempo a esta parte. El primer equívoco se basa en suponer
que la realidad del sistema de enseñanza es producto de la política
escolar; el segundo, que los datos son la realidad (¿os acordais
del escrito de Jesús Angel Sánchez?) y que para preguntarse por
ésta basta con dejar a aquéllos hablar
Lejos de ser la burocracia
política la que produce la "realidad", es esta última
la que produce los ires y venires de aquélla; está claro que nuestros
buròcratas hacen lo que siempre han sabido hacer: escribir al dictado,
aunque ahora nos lo intenten "vender" como una proeza
de su peculiar sabiduría bautizándolo con el término realismo.
No es pues la política la que construye la realidad, sino que es
ella la que se deja hacer por ésta.
Lejos del pensamiento burocrático, ¿qué
suerte de demandas ha desplegado la realidad social española de
las últimas dos décadas sobre el sistema de enseñanza? Oigamos a
Lerena: cabe localizar estas demandas en cuatro distintos órdenes
o campos. Uno, orden económico: cambios en el régimen de producción,
proceso de crecimiento, industrialización y terciarización del sistema
productivo, profundización en la división técnica y jerárquica del
trabajo, urbanización creciente y aumento de los niveles de renta.
Dos, orden social: cambios en el sistema de clases, en la estructura
ocupacional, procesos de salarización, extensión de la familia nuclear
y expansión sin precedentes de las clases medias. Tres, orden simbólico:
la organización social de la cultura; cambios y renovación en el
discurso ideológico dominante, crítica del tradicionalismo. Cuatro,
orden político: modernización de las ideologías políticas, triunfo
del pragmatismo y posibilismo en política, nuevo cuadro administrativo
y aparato estatal, consolidación de una democracia pasiva y delegada
El sistema escolar, ocupando una posición de encrucijada, a través
de un proceso de adaptación, tuvo que cubrir estos cuatro frentes.
Ahora bien, el sistema escolar no ha sido simplemente un elemento
puramente receptivo; dicho sistema constituye un espacio parcialmente
autónomo, capaz de producir efectos propios. Cabría preguntarse,
según esto, ¿cómo se ha adaptado el sistema escolar a los procesos
de cambio (económico, social, cultural y político) y qué efectos
produce esa adaptación sobre esos mismos campos? Podrían mencionarse
cuatro tipos de efectos:
Sobre la (nueva) estructura y organización interna
del sistema escolar: tipos de dependencia y régimen de los centros
públicos, privados, confesionalidad, laicidad, niveles
educativos, jerarquización, composición de fuerzas, juego de intereses
Sobre la composición social
de los agentes del sistema escolar, básicamente del alumnado y del
profesorado: reclutamiento, extracción social, grado de feminización
y tipología cultural del alumnado y del profesorado. Respecto a
éste, además, situación laboral, niveles, categorías, proceso de
formación y selección
Sobre el funcionamiento interno
del sistema escolar: reparto de papeles y cometidos entre profes
y alumnado, orientación y organización del currículo, técnicas didácticas,
proceso de clasificación y selección escolar modos de la cultura
examinatoria, sistemas de evaluación de resultados
Sobre los propios campos económico,
social y cultural. ¿Qué nuevos efectos producen los cambios operados
en el sistema de enseñanza sobre la realidad
, por ejemplo,
en relación con las estrategias de distinción social? ¿Cuál es la
valoración social que se otorga a los diplomas escolares en el mercado
laboral, simbólico, personal, matrimonial
?
