Reflexiones acerca de las prácticas escolares y la Didáctica Crítica. Sobre metodología y contenidos (2).

 

Mario Franco

(Fedicaria-Aragón)

 

Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento, que el pensamiento es estar siempre de paso, de paso, de paso...

L.E. Aute.

 

La redacción de la metodología, las técnicas y los contenidos, participa de unos principios o criterios generales que espero concuerden con la cita de arriba.  Estoy bastante convencido de ellos e intento, dentro de las muchas limitaciones personales que tengo, llevarlos a la práctica.  Me parece conveniente exponerlos al principio para dar sentido a lo que sigue[1].

 

 

La provisionalidad de todo y la necesidad de revisión y corrección permanentes. 

 

Va uno entendiendo poco a poco que las programaciones, planes y proyectos que pueda realizar son unas cosas muy etéreas y débiles.  También me van pareciendo cada vez más sospechosos los grandes modelos cerrados que pretenden abarcarlo todo, en unas y otras esferas de la vida.  Y este medio convencimiento medio sentimiento querría aplicarlo a mis métodos en clase también.  Decía una de las conocidas sentencias de Murphy que “si algo parece que te ha salido bien es que no lo has examinado suficientemente”, y que “si algo puede ir mal, irá mal”.

 

Suponiendo que haya conseguido llegar a un funcionamiento de las clases que me parezca mejor que el del año anterior, tendré que revisarlo constantemente, porque por el mismo acontecer cotidiano de las clases provocará la acomodación y el aburrimiento del alumnado, personas jóvenes e inquietas que viven en una sociedad llena de reclamos excitantes (luego no lo son tanto, pero mantienen el nerviosismo).  Tendré también que vigilar cuándo sucede esto a unos alumnos/as y a otros/as, dentro del mismo grupo, porque no son iguales, aunque me dé a mí por tener la manía de tratarlos por igual, entre otras cosas porque es más cómodo desde el punto de vista de la fatiga cotidiana.

 

Por otra parte, mis diseños no son perfectos precisamente, y en su desarrollo van mostrando su faz esa gran cantidad de cosas que no había previsto y que sencillamente estaban mal diseñadas o directamente equivocadas.  Cuando me imagino que tal cosa provocará tal reacción no preveo que en muchas personas la respuesta será totalmente distinta.  No queda más remedio que aprender y rectificar[2]

 

Esta metodología tendrá propuestas equivocadas.  Eso es seguro.  Como todo en esta vida.  Pero, aunque no fuera así, sería por poco tiempo. Las cosas tienen siempre su revés, que tendré que tener en cuenta permanentemente:  los otros aspectos que se te escapan porque se quieren imponer tus intenciones de dominio entre otras cosas, y no te dejan ver lo que ocurre de verdad.

 

Desde esta perspectiva es imposible admitir la posibilidad de un modelo que pretenda tener validez general y vocación de permanencia y estabilidad y al cual pueda uno acogerse y sentirse seguro[3] (y tampoco proponer yo uno, claro).  Más bien me guiaré por la contrastación constante de las cosas que vayan sucediendo, por una especie de principio de reducción al absurdo:  ante las disyuntivas cotidianas tratar de optar por la vía menos opresiva, por la que más concuerde con las finalidades de la educación a que me refería en el documento de explicación general.  Los referentes teóricos que uno baraja son sólo referencias que deben entrar en diálogo crítico constantemente con el acontecer diario,  para que las clases tengan más sentido desde unos presupuestos educativos emancipadores.

 

 

La página web.

Vamos a intentar al presente curso aprovechar las posibles ventajas que pueda tener  la utilización de las llamadas tecnologías de la información para la clase.  En concreto trataremos de mantener una página web que refleje una buena parte de las actividades que realizaremos a lo largo del curso.

La estructura de la página (siempre con un carácter de provisionalidad, porque no partimos de experiencia anterior, aunque, por supuesto, miraremos todas las referencias de que dispongamos):

- Una primera presentación de explicaciones generales, y vínculos a cada uno de los cursos, con invitación a quien la visite para aportar sus comentarios.
- Una página por grupo en la que consten una serie de actividades y circunstancias diversas en el transcurso del año escolar. Este esquema procede de la propia organización escolar.  Posiblemente sería muy interesante el intercambio o trasvase de experiencias entre diversos grupos y no es una posibilidad que se deseche, aunque de momento la actividad se centra en los grupos en los que imparto clase.
- Planteo la actividad para todos los grupos en los que tengo docencia directa. Tal vez tendría más sentido al ser una actividad nueva, también para mí, comenzar sólo con uno o dos, hasta tener conocido el funcionamiento y las dificultades, pero eso podía haber traído parejo el problema de “por qué nosotros/as no  y esos/as otros sí”, bastante complicado desde mi punto de vista tras la información que di a comienzo de curso y la disposición de principio que tenían los alumnos/as.

- En la página constarán, o se tratarán de integrar progresivamente y por este orden: los diarios o resúmenes de la clase; una relación de aportaciones, sugerencias y críticas; también los trabajos que realicen los alumnos/as en el curso; una exposición de los problemas más significativos del grupo y el tratamiento que les damos entre todos/as. Las actividades que se pudieran plantear más allá del grupo concreto, en el centro y fuera de él. También una relación de materiales disponibles en el instituto y en la red.
- Un tratamiento personalizado para cada alumno/a, en lo que se refiere a la comunicación de sugerencias, correcciones, dudas, etc., en forma de archivo particular con acceso mediante clave es una labor que no creo que pueda comenzar en este curso, por falta de tiempo y conocimientos informáticos suficientes en este momento, aunque es una posibilidad que estudiaré para sucesivos.


Las ventajas que se podrían obtener.

 

- Dar cuenta de la actividad en el aula. Sus avances y sus problemas. Que no quede opaco o a merced de la interpretación particular de cada cual lo que se hizo y no se hizo en el curso, con los olvidos, alteraciones o invenciones característicos del paso de los días y de los intereses personales de cada uno. Que no sea casi secreta la actividad escolar dentro del aula, o por lo menos que sea menor.

