Este documento recoge las reflexiones colectivas llevadas a cabo en el seno del seminario de FEDICARIA-ARAGON, acerca del concepto de identidad y nuestra visión desde el punto de vista de la Didáctica Crítica sobre cómo debe abordarse esta cuestión en el entorno escolar.

Seminario FEDICARIA

 

Identidad , educación intercultural y escuela II.

                                                                                                            

                                                                                                             Isabel Mainer Baqué

                                                                                                             Paz Gimeno Lorente

 

                                                                             

 

Concepto de identidad

 

       La identidad se define por la lealtad de una persona a un grupo que transciende los vínculos de parentesco refiriéndose a comunidades más amplias. La identidad etnonacionalista guarda relación con situaciones de poder o de compensación por la pérdida de un status internacional, por el afán de imponer un dominio o por unas condiciones de privación económica. Por ello la conciencia nacional se mueve entre la inclusión ampliada y la renovada exclusión. (Habermas, 1999, p. 109)[1]

                El concepto de nación supone que  que el demos  de los ciudadanos debe estar enraizado en su ethnos  para poder estabilizarse como sociedad jurídica y política. No se puede renunciar a la parte emocional del sentido de pertenencia, pero tal aspecto puede modificarse y crearse. De hecho la conciencia "nacional" fue propagada por intelectuales y académicos -a veces también por los políticos, como en Euskadi- en torno a la ficción de un linaje común, una historia compartida, una lengua común.... Por tanto este aspecto no es un presupuesto necesario para la construcción de una nueva identidad de naturaleza más democrática y opcional. En este caso es el derecho, que asegura la pertenencia a instituciones, quien cohesiona la identidad.

                La conciencia nacional (identidad nacional) es un fenómeno moderno de integración cultural. Presupone una apropiación de las tradiciones culturales filtrada por la historiografía y la capacidad reflexiva de los ciudadanos. Por tanto el nacionalismo es un constructo artificial que puede ser sustituído por otro de alcances más universalistas e integradores.

                La ciudadanía democrática no necesita  estar enraizada en la identidad nacional de un pueblo, pero con independencia de la pluralidad de las formas de vida exige la socialización de todos los ciudadanos en una cultura política común. La exigencia de esta aceptación a los grupos inmigrantes que desean integrarse en nuestras comunidades, apoyada en valores universales,  se vuelve legítima bajo estos presupuestos. Hans-Ulrich Wehler considera que las uniones de estados federales con un sentimiento de lealtad apoyado en las prestaciones de un Estado constitucional y social a los ciudadanos encarnan una utopía más atractiva que la basada en el sentimiento cultural o de origen[2]

                La alternativa universalista de la igualdad es tan real como la alternativa universalista de la dominación. La igualdad de derechos no implica identidad de los sentimientos de pertenencia ni  similitud de formas de vida. El concepto republicano de estado se apoya en la voluntad de los ciudadanos de formar parte de una comunidad política, ajeno a connotaciones prepolíticas-étnicas, cuyo referente es la Constitución. Esta opción se produce en sociedades que han alcanzado un nivel moral post-convencional (Kohlberg). La educación de los ciudadanos juega un papel importante en el logro de este nivel de moralidad.

                La integración social se establece a través de valores, normas y procesos de entendimiento intersubjetivo, mientras que la economía y el estado utilizan mecanismos de integración sistémica como son el dinero y el poder. Por esta razón no se puede establecer una relación causal entre capitalismo (en forma de mercado) y democracia; la relación entre ambos es de tensión lo que conlleva que una expansión de la economía de mercado a nivel mundial no conlleva necesariamente una mejora en las formas de vida socio-políticas ni que el establecimiento de una democracia exija necesariamente una economía de mercado para estabilizarse.