Dos ejes discursivos del campo semántico
de la ideología dominante del periodo 1960-1980 son básicos para
entender los procesos de reforma o adaptación del sistema escolar
a los cambios sociales operados en el seno del capitalismo hispano:
uno del orden económico, capital humano, otro del socio-político, igualdad de oportunidades. Que el criterio de rentabilidad económica
y el de justicia social sean compatibles y que, además, se impliquen
el uno al otro, constituye un feliz lugar de encuentro que hará
por fin compatibles el mercado con las preocupaciones sociales
,
y tendrá su peculiar plasmación en el famélico ensayo de "estado
de bienestar" que tanto la ley Villar, como la propia LOGSE
intentaron regular. No obstante, pronto, como sabemos, se nos descubriría
el auténtico valor de este planteamiento y sus limitaciones: en
realidad, todo se trataba de una moderna versión del cuento de la
lechera
; así, pronto se empezará a hablar del problema de
la sobreescolarización, de la funcionarización del profesorado, de la
masificación, de la degradación de la enseñanza o del funesto despilfarro social que supone
el paro de los universitarios, por ejemplo. En la práctica a nadie
se le oculta que hoy la rentabilidad y la justicia social son razones
que discurren en paralelo, sin encontrarse jamás
Lo cierto es que, quebrada la dinámica
económica ascendente de los sesenta (y primeros setentas) y saturadas
las exigencias del cambio de estructura ocupacional, la crisis económica
está servida y paro e inflación serán compañeros de viaje de la
errática evolución experimentada por el aparato productivo durante
los últimos veinte años. La llegada de la democracia política (el
proceso de igualación de los dominados, como decía Max Weber), como
se sabe, fue paralelo a este proceso de recesión económica, sin
embargo, la demanda de escolarización no hizo sino crecer: la sociedad
percibía y en buena medida sigue percibiendo que fuera
del sistema de enseñanza no hay salvación, sólo subempleo, paro
y marginalidad. Esto supone la entrada del sistema educativo en
un marasmo de encrucijadas y paradojas: para las familias, precisamente
porque los títulos tienen menor valor social, éstos son más necesarios
que nunca; para los gestores de la administración escolar la constante
ampliación de la oferta educativa ha sido una fácil alternativa
a las políticas de empleo y orden público
, y así, suma y sigue
paradojas y desencuentros.
Señalaba Lerena diez procesos o acontecimientos
esenciales que han tenido lugar en el sistema educativo a lo largo
del periodo 70-90 (selecciono deliberadamente los que no se referían
específicamente a la Universidad):
Un reforzamiento del carácter dual público/privado
(subvencionado) del sistema de enseñanza, a través del torticero
y tramposo argumento de la libertad de enseñanza, es decir de la
libertad de mercado.
Ha variado significativamente
la composición de los efectivos escolares, sobre todo su distribución
por sexo y clase social. Habría que añadir hoy el trasunto étnico
y cultural.
Ha habido cambios importantes
en el funcionamiento interno del sistema. Se ha reforzado, por ejemplo,
su papel seleccionador, evaluador, muy por encima del inculcador
o transmisor. Enseñar a examinarse parece una tarea básica del actual
sistema
"Con esto, el laborioso proceso de infantilización
del alumnado, el memorismo, el efecto paralizante de asignaturas
neutralizándose unas a otras, la caricatura del enciclopedismo,
con esto, digo, la vigencia de los seculares vicios parece seguir
garantizada." (pág.454, op.cit.)
Pérdida progresiva del valor
social de los diplomas y lenta corrosión de la cultura académica
Lo que de verdad cuenta (o sigue contando) fundamentalmente son
los hábitos de la clase social de origen, las relaciones de clase,
el capital social.
Lerena llegó a escribir líneas casi premonitorias
sobre la enseñanza española que no me resisto a transcribir íntegramente
para nuestra consideración:
"Durante
estos diez años, se ha pasado en este punto de una situación de
hecho a una de derecho: lo que se llama legitimación y consolidación.
Bajo los lemas de comunidad educativa en versión eclesiástica
y comunidad escolar en
versión socialista se ha jugado y se sigue jugando a las reglas
más seculares y ortodoxas del sistema escolar: la connivencia y
el conchabamiento entre la familia y la escuela. Que los empresarios
ya no puedan hacer del todo lo que les dé la gana y que los padres
se reúnan con los profesores, etc, puede considerarse que forma
parte de las anécdotas administrativas, no del fondo de la cuestión.
Remedar en el escaparate de la escuela el juego del parlamentarismo.
Más allá de su letra, la música que suena en estos conciertos obedece a las reglas de la armonía
en su definición más pura y clásica.