 

- Que no se pierdan los materiales, para poder ser revisados cuando queramos. Ésta es una cuestión casi técnica del todo y un problema diario.  La cantidad de papeles que acumula un alumno/a o un profesor a lo largo del curso escolar es muy notable. Administrar su clasificación y archivo es muchas veces tarea casi imposible de llevar a cabo para una buena  parte de las personas, lo que contribuye a esos conflictos habituales en el transcurso del año escolar: “que si te di el trabajo, que si no; que si me lo he olvidado en casa o que no lo encuentro...”  Con la página web tenemos un archivo organizado y no extraviable todo el curso. En el caso de los diarios de clase por ejemplo la informatización y publicación en la red para poder ser consultados suponen una ventaja evidente, frente al riesgo de abandono de la actividad por no poder materialmente gestionar los olvidos, errores, inserción en el día correspondiente de ellos... ante la gran ocupación de tiempo que suponen estas tareas.

 

-  Contribuir a la alfabetización en las tecnologías de la información. Que los alumnos/as se vayan habituando progresivamente a la utilización de la informática e internet de una manera normal, para la búsqueda de información actualizada y la comunicación, no para las prácticas habituales de jugar o “chatear” solamente (los que lo hacen, que no son todos, aunque sí un número notable). Profundizar en el uso de estas herramientas como medio y en forma crítica: La búsqueda: ¿de dónde extraigo la información? ¿quién o quienes están detrás de unas páginas u otras? El análisis y valoración del hecho de la información fragmentada y fragmentaria de la red y sus diferencias respecto a los libros...

 

- La práctica de la exposición oral: los trabajos se expondrán ante el grupo con soporte audiovisual que muestre su localización en la página web. Más abajo hablo de esto con algo más de detalle.

 

- La posibilidad de comunicación en otros momentos distintos a la de la hora de clase, que espero vaya introduciéndose poco a poco hasta ser práctica más o menos habitual.

 

- La integración progresiva de la enumeración de los materiales que utilizan los alumnos/as para que sea referencia para otros y pueda ser aprovechado.

 

- La gestión de la página y la responsabilidad de su crecimiento por el alumnado, de manera que el protagonismo de la educación sea más real en cuanto a la organización de la actividad, es una pretensión a más o menos largo plazo, que en este momento no puedo precisar más pero que reflejo como algo a lo que habría que tender.

 

 

Los riesgos o peligros de la página.

 

- La seducción excesiva.  Que la página se convierta en un fin. Que las cuestiones técnicas y la posibilidad de introducción de elementos más o menos llamativos (presentaciones, animaciones, integración de video en su caso...) lleve a no considerar la pertinencia de diferenciar entre unos contenidos u otros, el debate y la profundización de la problemática actual de los temas que tratamos, de tal modo que la actividad formal o técnica, muy importante por otra parte, absorba otras actividades relevantes en la clase.  De todos modos tampoco creo que sea un asunto de preocupación inminente si se tiene en cuenta la disponibilidad de medios actual para mis asignaturas, aunque hay que tenerlo en consideración.

 

- La rutina.  El avance del curso junto a las dificultades de mantenimiento actualizado de la página frenan las posibilidades de crecimiento en cuanto a innovaciones y producen un sosiego en la sensación de novedad, lo que está muy bien, siempre que no conduzcan al abandono.  Se hace conveniente una renovación de las formas de presentación y una integración de más elementos que mantengan su interés.  Tal vez el primer año esto sea más difícil y sea más oportuno aposentar una estructura estable, insistiendo en su normalización. Veremos.

 

- La percepción por parte del alumnado que no tiene acceso fácil a estos medios, en el sentido de sentirse un tanto desplazado por esa carencia.  A esto hay que prestar una atención especial dejando muy claro que no son elementos indispensables ni diferenciadores en el ámbito particular para el desarrollo del curso.  A este alumnado habrá que facilitarle la información mediante textos y  ayuda cuando se pueda disponer del aula Atenea. También tendré que favorecer la colaboración entre alumnos/as como un elemento normal en las clases.

 

 

Los trabajos de los alumnos/as. Las clases diarias.

 

Esta actividad será una de las más importantes del curso.  La planteo como alternativa al procedimiento evaluador basado en la repetición más o menos exitosa de los contenidos del libro de texto por parte de los alumnos/as en exámenes o controles del estilo de papel en blanco y bolígrafo.  Ya comenté en la parte de la explicación general que ese sistema no sirvió en el curso anterior.

 

En un primer momento del curso actual planteo la posibilidad de realizar trabajos, entre dos personas como máximo salvo casos muy particulares, con tema libre. La pretensión es que los alumnos/as aprecien que es posible que ellos aporten conocimiento a la clase, que son capaces de exponer unas ideas sobre temas que les interesan previamente y explicarlas al grupo. Si ello se acepta y se cumple no será necesaria la realización de exámenes en el sentido habitual porque habrá suficientes elementos para evaluar el proceso de aprendizaje.

 

No será así en el curso de 2º de Bachillerato, porque los contenidos marcados exteriormente con la perspectiva de una prueba de selectividad en la asignatura de Geografía de España, requieren desde mi punto de vista de un cierto “entrenamiento” en el tipo de prueba del que serán examinados en junio. Dependiendo de las características, problemas e intereses de los alumnos del último curso podremos hacer más cosas o no.

 

 

La previsión provisional de las ventajas y los riesgos.

 

- En un principio la dispersión temática será considerable. En contrapartida confío en que aumente la percepción de protagonismo del alumnado. Tras la entrega de los trabajos han de exponerse públicamente y responder ante la crítica de los compañeros/as y del profesor para intentar corregir los defectos que se hayan apreciado en los siguientes. 

 

- Los contenidos temáticos reflejados más abajo han de tratar de integrarse en las explicaciones y comentarios de estos trabajos. Así como los elementos educativos llamados procedimentales en la jerga educativa: la búsqueda y selección de la información, la expresión oral y escrita, la organización y coherencia en la exposición de unas ideas, la integración con unos contenidos relevantes y con la reflexión crítica sobre los valores dominantes y sus alternativas (véase la parte de contenidos).

 

- En una segunda parte del curso, cuando toque la realización de los segundos trabajos, habrá que procurar una mayor convergencia con lo que comentamos y explicamos en clase para todo el grupo con los contenidos de los trabajos, mediante una profundización en el mismo tema por parte de cada alumno/a o la elección de un tema nuevo.