                Esta reflexión intenta establecer una fisura en la ideología de que el mercado asegura una libertad de derechos en ejercicio garante de una vida democrática. Asímismo la democracia política, como tal, no tiene por qué desembocar ineludiblemente en una economía de mercado, porque asegurar los derechos básicos de los ciudadanos puede exigir medidas de protección -como las adoptadas en su día por el Estado Social- que permitan unas condiciones mínimas de libertad para los ciudadanos. El progreso social no puede medirse exclusivamente con criterios de renta económica sino por las condiciones de libertad vitales (Amartya Senn, 2000)[3].

                Para lograr esta integración social es necesario apoyarse en imaginarios comunes que doten de contenido simbólico y legitimen cualquier decisión socio-política. Este es el papel que desempeñan las identidades colectivas.

 

 

Las identidades colectivas

 

                Las identidades colectivas son construcciones sociales que se configuran fundamentalmente a través de los principales agentes de socialización: familia, lengua, escuela, trabajo y ocio, medios de comunicación, grupos, asociaciones, religiones e iglesias, partidos, etc. Estos agentes actúan en diferentes ámbitos (político, socio-cultural, económico, religión y creencias) que interactúan contribuyendo a jerarquizar las diversas identidades con el concurso del poder que, evidentemente, estructura e institucionaliza dichos ámbitos. De esta forma se polarizan en dos tipos de identidades colectivas: identidades colectivas dominantes, legitimadoras excluyentes..., e identidades marginadas, menores, explotadas. En la actualidad asistimos a una definición donde va en aumento la polarización, la oposición identitaria bifronte. Esto es fruto de los procesos de globalización económica e individualismo que caracterizan los ámbitos en los que se configuran y contextualizan las identidades.

                Las identidades colectivas dominantes, legitimadoras o excluyentes están representadas por la conciencia nacional, la patriarcal, la heterosexual, la occidental, la cristiana, la blanca, la liberal-burguesa, la urbana... las identidades marginadas o explotadas aluden al inmigrante, extranjero, a otros nacionalismos y minorías étnicas, a las mujeres, a los homosexuales, a los grupos étnicos devaluados (negro, africano, musulmán, gitano...), a los pobres, parados, campesinos, y a un largo etcétera... Estas identidades dominantes o dominadas pueden potenciar o poner en crisis al poder.

                A veces, en los grupos dominados surgen identidades de resistencia (CASTELLS, 1999). Estas se generan en tono a movimientos de oposición al poder, pero éstas no siempre están legitimada por una reivindicación de justicia[4]. Otras veces, cuando construyen discursos de transformación y emancipación social e individual genuinos suponen un auténtico embrión crítico. Aunque partan de una identidad colectiva primaria, caracterizada por la protesta ante la injusticia,si se oponen a la sociedad red para transformarla y conjugan esta resistencia comunitaria con el asalto a las instituciones opresivas, pueden convertirse en identidades proyecto.

 

 

 

Interculturalidad: un problema educativo

 

                Antes de hablar de la interculturalidad, como rasgo social de nuestros días, que comienza a llegar a nuestros sistemas educativos, es necesario precisar una serie de conceptos previos que nos pueden ayudar a desenmarañar el complejo conflicto que se está presentando en nuestros centros.

                Cuando hablamos de culturas diferentes en la sociedad y en la escuela estamos hablando de identidad nacional y ahí reside la cuestión central.  Nos encontramos ante una coyuntura sociohistórica de cambio: por una parte somos herederos de una tradición cultural determinada que condiciona nuestra cosmovisión, y por otra nos encontramos ante la necesidad de elaborar modelos axiológicos nuevos porque los históricos ya no nos sirven.