Siendo
ésta la cuestión central, la transición ha consistido en el terreno
escolar en una transacción, en una cesión sin más. O, expresado
de otro modo, aquí no ha habido reconversión y quizá era más necesaria
que en el sector industrial. Aunque, dicho de otro modo, sí la ha
habido: se ha diezmado la enseñanza privada espúrea el pequeño
empresario y se ha saneado a la privada de verdad. Más allá
de la problemática puramente ideológico-confesional, el tren de
la enseñanza pública parece perdido ya. Parece perdido porque la
estrategia de reproducción de las clases medias las clases
de la cultura consiste básicamente en el reforzamiento de
la enseñanza privada. Este reforzamiento y su extensión hacia el
bachillerato y a la enseñanza universitaria es lo que precisamente
trae debajo del brazo ese liberalismo que vuelve sobre sus orígenes.
Quiero decir sobre los orígenes del capitalismo." (págs., 461-462,
op.cit.)
Sobre la situación actual
Para orientar una reflexión colectiva
sobre lo ocurrido en el sistema educativo durante los últimos nueve
años (década de los noventa), remito al lector o lectora, con absoluta
humildad
, al artículo "Encrucijadas y paradojas de los
cambios educativos" aparecido recientemente en el nº38 de la
revista Archipiélago y
que se adjunta a estas líneas fotocopiado.
En
el intercambio de correspondencia que entre Raimundo Cuesta y yo
hubo durante los días en que redactamos conjuntamente este artículo
(febrero de este año), escribí algunas notas y comentarios que,
revisándolos ahora, me parece que puede tener sentido traerlos aquí,
a colación. En cualquier caso puede resultar útil leerlos, antes
o después, junto al artículo citado:
Veo
la escuela en el capitalismo como un espacio gestado para la reproducción
y para el disciplinamiento y socialización de cuerpos y almas. Partir
de aquí nos conduce a reverdecer algunas ideas centrales: fundamentalmente
la genealogía de la cultura escolar como un conjunto de tradiciones
sociales discursivas y prácticas, que, en la medida
en que acaban constituyéndose como auténticos "códigos disciplinares"
que modelan y prefiguran la realidad, constituyen el instrumento
básico a través del cual se produce el "milagro" de la
socialización-reproducción escolares.
La
escuela se constituye así como uno de los aparatos civilizatorios
decisivos de la era del capitalismo tú mismo así lo expresas
merced a la utilización de un saber codificado, jibarizado, cosificado,
que actúa como elemento de legitimación dispositivo de saber-poder
foucaultiano cobrando sentido per se y al margen de la vida
misma. Acontece, en suma una escisión primigenia, fundacional, entre
cultura escolar y cultura de la vida que necesita de cuando en cuando,
relegitimarse y refuncionalizarse, al hilo de las transformaciones
sociales y económicas protagonizadas por el sistema capitalista,
especialmente a partir de los procesos de urbanización y proletarización
masivos palpables abiertos ya desde finales del siglo XIX.