 

- El peligro del copiado.  Es una probabilidad evidente.  Pero también con el sistema de examen convencional. En todo caso el tratamiento de ese problema si se produce, espero que sea más rico que en caso de los controles habituales, dado que será sobre una elaboración de carácter más personal.

 

- Es esperable la recuperación de los tiempos, bastante considerables, que se llevan las fechas próximas a las evaluaciones, con sus correspondientes ausencias a la clase o imposibilidad de concentración en la actividad en el aula  y los  “atracones” memorísticos de contenidos que son rápidamente olvidados después de la prueba.

 

En la parte de análisis del desarrollo del curso relataré los problemas que vayan surgiendo y las soluciones o cambios que propongamos.

 

Las clases diarias tendrán tiempos consistentes en la exposición de temas por el profesor para todos la alumnos/as, y también tiempos consistentes en la realización de los trabajos, consulta de dudas... utilizando los equipos informáticos del aula Atenea del instituto cuando ello sea posible, así como la biblioteca. En otros momentos, dependiendo de la posibilidad de su uso, iremos al aula de usos múltiples para la exposición de los trabajos o para la explicación de técnicas de búsqueda o información en internet.  La práctica y los problemas cotidianos cargarán el peso en una cosa o en otra.

 

 

Los contenidos

 

Los temas que constituyen el contenido de las explicaciones generales en las clases pretendo tratarlos en forma crítica, problemática también. La seguridad sobre lo que es pertinente o relevante tratar en la educación secundaria no es absoluta en mi caso, sino que depende de una reflexión que no está terminada, ni puede estarlo, creo yo.

 

Un análisis detenido de los contenidos de un curso escolar en las diversas asignaturas plantearía posiblemente la discusión sobre la gran cantidad de conocimientos que se pretende adquiera un alumno/a, a partir de los programas oficiales y los libros de texto. La cuestión es si eso se aprende y también la consistencia de esos conceptos para la vida real de las personas en el mundo del siglo XXI que vivimos. También es muy interesante el estudio de tipo de cultura que hay detrás de ello. La intencionalidad clasificatoria desde los contenidos mismos, la cultura que aportará su contribución a la distinción entre los ciudadanos/as, las explicaciones de los acontecimientos históricos, por ejemplo desde opciones y perspectivas determinadas que refuerzan una reproducción de los modelos sociales hegemónicos, sin reflexión crítica, entre otras cosas porque no queda tiempo. Los modelos de examen acordes con ello tienen una íntima relación con un tipo u otro de contenidos.

 

El modelo habitual no funciona en muchos casos, pero es muy difícil (y sobre todo costoso) el cambio porque está sólidamente asentado.  Ponerlo en cuestión supone a veces experimentar la desagradable sensación de que no se pisa sobre terreno firme. ¿Intentar alguna innovación más o menos limitada supondrá perder el tiempo, en el sentido de que se hará más probable la dificultad para transmitir el conocimiento?

Yo creo que no se corren grandes riesgos porque lo que queda de verdad en la mayor parte del alumnado es realmente muy poco. El libro de texto, en tanto que es un material adquirido por los alumnos/as a propuesta de los miembros del departamento didáctico, debe ser aprovechado, pero no ser considerado como el dogma o como guía de la actividad en clase.

 

Se hace necesario en un intento de educación más activa y significativa optar por una línea problematizadora de las Ciencias Sociales. Mostrar su inseguridad y ambigüedad. Mostrar los distintos puntos de vista en su tratamiento y los intereses a los que obedecen, con la pretensión de que el alumno/a se pregunte también sobre sus presupuestos y actuaciones, con la intención de que la clase sea una aportación formativa para que el alumno/a que vaya construyendo criterios de decisión lo más consciente, libre y responsablemente que se pueda, en un espacio y tiempo de convivencia y diálogo en el aula.

 

Es necesario también que en las exposiciones sobre los contenidos de las asignaturas se reflexione y se debata sobre las circunstancias del mundo actual, en general y en particular, tal como es percibido por unos/as y otros/as. 

 

Y habrá que tener también cuidado con el adoctrinamiento, a partir de mis valores, aprovechando una más o menos posición de autoridad superior que el sistema me adjudica como profesor y que se da en la medida que el alumnado otorga su confianza. Tengo que explicar a menudo la posibilidad de contrastación de lo que digo.

 

Teniendo en cuenta todo lo anterior trataré por diversos procedimientos de que se traten en clase las siguientes  cuestiones o contenidos de asignatura:

 

3º de ESO.

 

- El fenómeno de la globalización desde una perspectiva crítica, como eje central. La economía.  Una introducción a la economía global.  Países empobrecidos y países enriquecidos.  Personas empobrecidas y personas enriquecidas en unos países y otros.  Los sectores de economía. 

- La demografía.  Inmigración, emigración, racismos y xenofobias.

- La situación de la mujer en el mundo y en España.  Los jóvenes y los ancianos. 

- La participación en la sociedad.  Y en el centro.  La familia, el barrio, los amigos/as, el instituto.   Las formas de vida actuales. La ciudad y el campo.

- El consumo, el ocio, los medios de comunicación y la publicidad .

-  El trabajo y el paro. Sus formas en la actualidad.

-  Un mundo conflictivo.  Las ideologías.  Las corrientes hegemónicas, las contrahegemónicas.   Los grandes conflictos: La guerra, el hambre.

 -El medio ambiente:  La naturaleza:  los climas, los paisajes, el agua, los recursos naturales, la energía.



1º de Bachillerato.

Los grandes problemas del mundo actual. El hambre. La discriminación de la mujer. Las otras discriminaciones. La guerra y el terrorismo. Las perspectivas históricas.

La participación.  La política. ¿Qué es? ¿Sólo un asunto de los políticos?  ¿Por qué tiene tan mala fama? Los partidos políticos y los sindicatos.  Sus formas de actuar. ¿qué podemos hacer? La Unión Europea.  Orígenes, desarrollo y momento actual.