                Y en el caso que nos ocupa el concepto de identidad tiene una clara perspectiva política. No se trata sólo de atender diferencias de cultura - a las que tampoco sabemos hacer frente por nuestra ignorancia respecto a otras culturas que no sea la occidental- sino de encuadrar en un esquema político determinado -el nuestro- una diversidad cultural que rebasa las cuestiones folklóricas o costrumbristas y se refiere a las formas de vida y a la regulación dfe la convivencia, es decir, a la política. Tal política está íntimamente imbricada con la vida material. Poco nos preocupan los magnates del petróleo, pese a sus formas de vestir o vivir, que han asimilado nuestros valores económicos y que participan -si no regulan- de sus normas. Los criterios económicos dominantes conllevan una occidentalización de los valores y por tanto con esos individuos no existe conflicto. Donde situamos el conflicto es en aquellos sujetos que no tienen posibilidades materiales del mismo grado que el occidental pero que -a pesar nuestro- aspiran al mismo nivel material de vida, manteniendo sus valores sociales y de convivencia. Y aquí viene el choque.

                Una propuesta emancipatoria y transformadora exige primero un mutuo reconocimiento como miembros colectivos de la sociedad en interacción: ser reconocido por sí mismos y por los demás, pero también exige reconocer a los otros, incluso como parte del autoreconocimiento, dejando atrás los espacios de origen. Exige colocar la condición humana como horizonte común. Esto equivale a entender que los derechos humanos (las tres generaciones de derechos: individuales, sociales,  políticos y ambientales) forman parte de los naturales, que se tienen por el hecho de ser persona  y , por tanto, no es necesario ganárselos.

                Pero una propuesta emancipatoria supone también que el reconocimiento de la identidad no sólo es una cuestión de reconocimiento de derechos sino también de redistribución equitativa de los recursos (capital), porque reivindicar un simple reconocimiento colectivo puede usarse para justificar la construcción de guetos. Cuando las diferencias se conciben de forma esencial, parece que hay que mantenerlas a toda costa, aunque se cimenten en la desigualdad. Evidentemente hay que desvelar que la útima razón para muchas diferencias es la desigualdad generada en las diversas e imbricadas relaciones de género, etnia, clase.. .

                Es evidente que un reconocimiento de identidades (de diferentes "nosotros" y "otros") sólo se puede lograr con procesos críticos de comunicación (acciones comunicativas) inter e intra nos/otros, y con el desarrollo de una racionalidad que considere también las identidades individuales, de sujeto. Porque al personalizar es cuando se toma conciencia del status que ordena y condena a las personas socialmente y  es entonces cuando puede surgir el movimiento crítico de revocarlo.

 

 

Propuesta a debate para el desarrollo empírico de una didáctica crítica, referida a la interculturalidad presente en el sistema educativo

 

                Ante la situación social, ya presente, en la que grupos humanos de otras comunidades culturales se incorporan de una forma intempestiva -por no institucionalizada- a nuestra comunidad social establecida, se hace necesario dar una respuesta crítica coherente con nuestros principios de justicia y equidad, que tenga su plasmación en nuestra forma de entender y desarrollar la tarea educativa.

                El sistema educativo, entendido con la perspectiva de una teoría educativa crítica desde la dialéctica reproductora de los aspectos simbólicos de la sociedad (definición de valores sobre la cultura, la sociedad y el individuo) y emancipadora de las situaciones dominio sobre las que se construye esta sociedad, tiene la obligación moral de buscar una respuesta a esta situación de acusada desigualdad social originada por movimientos migratorios cuya motivación es el legítimo deseo de redistribución de los recursos materiales.

                En la búsqueda de tales respuestas quiero sugerir algunas vías de análisis e intervención que posibiliten la existencia de un sistema educativo comprometido con la justicia y con un modelo social donde todos los individuos  tengan cabida y voz, es decir, posibilidad de participar racionalmente en el poder de la gestión común bajo criterios morales de validez universal.

 

                Como punto de partida es precisa la reflexión acerca de qué supone la incorporación de otros grupos culturales a la sociedad occidental. Esta reflexión tiene una naturaleza ideológico-social y por tanto es previa a la actuación docente. Con ello quiero señalar que tal debate debe ser llevado a cabo en los niveles de formación-reflexión del profesorado. Sería una falacia hablar de qué hacer con la multiculturalidad que se genera en la escuela. No es ese el núcleo de la cuestión. El auténtico nudo gordiano es cómo vivimos los profesores, desde nuestra perspectiva de ciudadanos, los movimientos migratorios y la convivencia con otras etnias y culturas y, sobre todo, cómo contemplamos las relaciones con aquellos individuos escasos de recursos materiales (los ciudadanos de otras culturas que poseen un elevado nivel económico no nos causan problema, entre otras cosas a considerar, porque ellos mismos desean homologarse cuanto antes con los valores de Occidente donde reside el poder económico).