Ese saber, convertido ya en "mirada"
única, uniforme y uniformizadora, disciplinada y disciplinadora,
se halla entonces dispuesto para ser inculcado e inoculado en tiempo
y espacialidad determinados. La mirada se hace "visión"
verdad canónica indiscutible e indiscutida y puede compartimentarse
sin riesgo en lo que, con rigorismo inusitado, llamamos "asignaturas",
"horarios", "exámenes"
, elementos clave
de la cultura escolar. Comienza (o continúa) así la gran impostura,
un proceso de "culturización" virtualmente escindido de
las experiencias vitales y, sobre todo, sociopolíticas de sus adquirientes,
que, sin embargo, se convierte en un elemento diferenciador y clasificatorio
de los sujetos que aspiran a integrarse en la comunidad social adulta,
es decir, en la vida. (Recientemente, un buen artículo de Félix
Ovejero "Aprender para olvidar, aprender para vivir"; El País 24 de febrero de 1999 refería
con indudable tino algunas facetas realmente hilarantes de esta
impostura secular
). Al hilo de estas cosas quizá vendría bien
reproducir un lúcido párrafo de A.García Calvo referido a la escuela
y al conocimiento escolar: "
puesto que lo que hay que
saber es lo que está sabido, y que es asimilándolo como el estudiante
se asimila al Orden establecido y se hace pieza útil de su ordenación,
se comprende sin más que, con la habitual inversión de las relaciones,
el examen (el asegurarse que cada uno sabe lo que sabemos entre
todos) se haya convertido en la función esencial de dichas instituciones
a la cual quedan subordinadas, como objeto de examinación y a la
vez pretexto decente para la apariencia del Centro, las actividades
de enseñanza, adiestramiento y supuesta investigación." (En
Historia contra tradición. Tradición contra Historia. Lucina. Zamora,
1983)
Suponer, como atinadamente advirtió W.Benjamin, y
antes el propio Nietzsche, que "saber es poder" y postular
como hizo la ilustración primero la socialdemocracia después
que en la divulgación del conocimiento científico socialmente adquirido
residía una de las claves para el logro de la felicidad universal,
de la superación de las desigualdades o una buena receta para la
emancipación colectiva
, no deja de ser una idea que debería
ser sometida al ojo de la crítica y al escrutinio de la metodología
de la sospecha
¿Cómo es posible afirmará preguntando
Benjamin que el mismo saber que corrobora el dominio de la
burguesía sobre el proletariado capacite a éste para liberarse de
dicho dominio?: popularizar la ciencia aseverará Nietzsche
supone efectuar un corte sin criterio (desacreditado) de la levita
de aquélla para ofrecerla a un público mezclado
He aquí la sospecha de que la escuela en el capitalismo
es una gran trampa, un espacio para la ambigüedad y la ambivalencia
calculadas. Efectivamente, el "conocimiento escolar",
hipostasiado y des-vitalizado, no sólo no capacita para la vida
sino que incapacita para el pensamiento crítico y emancipatorio.
Pudo haber sido la escuela refugio de la mirada plural y democrática,
cita para el pluralismo cognoscitivo, pero, evidentemente, no lo
fue nunca
Su genealogía desde la modernidad está intrínsecamente
unida al triunfo del imperio de la mirada única y vigilante: visión,
escritura y poder. Y, sin embargo, la religión del progreso tomo
la idea también de Benjamin, que convierte a la escuela en
una suerte de iglesia universal de la sociedad tecnológica, permanece
vigente y actúa como un potente anestésico que a menudo nos ha llevado
a confundir sueños y realidad. La reivindicación de la escuela,
la apología permanente de su necesaria
reforma, surge así como un locus
recurrente de ese estado de ensoñación en el
que nos representamos a nosotros mismos como partícipes activos
de un continuum histórico de progreso humano
incesante, inconcluible
, en el que la escuela y sus enseñanzas
son armas para la libertad.
Desde estas ideas podemos analizar críticamente el
sentido y la función de las reformas educativas en la escuela capitalista
española a partir de los años 70. Me parece acertado considerar
el periodo 70-90 como una misma secuencia reformista que obedece
a la progresiva implantación del llamado "modo de educación
tecnocrático de masas" en nuestro país y el consiguiente abandono
de las formas más elitistas del "modo liberal tradicional".
Señalaría dos cosas: para empezar me parece
imprescindible escribir sobre la importante (aunque tardía y defectuosa)
"conquista social" que ha supuesto la extensión de la
escolarización obligatoria hasta los 16 años. Se trata, antes que
nada, de la aplicación de una versión liberal del principio de igualdad
de oportunidades que surge con fuerza renovada del consenso social
interclasista Pactos de la Moncloa, etc. conforme al
que se funda el régimen de monarquía democrático-representativa
consagrado en la Constitución de 1978. De su irrefutable historicidad,
se deduce su (perversa) ambivalencia y ambigüedad: se hace pasar
por conquista (el sueño al fin hecho realidad
), lo que, precisamente
por la manera en que se lleva a efecto, se convierte en mecanismo
relegitimado de selección y clasificación social ¡les damos
una oportunidad de oro, si no saben aprovecharla se demostrará fehacientemente
que ni aun por esas
, por nosotros que no quede!, ¿qué más
podemos hacer?. Como antes decía la cultura escolar necesita
relegitimar y refuncionalizar su dominio de vez en cuando y especialmente
en momentos de cambio y ascenso social, a ciertos niveles de bienestar,
para las "nuevas" clases medias.