La economía. Los grandes sistemas:  Capitalismo y socialismo.  Su desarrollo en la historia contemporánea. La actualidad de la cuestión. La globalización. Los organismos internacionales (FMI, BM, OMC...). Las transnacionales.  Los grandes negocios mundiales:  La deuda, las armas, la tecnología, la alimentación y la sanidad...  ¿Ricos y pobres o enriquecidos y empobrecidos? La relación con la política. 

Las democracias occidentales.  Las dictaduras:  Las de izquierda, las de derecha.  La historia:  el capitalismo, el socialismo, el anarquismo.  El nacionalismo. La perspectiva histórica.

Los antecedentes de la historia contemporánea:  El antiguo régimen en economía.  Estamentos y clases sociales.

Colonialismo y descolonización.  El tercer mundo:  los países “en vías de desarrollo” y los “subdesarrollados”.

El medio ambiente. La tecnología, la ciencia.

El arte (la literatura, la música). El cine. La TV.  Los medios de comunicación de masas.  El ocio.  El dominio simbólico.

Nuestra vida cotidiana y las corrientes dominantes en economía en la actualidad. La pretendida “naturalidad”, la Ética, los valores, los intereses, el consumo... ¿Qué hacemos y qué podemos o queremos hacer?.

 

 

El sistema de evaluación y las notas.

 

El proceso de evaluación tiene dos componentes que deben estar en relación estrecha:

 

- Cómo se está desarrollando el curso. Qué cosas se atascan y por qué. Qué dificultades estamos encontrando. Qué cosas podemos cambiar y cuáles no, contando con las posibilidades que tenemos.

 - El proceso de evaluación particular o individual de los alumnos/as y la obligación de hacer constar una calificación o nota en los periodos correspondientes marcados por la organización del instituto.

 

El primer apartado será más bien constante, además teniendo en cuenta que estamos iniciando un cambio metodológico general, salvo en segundo de bachillerato. La parte del análisis o desarrollo del curso es una evaluación de los avances y las dificultades, con la incorporación de los cambios que parezcan oportunos. El alumnado también puede participar, y sería indispensable que lo hiciera, aunque soy consciente de eso también es un proceso, mucho más lento y difícil de lo que a mí me gustaría. 

No es mayoritaria la conciencia de trabajo colectivo y solidario en el grupo, desde mi punto de vista. Más bien lo que predomina es una suma previa de intereses individuales, no siempre coincidentes, consistentes en obtener una calificación positiva en los periodos de evaluación dedicando el menor trabajo posible.

 

En otros casos, en una parte de alumnos/as numéricamente muy significativa en los cursos de 3º de secundaria obligatoria, hay una conciencia manifiesta, a veces desde bastantes años atrás (desde el nivel educativo de primaria, aunque parezca increíble, pero así lo declaran algunos chicos/as en ocasiones[4]), de que “no valgo para estudiar”, “a mí esto nunca me ha gustado”, “pero, ¿esto para qué vale?” que se puede resumir en un esperar a cumplir la edad de escolarización obligatoria, tratando de aburrirse lo menos posible. Esto tiene una influencia evidente en los problemas de comportamiento a los que me refiero más abajo, como se puede suponer fácilmente. Es opinión bastante extendida la que afirma que a estos alumnos/as les importan muy poco las calificaciones que constan en el boletín de las notas y que ello es causa fundamental de la imposibilidad de trabajar mínimamente con ellos.  Personalmente no tengo tan claro que ello sea así, por lo menos en todos casos. Creo que habría que valorar la profundización e interiorización de una frustración cada vez mayor que podría explicar, por lo menos en parte, determinados comportamientos tan molestos y difíciles de entender en ocasiones (la valoración social de la calificación como elemento determinante, cuando no único, del éxito o fracaso en esta etapa de la vida de una persona, tiene un peso muy considerable, a pesar de los cambios de mentalidad del alumnado actual respecto al de hace algunas décadas).

 

Mi planteamiento parte de tomar en consideración una opción, respecto a la evaluación y calificación posterior, basada en la intención de prestar ayuda para la formación frente a una opción clasificatoria. Si se obtiene un aprobado es porque ayudará y si se obtiene un suspenso es porque también; esa sería la situación ideal a la que trato de tender.

 

No trato de evaluar en busca de los errores, valoro los avances primordialmente, aunque no omito comentar, razonar y discutir las equivocaciones si surge la necesidad. Los elementos de evaluación consisten en la valoración de los trabajos, de su esfuerzo en la elaboración, en la exposición pública ante el grupo, en las intervenciones en las clases habituales en general.

 

No hay un nivel[5] previo que deba ser saltado, hay problemáticas personales de los alumnos/as y necesidades formativas, y debe haber diálogo sobre las aspiraciones y posibilidades en cursos futuros o no.

 

La práctica de la autoevaluación me parece muy interesante, aunque dudo que pueda comenzar en la práctica este curso. Veo demasiada obsesión por la nota en general y echo en falta esa percepción de ella como algo muy relativo frente a la valoración de la formación personal como lo principal y realmente importante. Lo que sí se da por mi parte es el tratamiento de la cuestión cada cierto tiempo con el consiguiente debate sobre el tema.  También es cuestión compartida y pública la valoración de los trabajos tras la exposición correspondiente, y de momento se da un grado de coincidencia entre todos/as bastante notable.


La cuestión de los comportamientos de los alumnos/as y los míos.

 

Las respuestas por mi parte a los comportamientos del alumnado creo que merecen una consideración  indispensable en esta parte de la metodología, si lo que quiero es dar una mínima idea general de la organización del curso escolar. Obviar este tema me parecería dar una imagen irreal de lo que pretende ser el curso.

 

No conozco una metodología general del tratamiento de las llamadas cuestiones de disciplina. Es más, desde una perspectiva particular, no creo que pueda darse. Más bien pienso moverme entre las incertidumbres y provisionalidades que como he dicho antes presiden estas líneas. 

 

La pretensión en este campo será moverme lo más lejos que sea capaz de lo que me parezcan soluciones excesivamente simples ante los problemas de comportamiento y también con una óptica, como antes he dicho del estilo reducción al absurdo: ante un problema la solución o vía de solución –muy provisional, repito-  posiblemente no sea aumentar su gravedad.