                En segundo lugar, ampliar el concepto de identidad y dar cabida a una interpretación poliédrica, planteando este término como algo que transciende las referencias nacionalistas y que abarca múltiples posibilidades de lealtad colectiva e individual (identidad de género, de resistencia, deportiva, étnica, etc.). Esta diversidad cambiante respecto a las posibles identidades de un individuo, amplía el campo del análisis crítico y lo convierte en algo más complejo, pero sin duda más realista.

                Desde el planteamiento fedicariano de generar y asumir una educación crítica consideramos que donde debe residir la tarea reflexiva es prioritariamente en los claustros de profesores y en los grupos de formación a través de procesos de análisis crítico-ideológico. De cómo nos enfrentemos ideológicamente a esta circunstancia social derivaremos formas de actuación docente, críticas o no. Por ello creo que la tarea a realizar será la de revisar críticamente los intrumentos sociológicos con los que abordamos la comprensión de estos movimientos sociales.

 

 

Algunos criterios para la crítica ideológica:

 

 

Como criterios para realizar este análisis crítico-ideológico podrían servir:

 

1. Procesos de colonización del sistema sobre el mundo de vida:

                • Creencias ideológicas:

                                - la inmigración es un problema económico que tiene un coste político-social para el país de acogida. Los inmigrantes precisan de recursos asistenciales que un agotado estado del bienestar ya no puede prestar. Los costos económicos de estas asistencias gravan los impuestos de los ciudadanos que además de ceder parte de los beneficios de su trabajo (impuestos) pára el beneficio colectivo tiene que cargar con el sobrecoste de atender a estas necesidades. Además estos trabajadores, en su mayoría ilegales no cotizan a la S.Social con lo cual se avecina una subida de los impuestos.

                                - los inmigrantes generan graves trastornos en la regulación laboral de los salarios. Al aceptar  un trabajo en cualquier condición económica abaratan el mercado laboral, lo que perjudica los derechos económicos  de los trabajadores nativos.

                                - la falta de raíz cultural genera problemas de convivencia e inseguridad, ya que no valoran lo colectivo como propio y atentan contra la propiedad privada (robos).

                                - no consideran los derechos de la mujer lo que acrecienta la inseguridad sexual de las mujeres nativas (violaciones).

                                - generan problemas sanitarios transmisibles, al vivir en condiciones insalubres.

                                - en los medios de comunicación suele asociarse el concepto de inmigrante al de ilegal.

 

                • Ausencia de participación en la toma de decisiones políticas relativas a los colectivos de inmigrantes: no se considera que éstos puedan tener voz para decidir sobre su situación. Se regulan sus condiciones de ciudadanía, nacionalidad, trabajo, etc, sin escucharles. No tienen participación ni en los foros sociales de debate ni en los político-jurídicos, ni siquiera tienen reconocida en España la capacidad legal de asociación.

               

                • Los sistemas de regulación y control sistémicos se imponen a cualquier criterio práctico-moral: en la ley de extranjería se imponen los criterios de regulación social de la comunidad de origen por delante de las necesidades práctico-morales y materiales de los inmigrantes

 

2. Síndrome de privatismo individual:

                • El estado y la economía generan sus propios imperativos respecto al dinero y al poder, como elementos sistémicos de control, empujando a los ciudadanos a asumir roles de clientes, de consumidores y receptores de servicios. Este hecho destruye las condiciones de comunidad susceptible de determinarse a sí misma a través de la práctica política común y de la solidaridad entre sus miembros.