El caso español ha sido especialmente sangrante por
cuanto la realización del sueño ha venido casi aparejado con un
temprano deterioro de las expectativas sociales que en él se depositaron
como decía Lerena en España nos hacemos conversos antes de
que nos llegue la secularización: las razones "externas"
son muchas, como es bien sabido (la coyuntura de crisis económica
del primer quinquenio de los 90, el imparable crecimiento del paro,
etc.), pero yo citaría un grave problema de financiación o
mejor de ausencia de tal cosa que ha padecido el sistema público
educativo español merced a la permanente "distracción"
de fondos que han ido a engrosar el peculio del sector privado:
el abusivo incremento de los conciertos educativos producido en
la coyuntura amplia 1970-1995 es la otra cara del carnaval reformista
que no ha hecho sino manifestarse de manera más diáfana desde la
llegada de la derecha liberal al poder (financiación "encubierta"
de los tramos de enseñanza no obligatorios, fomento de la llamada
"libre adscripción del alumnado" entre centros de primaria
y secundaria, etc.). Un cúmulo de "circunstancias desgraciadas"
que han desencadenado la apertura de un, al parecer, incontenible
proceso de diferenciación y jerarquización de los centros docentes
cuyas consecuencias sociales y culturales son realmente graves.
Así, la reforma de la escuela deviene, una vez más, en asunto pendiente,
en ensoñación permanente
A modo de resumen podríamos concluir este apartado
reiterando las dos notas que han caracterizado (y marcado) el decurso
de este proceso reformista en España: la permanencia, resistente
e indeleble, de la anatomía patológioca y tradicional de la cultura
escolar que se traduce en la persistencia de un tipo de conocimiento
asignaturizado y de sus formas básicas de distribución e inculcación,
por una parte. Y la escasa capacidad transformadora de los cambios
introducidos que han operado fundamentalmente en la epidermis del
sistema educativo, permitiendo, no obstante, la apertura de algunas
fracturas y desajustes en los que han ido a instalarse una explosiva
mezcolanza de nuevos discursos y viejas prácticas
Creo que recordar los dos aspectos reseñados
anteriormente permitirá al lector enlazar la lectura del texto con
otra idea por la que se puede demostrar cómo la sola voluntad de
innovar el sistema, desde los parcos supuestos y en las penosas
condiciones generadas por las recientes reformas, ha hecho que,
una vez más, la lógica de la realidad haya triunfado sobre la razón
del deseo
En cierta medida, aunque parezca un contrasentido,
la sola voluntad de innovar ha terminado por desembocar en una frustrante
imposibilidad para transformar la realidad escolar.
La voluntad de innovar, reconocible ya no sólo
en el trabajo de las vanguardias pedagógicas, sino también en el
empeño de los propios aparatos tecnoburocráticos de la administración
educativa empeñados en convertir la innovación pedagógica en un
estado de gracia permanente característico del "nuevo"
concepto de profesional docente del que el sistema educativo reformado
estaba necesitado, se torna en un certero antídoto contra la transformación
progresista de la escuela. Efectivamente, tú describes perfectamente
la estrategia de la "formación-innovación en cascada"
y sus actores principales
El escaso fuste de su discurso teórico
una suerte de miope pragmatismo sicologizante incapaz de ir
más allá de la defensa de un currículo muy tradicional, en el fondo,
aderezado por un vocabulario sicopedagógico plagado de inefables
neologismos, unido al paulatino reforzamiento de la vigilancia
de la administración educativa mediante la intensificación de los
controles técnico-burocráticos proyectos curriculares, educativos,
niveles de concreción, etc. sobre el profesorado, ha permitido
pasar (y "superar") con inusitada rapidez el sarampión
del inductivismo experimentalista, para entregarnos de pleno a un
proceso de "normalización curricular" al parecer aún no
totalmente concluido.