 

Creo que no es buena idea volver la espalda a los conflictos provocados por el comportamiento. Lo que posiblemente provocará una tal actitud será  que crezcan.

 

Veamos una enumeración de los posibles conflictos habituales y las respuestas que me propongo aplicar:

 

- No es asumible por el profesor la violencia física o simbólica de unos alumnos/as sobre otros.  En la práctica esto es en bastantes ocasiones complicado:  Cuando aprecio conductas opresivas desde mi punto de vista habré de observar muy bien si esto es realmente así.  En ocasiones he tenido experiencias de intervención por mi parte ante lo que me parecieron prácticas comportamentales violentas y se me contestó que no eran tales sino más bien comunicación entre amigos íntimos, con unas formas o expresiones francamente peculiares desde mi punto de vista para mostrar el afecto (no las reproduzco, piénsese en determinadas formas y ambientes que se viven en los últimos cursos de secundaria obligatoria, p.e.).  Pero por otra parte ante esas conductas, si son ciertamente violentas, el agresor/a siempre tiende a decir: “Es que no pasa nada, somos amigos/as”. Creo que tengo que observar y arriesgar, y rectificar cuando proceda. Y así constantemente.  En todo caso no habría que mirar para otro lado.  El alumnado en ocasiones afirma o confiesa, que sí existe una violencia entre alumnos, eso que se conoce como violencia simétrica (más o menos simétrica en la práctica, de hecho).

 

- La problemática particular de los alumnos/as puede ser considerada como igual o como muy diferenciada según la personalidad y circunstancias de cada uno de los chicos/as.  Creo que hay algunos/as que aceptan de una manera u otra la organización escolar y del aula, por unas u otras razones, y otros/as no, también por diferentes motivos. Y tengo que intentar que las sesiones en el aula tengan sentido para unos y otros lo que es muy problemático. En unos casos perdió sentido la clase por los mismos contenidos, irrelevantes para muchos alumnos/as, además de muy monótonos; en otros por deficiencias académicas en la actividad escolar que vienen de mucho tiempo atrás. La cuestión, desde el punto de vista de los comportamientos, es cuando ocurre que algunas personas han decidido previamente boicotear la actividad en el aula, sea la que sea, de una manera u otra y permanentemente.  Si tal cosa sucede requiere algún tipo de intervención, no es cosa de convertir la clase en una especie de guardería más o menos disimulada, porque “no hay otra cosa que hacer”.

 

- Como profesor no puedo concebir el aula y sus alumnos/as como una especie de imaginario basado en mi memoria, más o menos deformada, de tiempos pasados en los que se vivían otras formas, procedentes de concepciones de la disciplina de marcado carácter autoritario, que se aplicaban sobre un alumnado seleccionado socialmente y con intereses personales y familiares de ascender posiciones en el escalafón social, y que por lo tanto las aceptaba. Puede que queden retazos de algo así en algunos cursos y en algunos alumnos/as, pero en otros eso ya no existe prácticamente. Si no asumo como profesor que las circunstancias son diferentes voy a una colisión más que probable con el alumnado. Tendré que poner en cuestión también mis presupuestos educativos, cosa también costosa en muchos momentos.

 

- Tampoco veo que se pueda avanzar mucho con planteamientos “blandos”: “Vamos a dejar correr la cosa” y tengamos “buen rollito” o el mejor posible (al fin y al cabo la clase sólo dura cincuenta minutos y mañana será otro día), creo que debo tratar de “importunar” al alumnado e “interrogarle” sobre el por qué de sus actuaciones, a cambio de interrogarme y dejarme interrogar por las mías, con una frecuencia bastante habitual.

 

- Otra necesidad es la de no “rutinizar” la cuestión de la disciplina.  Que no se nos pase la clase entre broncas por una parte y otra sobre lo “justo o injusto” de actuaciones por las dos partes. Es otra trampa que se come la sesión lectiva, a veces buscada y deseada por determinados alumnos/as: Si empieza la bronca será muy difícil recuperar la clase concreta: o bien el profesor se desesperará y perderá los papeles cayendo en el autoritarismo incoherente y ya tenemos otro motivo para utilizarlo mediante la denuncia ante los compañeros/as en otra sesión y así no haremos otra que cosa más que eso.  He de buscar yo que la cuestión disciplinaria sea excepcional o por lo menos ocasional, lo cual requiere dotarme de una cierta astucia y paciencia..

 

- La sanción no puede ser rutinaria. Tiene que ser excepcional o al menos ocasional. Y tiene que ser explicada, comentada y lamentada. A veces será suficiente con la bronca. Otras con el cambio de puesto en clase (mucho más molesto de lo que parece para muchos alumnos/as), otras con la expulsión breve para meditar (como en ciertos deportes que sancionan con dos minutos fuera del juego), y si no queda más remedio, ante la contumacia del comportamiento que está molestando reiteradamente al colectivo del grupo, con la expulsión o anotación de un parte disciplinario.  Si llegamos hasta aquí el motivo lo redacto yo, porque si lo comunica un compañero del alumno/a en cuestión hace constar los motivos más insospechados o ridículos.

 

- Me parece muy importante la propuesta de reversibilidad siempre. No puedo pretender en ningún momento incidir en la irreversibilidad de su manera de ser sobre el alumno/a amonestado o sancionado en el sentido de persuadirle de que no va a conseguir nada en el entorno escolar, porque ya se lo piensa en muchos casos y busca motivos para abandonar o practicar el absentismo escolar hasta que cumpla los 16 años.

 

- También habré de reconocer los errores que se produzcan por mi parte. Del mismo modo que no podré poner normas o medidas incumplibles en la práctica porque minan la autoridad en el aula. Las normas son discutidas siempre que procede y corregidas en su caso.

 

- La cuestión del orden.  Habré de considerar preferentemente la idea de orden como representación de la diversidad y  no como pretensión de uniformidad[6]. Los alumnos/as son diferentes y con problemas y motivaciones diferentes y lo más interesante será lograr el desarrollo crítico de sus posibilidades como persona.  La clase requiere participación, lo que implica que en ocasiones tendrá su parte de bullicio. Una propuesta de participación y debate requerirá las oportunas paciencia y tolerancia.  También el esfuerzo de percepción que distinga lo que son diferentes formas de expresión de las actitudes irrespetuosas hacia las otras personas en el aula, sean alumnos/as o profesor. Habrá de tener una flexibilidad en cuanto a la cuestión de las formas para que no sea motivo de conflicto permanente. Pero poniéndolas en cuestión también en el momento conveniente.