 

3. Criterios de reconocimiento y redistribución:

                • problemas de desplazamiento: ignorar el conflicto derivado de la clase social de los alumnos. No prestar atención a los déficitos económicos que impiden su avance escolar.

                • problemas de reificación: conceder excesivo protagonismo al origen cultural (étnico, nacional) de los alumnos inmigrantes, cuando ellos desean más la igualdad que el reconocimiento de una diferencia que saben devaluada.

 

 

 

Una didáctica crítica en torno a la interculturalidad

 

 

                El tema de la identidad no es el problema principal. Las identidades, ya lo hemos visto a lo largo de nuestras lecturas y reflexiones son cambiantes y múltiples. La identidad sólo se afinca cuando se trata de presentar oposición o resistencia ante un ataque de dominio, o cuando se recubre falaz e ideológicamente con esta agresión, para responder a los intereses de poder de unos cabecillas de la resistencia .

                Todo esto nos lleva a la consideración de que el tema de la identidad étnica o cultural de origen  no es crucial  en las relaciones dentro del centro escolar. Lo lógico es que en el aula se genere identidad de grupo, asociada con el grupo edad y basada en la condición evolutiva por la que el niño-adolescente tiende a identificarse con sus iguales y sus circunstancias. En el centro las identidades-resistencia surgen de la confrontación natural de los adolescentes ante los adultos. Por tanto, es más útil el concepto de identidad-proyecto que el de identidad-resistencia.

                Hay que provocar identidades -proyecto, es decir grupos humanos en los que los adolescentes tengan una causa común con la que identificarse y que además sea solidaria y creativa. Aquí es donde hay que poner el énfasis didáctico y tutorial. Didáctico porque el currículo debe mostrar imágenes del mundo mejorables y en las que su participación no sólo es posible sino importante, y tutorial porque es la forma de generar solidaridades y mecanismos de integración en colectivos con ideales de transformación y justicia.

 

 

 

Sugerencias didáctico-críticas:

 

                El ámbito escolar se encarga junto a otros de la formación  y socialización de las personas, aunque no sea el único responsable. La formación incide en la construcción de una identidad personal y la socialización en la colectiva. Ambos tipos de identidad configuran un status personal y colectivo.

                A otorgar ese status (derivado del encargo de educar y socializar que recibe de la sociedad) se orientan una serie de instrumentos y agentes que deben buscar -en consonancia con la lógica de la misión encargada- homogeneizar las diversidades jerarquizándolas.

                Estos agentes e instrumentos son la profesión docente, los materiales curriculares, las prácticas y organización escolares, las relaciones que se establecen dentro de la comunidad educativa y de ésta con la sociedad.... la labor de homogeneizar y jerarquizar tiene que ver  con una serie de prácticas y discursos (aparentemente asépticos o falazmente progresistas) presentes en nuestras escuelas: "Cruce de culturas", en un sentido pasivo y estático; "no problematizado" este encuentro aunque sí se adjudique el calificativo a alguna cultura, al que se responde con la defensa incuestionable de la "tradición" escolar que sirve para alcanzar una cultura superior y que, muchas veces, no está exenta de un "invento de la tradición"

                Debemos impugnar estas premisas si queremos transformar la escuela. Para ello nos apoyamos metodológicamente en que es preciso observar, analizar, soñar y hacer. Es decir, conjugar el análisis crítico de la realidad  y del discurso que desemboque en una actuación informada teóricamente que, a su vez, renueve la realidad como nuevo punto de partida.

 

Para llevar todo esto a la acción, sugerimos:

 

• La necesidad de cuestionar constantemente la naturaleza de las identidades rechazando el esencialismo y destacando además, que la normalidad es un valor simbólico añadido que la sociedad confiere desde sus instancias de poder.

 

• La conveniencia de mostrar a los sujetos (alumnos) unas redes que proporcionen lbertad y que no opriman, porque en el mundo actual es imposible resistir desde otra opción que no sea contando con redes y apoyos...pero tampoco hay que olvidar que éstos no garantizan la emancipación personal y pueden volverse contra uno mismo...