Lo cierto es que todo este proceso se ha "vivido"
como algo profundamente negativo no sólo para la escuela sino para
la profesión docente en su conjunto. El caos del relativismo, el
mundo exuberante de la mirada plural, diversa y pluralista propio
de una época marcada por los embelecos de la escuela soñada
,
es algo que atrae y seduce, al mismo tiempo que repugna, repele
y produce insondables miedos que con facilidad tradúcense en histerias
colectivas: se hace preciso refuncionalizar el poder, revitalizar
la autoridad, regresar a la seguridad que otorga la visión de la
verdad, con su lógica implacable y eficaz. Así llegamos al momento
actual que cabría calificar como una época de crisis y descrédito
(deslegitimación) de los discursos y las prácticas innovadoras en
la escuela. Algo que, con características similares, se conoció
anteriormente en otros países unos diez años antes.
Todas las reacciones son humanas, demasiado humanas
:
el profesorado de secundaria contempla con pavor las nuevas (y cada
vez más exíguas) cohortes de discípulos "desmotivados"
en ocasiones incluso díscolos y "conflictivos"
incorporados de súbito a los mismos espacios y ritmos temporales
que otrora servían para domesticar especies que habían sido ya seleccionadas
previamente, sin contar ahora con explícitos mecanismos de coacción
académica como antaño: por su parte, el alumnado navega sin brújula
la existencia del Departamento de Orientación no es, paradójicamente,
sino la prueba palpable de esa carencia en un proceloso océano
de obligaciones difusas, controles, exámenes, cuadernos y asignaturas
de denominación imprecisa e intensidad horaria diversa. Mientras
tanto, las administraciones educativas asistidas de toda una pléyade
de asesores, expertos y profesionales de toda laya se hallan empeñados
en una lucha sin cuartel por reorganizar el actual currículo: deconstruido
en exceso para unos, abusivamente escorado hacia saberes técnico-prácticos
para otros, parvo y mezquino con los dominios humanísticos para
la mayoría
La guerra de la Historia y las más recientes banderías
de otras disciplinas por ocupar y/o ampliar su "franja horaria",
son paradigmáticos de este clamor social en favor de la relegitimación
del conocimiento oficial y de la escuela como aparato civilizador
y guardián del orden social. Pero, ante tal estado de cosas, ¿acáso
no nos asisten razones para encomendarnos al panopticum benthamiano?
Lo curioso, lo portentoso, lo indignante para
nosotros
, es comprobar que, a pesar de todo, la escuela
no fracasa; por no fracasar, tal y como se deduce con facilidad
de los argumentos expuestos hasta aquí, no fracasa ni siquiera "la
reforma". En todo caso el fracaso de la escuela pública se
percibe como tal únicamente desde el submundo de las enosoñaciones
de las nuevas clases medias ascendentes: un contratiempos sin importancia
que encuentra parcial alivio en las múltiples alternativas de educación
privada subvencionada existentes.
Evidentemente, para "quienes hacemos frente
a la tarea de enseñar dentro de una escuela que no nos gusta"
no se trata de argumentar sobre el éxito o el fracaso de ésta, sino
de preguntarnos en qué medida podemos colaborar en su transformacin.
Si la voluntad de innovar se revela como un horizonte confuso, escasamente
reflexivo e incapaz de producir modificaciones de cierta magnitud
en el seno de los sistemas educativos
, parece necesario orientar
nuestros esfuerzos a desarrollar nuevos discursos y prácticas que
partan de una crítica radical y global de la escuela en la sociedad
capitalista. Trocar la voluntad de innovar por la voluntad de transformar
supone afrontar la tarea de la construcción de una didáctica de
la crítica.
Una propuesta para seguir avanzando (y dudando):
leer a B.Bernstein.
Terminaré este documento que alguno(a)
criticará, con razón, por incluir contínuas autocitas
con otra alusión (¿¡!?) a la primera parte. Recordaba en ella la
importancia de una compilación de textos a cargo de M.Young (1971),
titulada Knowledge and control.
New directions for the Sociology of Education, que suele considerarse
como la obra seminal de la nueva sociología de la educación, en
la que aparecen firmas de viejos conocidos como Bernstein y Bourdieu.