 

- En resumen la sanción la trataré de aplicar siempre de una forma u otra cuando perciba hechos de violencia de cualquier tipo, también la simbólica, a veces más escondida. En segundo lugar no aceptaré el boicot del trabajo del grupo en clase. La cuestión de las formas me parece bastante menos importante, aunque sea también un asunto a tener en cuenta en el aula.

 

 


El desarrollo del curso.

 

En un principio hay una buena aceptación del planteamiento del curso, a partir de la explicación sobre la introducción de la página web este año y del trabajo consistente en la investigación y exposición de los temas elegidos por los alumnos/as. También parece bien la realización de diarios o resúmenes de la clase y su organización con explicaciones y uso de la informática, dependiendo de su disponibilidad. Los elementos de la página (con las fotos de la clase, los apartados de disposición de materiales, los diarios, etc.) son acogidos muy favorablemente. Esto era de alguna manera esperable, ya que supone una cierta o considerable novedad, según la perspectiva de la gran mayoría en los distintos grupos.

 

 

El curso 2º de bachillerato. Asignatura de Geografía de España.

 

Con el transcurrir de los días lectivos se va apreciando progresivamente una dependencia de la preocupación puramente académica sobre el temario oficial del curso (es conocida la considerable extensión que tiene). A pesar de la invitación a trascender los contenidos marcados para la materia no se consigue algo más allá de las clases considerablemente convencionales en un grupo de estas características. Los resúmenes de la clase se escriben con un razonable nivel de cumplimiento y puntualidad. Por lo menos ello supone una cierta innovación respecto a otros años.

El ambiente es agradable, aunque claramente academizado. Es lo que reclama el alumnado que necesita sean atendidas carencias formativas según cada cual, a veces considerables, de cara a la prueba de acceso y a sus calificaciones concretas en el curso.

Planteé la posibilidad de ofrecer modelos de ejercicios resueltos por mí para de ese modo disponer de tiempo para profundizar en otras cuestiones de carácter más problemático; pero de momento he aparcado esa sugerencia, porque temo se dedicaran las clases a la concentración en otras asignaturas, con una pérdida aún mayor de reflexión conjunta en los contenidos relevantes de las Ciencias Sociales.  La presión del examen es muy fuerte en este curso.

Existe un cierto problema del absentismo por parte de un grupo muy minoritario de alumnos/as, que o bien tienen otras perspectivas educativas o bien han hecho sus planes con proyecto de aprobar el curso en un plazo mayor de un año escolar.

En las explicaciones de clase trato de relacionar esos contenidos oficiales del curso con las problemáticas del presente que tengan relación con cada uno de los temas, en España y en el mundo.

 

 

El 1º de bachillerato. Historia del Mundo Contemporáneo.

 

La organización académica actualmente “repite” en este curso, para las personas que están matriculadas en la opción de Ciencias Sociales los mismos contenidos o una parte muy sustancial del programa que cursaron el año anterior (Historia Contemporánea).  Ello unido a la inexistencia de la presión de la selectividad permite un margen de autonomía en la clase sobre la organización del trabajo.

La sustitución de las pruebas de tipo control o examen (las llamadas de ensayo con papel en blanco y bolígrafo únicamente) por la realización de trabajo personal, que luego sería expuesto fueron muy bien recibidas.

 

La clase es muy bulliciosa, excesivamente.  Existe un cierto problema de responsabilidad que se ha de remarcar muy a menudo: En consonancia con los tiempos que vivimos existe una cierta tendencia a la protesta excesiva ante cuestiones irrelevantes que contrasta con la escasa respuesta ante la denuncia de sus incumplimientos.  Como colectivo el grupo tiene un problema de respeto a las personas que desean intervenir. En contrapartida es considerablemente participativo. Constituye un ejemplo típico de la dificultad que tiene la elección de una “programación del medio” abierta: Si no se permite o se raciona la posibilidad de expresión del alumnado éste se retraerá y tenderá a limitarse a cumplir el expediente con mayor o menor fortuna. En el caso contrario la “gestión” de la actividad lectiva es muy cansada y constituye un motivo de preocupación permanente la excesiva dispersión que se puede producir. Ellos/as siguen valorando el sistema actual como más útil o interesante.  En la evaluación primera del resultado de los trabajos vuelvo sobre la cuestión, pero incluyendo también a los cursos de 3º de ESO, porque surgen problemas similares.

 

Los diarios de clase funcionan bastante bien en cuanto a su realización y puntualidad. La actividad de tutoría es bastante sencilla con alumnos/as del penúltimo nivel. No hay consultas de los padres y madres de momento y los conflictos con otras asignaturas no son de importancia reseñable. Es el tema que más se ha tratado hasta ahora y no ha ocupado demasiado tiempo. Hay una demanda de información sobre los tipos de estudio futuro que se acometerá a partir de la segunda parte del curso.

 

 

Los cursos de 3º de ESO. 

 

Su composición y tipo de alumnado es bastante similar a lo que reflejaba en el documento de explicación general.  En estas circunstancias la acogida al proyecto emprendido en el presente curso supuso un cierto cambio de escenario respecto al año pasado.  No hay un rechazo frontal hacia la actividad en la clase y el ambiente es mucho más amable[7].  Los problemas de comportamiento son bastante habituales, pero tienden a remitir con el transcurso del año, por lo menos hasta la mitad del curso. Hay en general una relación bastante fluida. 

 

No pretendo ser exhaustivo en estas líneas sobre el desarrollo del curso escolar, pero creo que es oportuno hacer alguna reflexión sobre lo que acabo exponer.  Valorar como no excesivamente problemático el comportamiento del alumnado me parece que tendría que considerarlo como un éxito muy notable en la parte que corresponda al “método” o intento de configuración de un medio ambiente en el aula, donde sea posible la convivencia de una manera bastante razonable.  Por otra parte veo como irremediable la necesidad de no caer en una actitud relajada.  Hay problemas de aprendizaje, en el mejor sentido que se quiera dar al término, muy importantes y es ahí donde hay que insistir ahora.