 

• El interés de conocer los movimientos de identidades dominadas, que hayan sido capaces de desarrollar redes y  crear alternativas buscando nuevas vías para la justicia.

 

• El énfasis en favorecer visiones identitarias poliédricas: ayudar a los alumnos a ser conscientes de que las identidades se engarzan en múltiples identidades colectivas que no tienen por qué ser excluyentes y que se transforman. La conciencia de la identidad como construcción en constante evolución e interacción supone fomentar en los alumnos una mayor interacción de las identidades en contacto, con la intención de que los individuos o colectivos puedan hacer una selección de aquellos aspectos más positivos -en función de la ética y la justicia- de las identidades previas.

 

• La necesidad de hacer visible que cada identidad personal o colectiva es el resultado de la intersección de muchas, lo que redunda en destruir la esencialidad con la que algunos interpretan las identidades. ¿"Yo" soy todas las identidades colectivas de las que formo parte?¿No he cambiado?¿No hay diversidad en toda identidad colectiva?¿No son modificables?.

 

• Es necesario apostar por unos valores concretos en la educación y en la escuela. Es decir, enunciar contenidos con valores, diseñar una prácticas pedagógicas con estos valores y establecer una organización escolar basada en esos valores. Estos valores se definen desde una concepción emancipatoria y transformadora de la educación.

 

• Hay que trabajar:

1) El "otro personalizado", lo que supone dar rostros a estereotipos y utilizar en la enseñanza situaciones de vida y no simplemente académicas o disciplinares.

2) Enseñar a vivir con los conflictos y a ser consciente del que origina la diversidad, a tratar de resolverlos desde la autocrítica y la crítica y a través del diálogo.

3) Si somos concientes de lo que nosotros tenemos de negativo es posible plantearse una selección estratégica de lo que podríamos denominar como "minimo común múltiplo" (MCM) de las diversas identidades (mestizaje) para favorecer la construcción de otras nuevas, más apropiadas para la transformación de la realidad social desde un mejor conocimiento (nómadas y fronterizas)

 

• Problematizar, con el concurso de variadas y "posicionadas" perspectivas la relación de los alumnos con el conocimiento, a modo de proyecto ARCO IRIS:

                • VIOLETA: Perspectiva de género (mujeres): hacer patentes los sentimientos; no supeditar lo público a lo privado; ética del cuidado y de vida; construcción de redes de apoyo; lenguaje inseguro facilitador de la construcción de consensos; reconocimiento de la cpacidad de insumisión de la mujer...

                • VERDE: Perspectiva ecológica (naturaleza): rechazo al sometimiento de la naturaleza a los intereses "antropológicos" priorizando el equilibrio (frente al consumismo); ante la extendida moda de la defensa del patrimonio cultural y arquitectónico hacer patente lo que podríamos denominar "patrimonios previos"; superación de la oposición, característica de la ciencia occidental y que la traslada de forma simbólica a los géneros, entre naturaleza y cultura.

                • ROJO: Perspectiva de clase (igualdad social): búsqueda de la igualdad económica, mediante una redistribución justa de los recursos; no a la explotación del hombre por el hombre, sino el lema "a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades"; laicismo, servicio público o compromiso social...

                • BLANCO: Perspectiva de paz ("un sólo mundo , una sola raza" ): resolución pacífica de los conflictos; participación democrática y no sólo representativa (votos); diálogo...

 



[1]HABERMAS, J. (1999): "Inclusión: ¿incorporación o segregación?. Sobre la relación entre nación, Estado de derecho y democracia", en  La inclusión del otro , Barcelona, Paidós, pp. 107-136.

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[2] WEHLER, H.U. (1995): Nationalismus und Nation in der Deutschen Geschichte , Berding,pp. 174 y ss.)

[3]AMARTYA SEN (2000): Desarrollo y libertad , Barcelona, Planeta.

[4]Recordemos la última guerra en los Balcanes... o  la ideología de ETA.