Esta nueva sociología de la educación situaba la crítica de la cultura
y del conocimiento escolar en el centro de la reflexión genealógica
y sociológica sobre la escuela y por lo tanto apostaba por conceptuar
al sistema educativo como un sujeto activo y autónomo y no como
un mero transmisor pasivo de señales que se emiten en otras esferas
más decisivas y decisorias. La crítica al reproduccionismo mecanicista,
la concesión de una influencia creciente a lo simbólico la
cultura como espacio de poder donde se dirimen importantes
asuntos en relación con la reproducción social
, según hemos
convenido en este Seminario, constituyen el punto de partida básico
a partir del cual estaríamos en condiciones de edificar alternativas
al menos para resistir, ya que no para transformar
¿Qué nos ofrece B.Bernstein, uno de los
más interesantes "nuevos" sociológos de la educación,
en este sentido? Entre otras cosas, leyéndolo y releyéndolo estos
meses he encontrado importantes paralelismos entre sus líneas de
investigación y las categorías de conocimiento que va constituyendo,
por una parte (hay que tener en cuenta que en treinta años éstas
han cambiado y evolucionado considerablemente, aunque sea percibible
un hilo conductor de preocupaciones muy sólido), y muchas de las
"conclusiones provisionales" y conceptos que nuestro rápido
y eficaz periplo sobrevolando las teorías sociales "de moda"
nos ha proporcionado, por otra. No entraré aquí, por no aburrir,
en un análisis pormenorizado de las aportaciones más significativas
de Bernstein (la explicación de conceptos básicos en su obra como
código, clasificación, enmarcamiento, teoría de la práctica pedagógica,
pedagogías visibles e invisibles, podemos tratarlo en la propia
sesión, aunque recomiendo encarecidamente que os leáis antes el
artículo de uno de sus discípulos Alan R.Sadovnik también
incluido en este envío pues aclara y sitúa admirablemente
muchas cosas), pero haciendo una lectura interesada de su obra a
la luz de nuestras pesquisas sobre la sociedad actual y su caracterización,
intuyo claras las siguientes ideas o hipótesis de trabajo:
La necesidad de una teoría social que explique y sitúe
las cosas: es esencial tener en cuenta el auge de las nuevas clases
medias surgida del aumento de la complejidad en la división del
trabajo propia del último capitalismo o capitalismo reorganizado.
Las constituyen agentes especializados en tareas de control simbólico:
profesiones especializadas en servicios personales que dominan y
producen los códigos discursivos propios del campo de control simbólico;
Bernstein les denomina "agentes de la normalización social"
ya que tienen funciones eminentemente normalizadoras tanto en el
sector público como en el privado; define así los agentes y las
agencias y su división del trabajo:
* Reguladores (definir, supervisar
y mantener límites de personas y actividades). Policía, Iglesia,
Judicatura.
* Reparadores (diagnosticar, prevenir,
reparar fallos en cuerpos y mentes o relaciones sociales).
Medicina, psiquiatría, servicios sociales.
* Reproductores. Profesorado,
sistema escolar.
* Difusores: agentes de medios
de comunicación, agencias de comunicación, espectáculos, consumo
cultural.
* Configuradores: artistas,
científicos, intelectuales, centros de investigación.
* Ejecutores: administración
pública en general.
La
importancia creciente de estas nuevas clases medias y de sus funciones
se manifiesta claramente en una lucha sin cuartel por el control
de los discursos y las prácticas pedagógicas. En el caso español,
como hemos visto, es clarísimo este proceso; el propio Lerena escribía
al final de la obra ya citada: "en la sociedad de la segunda
mitad de los ochenta, el conflicto de clases tiene en el orden simbólico
o cultural y ello por procesos radicados en el sistema de
producción y que afectan a toda la estructura social su escenario
más característico. Dentro del sistema educativo escolar y
extraescolar es en donde tiende ahora a desplazarse la batalla."