 

Los diarios de clase no pueden funcionar como en los cursos de bachillerato. Los disquetes estropeados, los retrasos, los olvidos, los argumentos indemostrables (aunque suenan bastante creíbles) sobre averías del ordenador de casa... suponen una dedicación tal de tiempo que no merece la pena.  Y tampoco puede haber en todas las clases una llamada de atención (entiéndase una bronca) sobre esa cuestión. Los vamos distribuyendo: De vez en cuando los realizan los alumnos/as y otras haré yo un pequeño resumen. A partir del segundo trimestre los tres cursos entrarán en la actividad de este modo. 

Por otra parte, creo que siguen teniendo un interés evidente.

 

Las clases transcurren entre la búsqueda de información y consultas sobre problemas o cuestiones relacionadas con la elaboración de trabajos en el aula Atenea del instituto, dependiendo de la posibilidad de utilización. Por otra parte desde noviembre hay sesiones de exposición de los trabajos a los que luego me refiero. El respeto hacia el alumno/a que expone es bastante notable, y además en aumento, lo que no deja de tener implicaciones formativas evidentes en mi opinión.

 

Las explicaciones en clase por mi parte, siempre con posibilidad de participación, son bastante complicadas, analizadas desde la óptica de que realmente tengan utilidad educativa, no desde el de su impartición material, que no presenta mayores dificultades, sino desde la percepción que uno tiene de que les está llegando el mensaje.  Tienen siempre una intención de relación con los problemas relevantes que nombraba en la parte de los contenidos, y ello constituye un elemento de motivación cierto, pero no tan determinante como uno desearía. El debate en muchos casos se produce por la manifestación de opiniones de un marcado carácter individualista, sorprendente en ocasiones en edades tan tempranas. 

 

Una circunstancia penosa y previsible que suele suceder tras la primera entrega de calificaciones es el abandono por parte de algunos alumnos/as de este nivel educativo. Este año también, tal vez en número menor.

 

 

La realización de los trabajos.

 

Es una actividad central en el trabajo de este curso.  Y con la entrega de los primeros y el comienzo de las exposiciones han surgido problemas que no había yo previsto, por lo menos con suficientemente.

En el mundo estudiantil ha existido una tendencia a la copia de siempre[8]. Pero en los tiempos actuales de las tecnologías de la información y de la comunicación han surgido nuevas posibilidades para la consecución de esa práctica que requieren una reflexión especial, yo creo. 

 

A mi modo de ver la elaboración de trabajos personales como práctica primordial para la formación crítica de los alumnos/as es mucho más valioso que las pruebas de tipo examen o control. La recogida de información, la confrontación de las distintas opiniones sobre el tema (para ello puede ser muy útil internet con sus posibilidades de búsqueda rápida y el gran número de entradas de todo tipo para cada tema), y la aportación personal posterior desde la perspectiva propia, que también ha debido ponerse en cuestión a partir de las nuevas informaciones recibidas...; permite también avanzar en el problema de la expresión argumental de las ideas, crecer en la capacidad de redacción, etc., y posteriormente en la exposición oral con la oportuna defensa ante las intervenciones de los compañeros/as o del profesor.  Todo ello supone un esfuerzo y trabajo notables.

 
Llama la atención el entusiasmo o aprobación total que manifiesta el alumnado ante la propuesta de sustitución de las pruebas de examen por la realización de trabajos, si tengo en cuenta esa cierta tendencia a cumplir el expediente que nombré en el documento de metodología.

 

Con la entrega y comienzo de las exposiciones de los primeros trabajos del curso descubrí que una buena parte del alumnado no está tan familiarizado con el uso de la informática como presumía a comienzo de curso. Pero sin embargo está bastante al tanto, más que yo en muchos casos de la existencia de determinadas páginas web de donde se puede copiar literalmente el contenido de un pretendido trabajo “elegido”.  La insistencia en preferir determinadas temáticas que se le antojan a uno bastante alejadas de la problemática que puede estar viviendo un chico/a  puede tener una explicación por el conocimiento de la existencia de una página que tiene el tema listo para “copiar y pegar”[9]. Este tipo de información corre entre el alumnado como la pólvora y se hace práctica habitual rápidamente.  Ha de contar con la suposición de que el profesor está dispuesto a participar en la “función”, porque no comprobará mayormente las fuentes de elaboración de los trabajos (ya se procurará que tengan un tamaño “disuasorio” para ayudar a ello, y además eso ayuda a su calificación[10]).

 

La disyuntiva, puestas así las cosas, es un tanto patética:  El sistema del examen provoca la aparición de una trucología para solventarlo amplia y conocida: Hay una pugna constante por reducir contenidos, hay una queja habitual sobre sus dificultades, potencia el “empolle” del día anterior y el olvido consiguiente del día después, no permite la confrontación crítica de las ideas, la superación de la prueba llega a ser la razón última del aprendizaje..., pero su sustitución por los trabajos nos lleva a la más sencilla práctica de copia total que se pueda uno imaginar. Por supuesto que no sucede así en otros casos, como es de suponer. Hay ejemplos que refuerzan la idea de que este tipo de actividad tiene una potencia formativa muy importante.

 

Creo que la alternativa más adecuada es reflexionar sobre ello con los alumnos/as. Estudiamos en clase esas técnicas de copiado, con asombro casi general, porque hablamos de unas de esas cosas que deberían pertenecer al “currículo oculto”: todos/as sabemos que pasan, hacemos alguna mención de soslayo alguna vez, pero no profundizamos. No, al contrario, lo tratamos como contenido en la clase. Estudiamos las técnicas de búsqueda con Google, las búsquedas avanzadas y la posibilidad descubrir los plagios, reflexionamos sobre la cultura del “trampeo” y tratamos de llegar a acuerdos sobre los segundos trabajos:

 

-  No vamos a copiar, y trataremos de comprobar si ello sucede, después de haberlo tratado.

-  Las temáticas seguirán siendo libres pero con ciertos acotamientos. Habrá que buscar la repercusión de tema objeto del trabajo en nuestro mundo actual y una mayor convergencia con los temas que tratamos en clase. 