(pág. 466)
El análisis y la crítica de las
prácticas pedagógicas, del conocimiento o de la cultura escolar,
se nos antoja por tanto como el camino obligado a seguir, si queremos
formular alguna propuesta coherente. Para este empeño irrumpen aquí
con fuerza dos "antiguos" conocidos: por un lado, los
fenómenos de colonización del sistema sobre el mundo de vida y viceversa
como ya dijimos muy útiles para entender el porqué de las
prácticas pedagógicas invisibles bernsteinianas; por otro,
los fenómenos de desanclaje individual y social como trasfondo de
las inseguridades ontológicas giddesianas
, un constructo útil
para analizar los límites tanto de las prácticas pedagógicas invisibles,
somo los rearmes sucesivos del reglamentismo escolar, del control
burocrático, etc., etc.
Afirmar que el conocimiento
y la pedagogía están ideológicamente sesgados (contra las mujeres,
grupos étnicos, clases obreras
)no nos capacita automáticamente
para analizar y oponernos a las condiciones históricas que han producido
esos "sesgos"
Necesitamos un análisis conceptual
de la transmisión de poder y de las relaciones de control que establecemos
a través de cómo estructuramos la comunicación pedagógica; recuerdo
a este respecto lo que nos dice Gurpegui en sus textos: la crítica
al discurso ideológico se ha hecho casi siempre desde fuera, pero
no desde el propio interior del discurso, desde su lenguaje
Bernstein nos propone una auténtica sociología de la pedagogía (o
de las prácticas pedagógicas) que nos permita explorar sus códigos
e interpretar no sólo sus determinaciones de clase sino las diferencias
de aprendizaje que producen entre clases, culturas y géneros diferentes.
"A este respecto, el concepto de «dispositivo pedagógico» de
Bernstein se centra en las reglas y condiciones de producción, distribución,
adquisición y recontextualización del conocimiento; a diferencia
del «dispositivo de adquisición del lenguaje» de Chomsky, el «dispositivo
pedagógico» no es neutral ni se produce de forma natural. De acuerdo
con la lingüística funcional de Halliday y Hasan, el mismo discurso
pedagógico puede analizarse como un caso de conexiones sistemáticas
entre la forma lingüística y la función ideológica." Del prólogo
a Pedagogía, control simbólico e identidad
de B.Bernstein (1998), escrito por Parlo Singh y Allan Luke, pág.17.
Queda aún otra línea de trabajo
menos desarrollada en Bernstein que es la que le vincularía con
otros teóricos de la resistencia o la posibilidad, como Giroux
Es decir, el papel transformador de las prácticas o dispositivos
pedagógicos. Podríamos enlazar aquí con las ideas habermasianas
respecto a la acción comunicativa y con las propuestas de Castells
referentes a la construcción de identidades de resistencia e identidades
proyecto. En este punto Bernstein, precisamente en la obra citada
(última traducida al castellano; original del año 1996), sostiene
que actualmente las categorías simbólicas construidas a partir de
indicadores biológicos y culturales (edad, cultura, género, sexualidad,
etnia
)constituyen recursos débiles para la construcción de
unas identidades que tengan una base colectiva estable; al mismo
tiempo asistimos, a través del conocimiento oficial, a un proceso
de desintegración (y reconstrucción) de otras identidades colectivas
anteriores, abriendo la posibilidad a la configuración de otras
que el autor denomina "descentradas" (neoliberal, polifuncional),
"retrospectivas" (conservadora recalcitrante) y "prospectivas"
(neoconservadora). Para mayor información sobre esto de las identidades,
se ruega al lector o lectora consulte el capítulo IV, "Conocimiento
oficial e identidades pedagógicas: la política de la recontextualización",
del libro citado que adjuntamos también a estas líneas.
Bibliografía recomendada (no se cita la aludida
en texto o fotocopiada)
VARELA, Julia (1991): "Una reforma
educativa para las nuevas clases medias". En revista Archipiélago,
nº6. Barcelona. (págs. 65-72).
BERNSTEIN, B. (1985): "Clase y pedagogías
visibles e invisibles". En GIMENO SACRISTÁN y PÉREZ GÓMEZ:
La enseñanza: su teoría y
su práctica. Akal. Madrid.
BERNSTEIN,
B. (1993): La estructura del
discurso pedagógico. Morata. Madrid.
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