-  Habrá que intentar informarse sobre las opiniones contrapuestas y sobre qué personas, grupos o intereses hay detrás de cada óptica del problema.

-  Si tenemos que citar textualmente lo haremos, pero a nivel de párrafos necesarios para la información, con otra letra (cursiva, p.e.) y citando al autor/a. Si creemos que sería indispensable la lectura de un texto de mayor tamaño lo citamos como bibliografía, y si es una página web ponemos un vínculo a ella.

 

La negociación a veces es compleja y durilla, lo cual tampoco deja de ser chocante en cuanto supone una pretensión de validar la trampilla o la trampa como algo natural o irremediable por parte de algunos/as chicos/as, y que debería seguir así por tanto; pero por otra parte ese diálogo también interesa.

 

Una novedad que también se ha producido a la hora de encarar los segundos trabajos es el reconocimiento de una buena parte del alumnado (en 3º de secundaria sobre todo), de que no saben buscar la información (en contraposición a lo que se dijo en los primeros) y solicitan ayuda para ello.  Lo que supone que el profesor tiene que hacer otro esfuerzo para indagar la existencia de contenidos relevantes para la mayor parte de los trabajos, lo que no deja de tener un riesgo consistente en una selección sesgada de las fuentes según mis preferencias.  Quedamos en que investigaremos la información por los dos lados, ellos/as y yo.

Hay un plazo de entrega, hasta finales de febrero.

 

Para finalizar detecto (igual sólo quiero detectar) un cierto aumento de la autoridad[11] cotidiana como profesor.  Y ella permite exigir (echar la bronca, incluso), sin sensación de poder impuesto que hay que aguantar.  La tensión, cuando se produce, baja pronto.  No entra uno a la clase a la defensiva, con la sensación de ambiente hostil.  Sigue habiendo timidez en una parte muy considerable de los alumnos/as,  que va cediendo, pero lentamente.  (Es curioso, por decir algo, cómo afecta la gramática escolar, hasta qué punto están asumidos los roles y hasta qué punto los alumnos/as mayoritariamente no se fían ni mucho ni poco).  En el caso de 1º de Bachillerato, los de mi tutoría, me lo han declarado y todo:  Cuando quieras te echarás atrás y no podremos hacer nada -hice la “broma” de decir un día:  “Mañana examen de todo lo que hemos hablado” ¡y no protestó nadie!. Se pusieron serios/as y comenzaban ya a preguntar qué iba a entrar-.  Me dijeron luego que esa es la experiencia habitual de los estudiantes:  Si el profesor/a tiene la ocurrencia de cambiar unilateralmente los acuerdos a los que llegó con la clase, no hay nada que hacer. Ejemplo de una de las cosas que hay que desaprender: No protestar de una manera inteligente ante el atropello.

 

En el momento actual sería una pura ensoñación pretender que estemos construyendo los alumnos/as y yo una educación contrahegemónica o de marcado carácter crítico, como reseñaba en el documento de explicación general. Me conformaría con poder pensar que estamos en camino, aunque tal vez sí se podrían aventurar ciertas mejoras respecto a otros años (si miro lo que se hacía y lo que se hace en términos generales).

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 



[1] Sigue estando vigente la nota al pie del documento anterior que trata sobre la explicación general, con lo que ello supone de pretensión de validez muy muy limitada de lo que digo.

[2] Sobre esto existen abundantes argumentos desde la teoría (y de todos colores), que hacen pensar que sea una de las características de la naturaleza y de la vida (desde Popper y su falsabilidad en la ciencia, hasta la dialéctica negativa de Adorno, que cité en otra parte p.e.).  A veces, si pienso mucho en esto me agobio un poco, pero otras creo que ahí está la gracia.

[3] Comparto la opinión que denuncia la inconsistencia de los grandes sistemas completos y cerrados que intentan dar la clave definitiva de la solución de los problemas sociales, y que ante la contumacia de los hechos en mostrar que las cosas son más complejas, acaban alimentando solamente los intereses de sus partidarios, suponiendo que no fuera así desde el principio.  También en educación.

[4] En otras expresan críticas demoledoras al sistema escolar como justificación de su situación académica, que si tuvieran una continuidad en el sentido de plantear alternativas diferentes al abandono serían muy interesantes. Pero si en lo que consisten es una relación de anécdotas de carácter negativo, muy ciertas muchas veces, pero también convenientemente sesgadas y exageradas a favor de la defensa de la inactividad o el absentismo llevan a un callejón sin salida, que desgraciadamente es lo que pretendían previamente.

[5] Me parece este un concepto que es ambiguo de por sí, entendido de muy diversas maneras: los contenidos mínimos del programa oficial, que luego han de ser obviados o rebajados porque no obtendría el aprobado casi nadie, el comportamiento del alumno como elemento rebajador de la calificación de los conocimientos aprendidos, el grado de cumplimiento con la normativa impuesta en la clase respecto a la presentación de ejercicios, elementos subjetivos variados de diverso tipo...

[6] El desorden máximo, que diría la 2ª Ley de la Termodinámica, la entropía como indiferenciación.

[7] No pretende ser éste un análisis con una fiabilidad completa sobre la bondad de un sistema de clase sobre otro más convencional.  Al ser una parte de las personas distintas respecto al curso anterior, no es seguro que se pueda afirmar que hubiera comenzado así con todos los alumnos/as imaginables.

[8] Para meditar la complejidad del asunto propongo una pequeña lectura de un pequeño artículo de Claudio Magris sobre esta cuestión, que me llegó como amable aportación a la página web, que con toda la ironía que pueda conllevar no deja de tener aspectos muy interesantes me parece a mí.

[9] Piénsese en páginas como “rincondelvago”, “geopolis”, “galeon”...

[10] Sería muy interesante una reflexión que confrontara la reciente información aparecida en primera página del Heraldo de Aragón de la Consejería de Educación acerca de la posibilidad de recuperación del alumnado de secundaria obligatoria mediante la elaboración de trabajos, cosa que creo yo nunca había estado prohibida, por otra parte.

[11] Comparto la opinión de que la autoridad es algo que uno recibe, porque se le concede (se conjuga en voz pasiva), mientras que el dominio hay que imponerlo.